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Científicos españoles consiguen que una bacteria convierta el almidón de patata en plástico biodegradable en tan solo 24 horas

Científicos españoles logran convertir almidón de patata en plástico biodegradable con una bacteria en solo 24 horas.

Científicos españoles consiguen que una bacteria convierta el almidón de patata en plástico biodegradable en tan solo 24 horas

En plena crisis de residuos plásticos, un equipo de la Universidad de Barcelona ha conseguido algo que suena casi a truco de laboratorio, pero no lo es. Ha modificado una bacteria para que transforme almidón de patata sin procesar en un bioplástico biodegradable llamado polihidroxibutirato (PHB) en un único paso de 24 horas.

La clave está en no confundir el avance con una solución mágica. No significa que todos los envases del supermercado vayan a cambiar mañana, pero sí abre una vía interesante para fabricar materiales menos dependientes del petróleo usando un recurso agrícola abundante y barato. El estudio fue publicado en mayo de 2026 en la revista Bioresource Technology y presentado por la Universidad de Barcelona el 12 de junio de 2026.

Una bacteria convertida en fábrica

El microorganismo utilizado es Bacillus subtilis, una bacteria muy conocida en biotecnología industrial. Se considera segura y se emplea desde hace años para producir enzimas y otros compuestos útiles. En este caso, los investigadores han ajustado su metabolismo para que fabrique PHB con más eficiencia.

El PHB no es un plástico convencional. Es un biopolímero que algunos microorganismos pueden acumular de forma natural como reserva de carbono y energía. Dicho de una forma sencilla, la bacteria guarda ese material dentro de sí, y después puede extraerse para obtener un plástico biodegradable.

Hasta ahora, el potencial de Bacillus subtilis para producir PHB estaba poco aprovechado. Según recoge la UB, estudios anteriores situaban esa acumulación por debajo del 13 % del peso seco celular. Con la nueva estrategia, el equipo ha llegado al 51,8 %. No es poca cosa.

El papel real de la patata

La noticia no va de meter una patata entera en una máquina y sacar una bolsa biodegradable. El punto importante es el almidón de patata sin procesar, una materia prima agrícola abundante, barata y con bajo valor añadido en muchos casos.

Para lograrlo, los investigadores incorporaron a la bacteria el gen amyQ, que codifica una alfa amilasa. Esta enzima permite degradar directamente el almidón y usarlo como alimento para fabricar PHB. En la práctica, se evita una parte del procesamiento previo que suele encarecer estos sistemas.

Ese detalle es importante para una futura aplicación industrial. Cuantos menos pasos necesita un proceso, más fácil puede ser abaratarlo, escalarlo y hacerlo competitivo. Y ahí está una de las grandes batallas de los bioplásticos.

Qué han conseguido en el laboratorio

El resultado más llamativo es el tiempo. El proceso se completó en 24 horas y en una sola etapa, algo que simplifica mucho el esquema de producción frente a otros métodos más complejos.

En cultivos a escala de matraz, el equipo obtuvo 11,3 gramos por litro de biomasa y 5,8 gramos por litro de PHB. Además, la pureza del polímero fue comparable a los estándares comerciales actuales, según la información difundida por la Universidad de Barcelona.

Eso sí, conviene ponerlo en su sitio. Un matraz de laboratorio no es una fábrica. Antes de hablar de producción masiva habrá que comprobar si el sistema mantiene su rendimiento en biorreactores grandes, con costes reales de energía, agua, materias primas y separación del producto final.

Por qué interesa este plástico

Los plásticos derivados del petróleo son baratos, resistentes y muy versátiles. Ese ha sido su éxito, pero también parte del problema. Cuando acaban mal gestionados pueden permanecer durante años en suelos, ríos y mares, fragmentándose en piezas cada vez más pequeñas.

El PHB ofrece una ventaja clara porque procede de recursos renovables y es biodegradable. Esto no lo convierte en una excusa para usar y tirar sin control, pero sí puede reducir la presión ambiental en aplicaciones donde hoy se emplean plásticos persistentes.

La OCDE calcula que la producción mundial de plásticos pasó de 234 millones de toneladas en 2000 a 460 millones en 2019. Además, solo el 9 % de los residuos plásticos se recicló finalmente ese año, mientras que el 19 % se incineró. Son cifras que explican por qué se buscan alternativas con tanta urgencia.

Una solución con matices

El avance de la UB encaja con una idea cada vez más repetida en sostenibilidad. No basta con reciclar mejor, también hay que cambiar cómo se fabrican los materiales desde el principio. Y eso incluye mirar a residuos, subproductos agrícolas y materias primas renovables.

El equipo investigador lo resume con una frase muy clara. Tecnologías como esta «representan una oportunidad real de transformar un problema ambiental en un recurso de valor añadido». La frase apunta al corazón del asunto, convertir algo barato y abundante en un material útil.

Pero hay un matiz importante. Un bioplástico biodegradable no resuelve por sí solo el exceso de consumo, la mala gestión de residuos ni la falta de sistemas de recogida adecuados. Si se mezcla todo en el mismo contenedor o acaba abandonado en el campo, el problema cambia de forma, pero no desaparece.

Lo que falta por comprobar

El siguiente paso será estudiar cómo se comporta este proceso fuera del laboratorio. La industria necesita estabilidad, costes controlados y resultados repetibles. Una bacteria puede funcionar muy bien en condiciones ideales, pero una planta industrial exige mucho más.

También habrá que ver para qué usos concretos sirve mejor este PHB. No todos los plásticos tienen las mismas propiedades ni todos los productos necesitan la misma resistencia, flexibilidad o duración. Un envase alimentario, una bolsa agrícola o una pieza rígida no piden lo mismo.

Aun así, el camino es prometedor. Si el sistema logra escalarse, el almidón de patata podría convertirse en una materia prima útil para producir plásticos más sostenibles. Y, de paso, dar valor a recursos agrícolas que hoy no siempre se aprovechan bien.

Un avance pequeño con una pregunta enorme

¿Qué significa esto para el ciudadano de a pie? Quizá nada inmediato cuando baja la basura o compra un envase, pero sí muestra hacia dónde puede moverse la industria si quiere reducir su dependencia de los combustibles fósiles.

La transición no vendrá de una sola bacteria ni de un único material. Vendrá de sumar muchas soluciones, algunas tecnológicas, otras legales y otras tan básicas como consumir menos y reutilizar más. Pero cada avance que acerca los bioplásticos a una producción más barata y sencilla cuenta.

Por ahora, la Universidad de Barcelona ha demostrado que una bacteria modificada puede convertir almidón de patata sin procesar en PHB en solo 24 horas. El reto será sacar esa promesa del matraz y llevarla a una escala donde pueda competir de verdad. Ahí empieza la parte difícil.

El comunicado oficial ha sido publicado por la Universidad de Barcelona.

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