Bajo la Antártida Oriental, donde todo parece quieto y congelado desde la superficie, los científicos han encontrado una estructura geológica que cambia la forma de mirar este continente. No es una cueva ni una montaña aislada, sino una enorme red de cuencas enterradas bajo una capa de hielo que supera los tres kilómetros en algunos sectores.
El hallazgo apunta a algo más grande. Varias depresiones que ya se conocían, como Wilkes, Aurora y la zona donde se encuentra el lago Vostok, podrían formar parte de una sola arquitectura continental con forma de abanico. Y eso importa porque ese relieve oculto no solo habla del pasado de Gondwana, también puede influir en cómo se mueve hoy el hielo antártico.
Un abanico bajo el hielo
La nueva formación ha sido llamada East Antarctic Fan-Shaped Basin Province, que puede traducirse como Provincia de Cuencas en Forma de Abanico de la Antártida Oriental. El nombre no es casual. Vista en conjunto, la estructura parece abrirse desde un punto cercano al Polo Sur, como un abanico de mano.
Los investigadores identificaron 30 cuencas subglaciales dentro de este sistema. Muchas tienen forma de «V» y se alargan de manera radial, casi como si siguieran las varillas de un abanico abierto. El eje de simetría pasa por las tierras altas subglaciales de Belgica y se alinea aproximadamente con el meridiano 130° E, según describe el estudio.
Lo llamativo es que estas cuencas no estaban escondidas por completo para la ciencia. Algunas ya se habían estudiado por separado. Lo nuevo es reconocerlas como piezas de una misma estructura coherente.
No era una zona tan inmóvil
La Antártida Oriental suele imaginarse como un bloque antiguo, frío y estable. En buena parte lo es, pero este trabajo introduce un matiz importante. Bajo el hielo, la corteza pudo haber vivido una etapa de deformación a gran escala antes de la ruptura definitiva de Gondwana.
El modelo que proponen los autores habla de «extensión rotacional distribuida». Dicho de forma sencilla, la corteza se habría ido abriendo desde un punto de giro, de manera parecida a los dedos de una mano cuando se separan. Los huecos entre esos dedos serían las cuencas triangulares que hoy permanecen cubiertas por el hielo.
No es poca cosa. La investigación plantea que este proceso pudo estar relacionado con la separación posterior entre la Antártida y Australia, y con la forma semicircular que tienen algunos márgenes continentales actuales. No lo presentan como una respuesta cerrada, sino como una hipótesis fuerte que deberá seguir probándose.
Las pistas del mapa oculto
Para llegar a esta conclusión, el equipo no se basó en una sola medición. Integró topografía subglacial, observaciones geológicas, datos de gravedad, magnetismo, sísmica y modelos de la corteza y la litosfera. Es decir, varias formas de mirar el mismo suelo que nadie puede ver directamente bajo el hielo.
Aquí conviene detenerse. Más del 99% del lecho rocoso antártico está tapado por la capa de hielo, por lo que estudiar este continente se parece más a reconstruir una habitación con las luces apagadas que a caminar por un valle y tomar notas. Cada dato cuenta.
Egidio Armadillo, primer autor del estudio y profesor de Geofísica aplicada en la Universidad de Génova, resumió la importancia del hallazgo al señalar que conectar estructuras antes vistas como separadas «cambia de forma significativa» la comprensión de la evolución geológica de la Antártida Oriental.
Wilkes, Aurora y Vostok
La Provincia en Forma de Abanico incluye algunas de las zonas subglaciales más conocidas de la Antártida Oriental. Entre ellas aparecen las cuencas de Wilkes y Aurora, además de la cuenca que alberga el lago Vostok, uno de los mayores lagos subglaciales conocidos.
Las cuencas de Wilkes y Aurora destacan porque atraviesan los tres grandes anillos o franjas en los que los investigadores dividen el sistema. También se extienden más de 1500 kilómetros hacia el interior desde la costa, una escala que ayuda a entender por qué se habla de una estructura de tamaño casi continental.
En la práctica, esto no cambia el mapa que vemos en un atlas escolar. La superficie sigue siendo blanca, remota y extrema. Pero por debajo hay un relieve con valles, fallas, cuencas y límites rocosos que dirige buena parte de lo que ocurre arriba. Y ahí entra el hielo.
Por qué importa para el clima
El descubrimiento no solo sirve para contar una historia antigua de placas tectónicas. También tiene una lectura actual. La forma del fondo rocoso condiciona por dónde se mueven los glaciares, dónde se acumula el agua subglacial y qué sectores pueden ser más sensibles al calentamiento.
El estudio señala que las grandes fronteras estructurales del abanico parecen controlar la ubicación de glaciares de salida como Totten, Vanderford, Denman, Frost y Amery. Estos glaciares actúan como pasillos por los que el hielo del interior llega hacia el margen del continente. Si el suelo bajo ellos facilita o frena ese movimiento, el detalle importa mucho.
Esto no significa que el hallazgo permita predecir por sí solo cuánto subirá el nivel del mar. Sería exagerado decirlo así. Pero sí añade una pieza clave para entender la estabilidad de la capa de hielo de la Antártida Oriental, una reserva inmensa de agua congelada en un planeta que se calienta.
Lo que falta por saber
Los autores todavía no dan por resuelto el calendario exacto de esta estructura. La Universidad de Génova subraya que quedan preguntas abiertas sobre la edad precisa de la deformación y sobre los procesos geodinámicos que la originaron. En ciencia, a veces el gran hallazgo no cierra una puerta, sino que abre varias nuevas.
También será necesario comprobar mejor cómo se conectan esas estructuras profundas con el movimiento actual del hielo. La Antártida no es un laboratorio fácil. Hace falta volar radares, cruzar datos, comparar modelos y revisar hipótesis una y otra vez.
Pero el mensaje central es claro. Bajo la superficie blanca de la Antártida Oriental no hay un bloque uniforme y silencioso, sino una arquitectura antigua que aún puede marcar el comportamiento del hielo.
El estudio completo ha sido publicado en Nature Geoscience.









