Si encuentras un nido de barro en tu jardín, te contamos qué significa y por qué es bueno para tu casa

Publicado el 7 de agosto de 2026 a las 09:44
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Nido de barro de un hornero rojizo construido sobre la rama de un árbol en un jardín con el ave asomando por la entrada.

Una esfera de barro pegada a un árbol, un muro o un poste no es un adorno improvisado. Es el nido del hornero rojizo, Furnarius rufus, conocido en Brasil como João-de-barro, y señala que una pareja ha encontrado un soporte adecuado y materiales accesibles para reproducirse. No demuestra que el jardín tenga una salud ambiental perfecta, pero sí ofrece una pista favorable.

La conclusión práctica es sencilla. Si el nido está activo, conviene dejarlo intacto, reducir las molestias y observarlo desde lejos. Cuando queda vacío, además, puede seguir siendo útil para otras especies durante años.

Qué revela el nido

Para levantar su casa, el hornero necesita barro, agua cercana y una base capaz de sostener una construcción pesada. También busca protección frente a depredadores y acceso razonable al alimento, según las orientaciones oficiales sobre aves urbanas de São Paulo. En la práctica, el lugar reúne varias condiciones básicas para criar.

Aun así, el nido no funciona como un certificado ecológico. El ave puede desplazarse por su territorio para comer, por lo que su presencia sugiere un entorno aprovechable, pero no confirma que el jardín esté libre de contaminación ni que sobren las presas.

El hornero vive en espacios naturales, pastizales, cultivos y ciudades de Sudamérica. La revisión encabezada por Lucía Mentesana, de la Universidad de la República de Uruguay, señala que prospera incluso en paisajes modificados por las personas. Encontrarlo junto a una vivienda no es raro.

Una casa hecha entre dos

El macho y la hembra participan en la construcción y en el cuidado de las crías. El nido pesa de media unos 4,3 kilos, está hecho sobre todo de barro y tiene una entrada lateral que conduce a una cámara de incubación protegida. Parece un horno pequeño, pero funciona como una habitación resguardada del exterior.

El Instituto Max Planck para la Inteligencia Biológica explica que cada miembro de la pareja puede transportar unas 1.500 porciones de arcilla y fibras vegetales. Son viajes cortos y repetidos, como quien levanta una pared llevando cucharadas de mezcla húmeda.

Nicolas M. Adreani, Mihai Valcu y Lucía Mentesana analizaron 12.606 nidos con ayuda de más de 1.200 participantes en un estudio publicado en Current Biology. «A escala de población encontramos un doce por ciento más de nidos con entrada a la derecha», explicó Adreani. El equipo observó también que cada pareja tiende a repetir el lado de entrada en sus nuevas construcciones.

Por qué ayuda al jardín

El hornero busca buena parte de su comida caminando por el suelo. Su dieta es principalmente insectívora e incluye arañas, lombrices y otros pequeños animales, según el Sistema de Información de Biodiversidad de Parques Nacionales de Argentina. Así participa en la cadena alimentaria local y consume algunos invertebrados comunes.

Eso no convierte al ave en un servicio de control de plagas. Un nido no sustituye una actuación profesional ante termitas, hormigas u otra infestación, aunque la actividad del hornero forme parte del equilibrio normal del jardín. Es una diferencia importante.

La utilidad continúa cuando la pareja se marcha. Una revisión de 2024 reunió registros de al menos 29 especies de aves usando antiguos nidos de hornero, además de mamíferos como zarigüeyas y murciélagos. Los científicos lo describen como un posible «ingeniero del ecosistema», un animal que crea refugios aprovechables por otros.

Qué hacer si está activo

No hay que tocar, abrir, mover ni bloquear la entrada. Conviene mantener alejados a perros y gatos, evitar productos químicos cerca de la estructura y aplazar podas u obras que puedan alterar a la pareja. Las recomendaciones oficiales indican que las actividades perturbadoras deben detenerse hasta que las crías vuelen y abandonen el nido.

Tampoco hace falta acercarse para comprobar cada movimiento. Basta con mirar desde un punto donde las aves sigan entrando y saliendo con normalidad, quizá con prismáticos. Si dejan de aproximarse, la presencia humana probablemente está demasiado cerca.

En Brasil, la Ley 9.605 incluye entre los delitos contra la fauna modificar, dañar o destruir un nido. El artículo 29 prevé entre seis meses y un año de detención, además de una multa. Si está sobre cableado o una estructura inestable, lo prudente es avisar al organismo ambiental competente.

Y si parece abandonado

Que no se vea a los adultos durante unas horas no basta para declarar vacío un nido. Ambos progenitores incuban y alimentan a las crías, así que pueden ausentarse para buscar comida. Antes de intervenir, conviene observar durante varios días desde lejos y pedir orientación si persisten las dudas.

Los nidos antiguos pueden mantenerse en pie durante varios años y muchos horneros construyen uno nuevo cada temporada. Esa durabilidad deja pequeñas «viviendas» disponibles para golondrinas, chochines, pinzones y otras aves que aprovechan cavidades ya hechas.

Si la estructura permanece firme y no causa daños, conservarla aporta valor a la biodiversidad. Cuando exista riesgo de caída o afección a una instalación, debe evaluarla personal cualificado y cualquier retirada en Brasil ha de ajustarse a la normativa ambiental. 

El trabajo principal se ha publicado en Journal of Field Ornithology.