Liberaron un puñado de bisontes en 2014 y lo que ha pasado en las montañas de Rumanía en solo 10 años ha dejado a los zoólogos con la boca abierta

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Por HoyECO
Publicado el: 21 de febrero de 2026 a las 23:35
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Bisontes europeos en libertad en los Montes de Tarcu tras su reintroducción en Rumanía.

En solo una década, la reintroducción del bisonte europeo en los Montes de Tarcu ha pasado de ser un experimento de emergencia a un caso de libro sobre cómo devolver grandes herbívoros puede cambiar un paisaje entero. Allí donde el rebaño se ha asentado de forma estable, los científicos han observado en torno a un 30 % más de especies de plantas y un mosaico mucho más diverso de praderas, matorrales y bosques.

La sorpresa no se queda en la vegetación. Un modelo desarrollado en la Yale School of the Environment calcula que unos 170 bisontes libres en esta zona ayudan a capturar unas 54.000 toneladas adicionales de carbono al año, casi diez veces más que antes de su regreso. Es una cifra que sus autores comparan con las emisiones anuales de hasta 84.000 coches de gasolina.

El mayor regreso de bisontes en Europa

El bisonte europeo desapareció de la naturaleza tras la Primera Guerra Mundial. Solo sobrevivieron unos pocos ejemplares en zoos y reservas, suficientes para arrancar programas de cría que, con el tiempo, permitirían soñar con su vuelta al campo abierto.

Ese sueño empezó a hacerse realidad en 2014, cuando Europe y WWF-Rumanía liberaron los primeros 17 bisontes en un cercado de aclimatación de 15 hectáreas en los Cárpatos. Dos años después comenzó la suelta completa y se repitieron nuevas reintroducciones en 2018.

Hoy, según los datos más recientes, en los Cárpatos Meridionales viven en libertad al menos 190 bisontes y WWF estima que ya superan los 200 solo en la zona de Tarcu, dentro de una población nacional de más de 350 individuos. Es la mayor reintroducción de esta especie en Europa y una de las poblaciones más dinámicas del continente, con un área de campeo que ronda los 370 kilómetros cuadrados.

Para un visitante, la escena puede parecer sencilla: un grupo de animales enormes cruzando una ladera. Pero para los zoólogos, cada pisada cuenta.

30 % más plantas y un paisaje en mosaico

¿Qué tiene que ver un rebaño de bisontes con que haya más plantas? Bastante más de lo que parece a primera vista.

Los estudios de seguimiento en Tarcu describen un cambio claro: donde antes dominaban bosques cerrados y relativamente homogéneos, ahora se observa un paisaje en mosaico, con claros, praderas, arbustos y renuevos de bosque que conviven en pocos metros.

La presencia continuada de bisontes ha aumentado la riqueza de especies vegetales en torno a un 30 %. No es que “todo crezca sin control”, sino que la combinación de ramoneo, pisoteo, dispersión de semillas y pequeños claros abre espacio para plantas que antes apenas tenían sitio.

Los expertos de WWF describen al bisonte como un auténtico “arquitecto del bosque” que mantiene abiertas zonas de pasto, transporta semillas en el pelo y en las heces y crea charcos y microhábitats donde prosperan insectos y anfibios. A efectos prácticos, esto significa más flores, más polinizadores y más alimento para otras especies.

Un modelo climático prometedor, pero todavía preliminar

El siguiente paso ha sido medir qué supone todo esto para el clima. La Global Rewilding Alliance y la Universidad de Yale han desarrollado un modelo que calcula cómo la fauna silvestre puede “animar el ciclo del carbono”, es decir, aumentar la cantidad de carbono que capturan y almacenan los ecosistemas cuando los animales están presentes.

Aplicado a los bisontes de Tarcu, el modelo estima que sus movimientos y hábitos de alimentación ayudan a que las praderas y suelos de la zona capturen alrededor de diez veces más carbono que antes de su reintroducción.

Maheen Khan, experta en clima de WWF Países Bajos, resume así el potencial del enfoque de rewilding: “estos resultados muestran el potencial de los animales reintroducidos para reforzar la capacidad de los ecosistemas de absorber carbono”.

Conviene introducir un matiz importante. Rewilding Europe recuerda que se trata de un estudio basado en modelización que todavía no ha pasado por el proceso completo de revisión por pares. Es decir, las cifras pueden ajustarse a medida que otros equipos científicos revisen y prueben la metodología. Aun así, encajan con trabajos teóricos recientes que apuntan a que los grandes animales podrían aumentar el “presupuesto de carbono” de muchos ecosistemas entre un 60 y un 95 %.

Entre el entusiasmo científico y los retos de convivencia

La historia no es solo ecológica. También es social. El crecimiento del rebaño ha generado preocupación entre algunos ganaderos y vecinos por posibles daños en pastos o cultivos y por la presencia de animales tan grandes cerca de pueblos y carreteras.

Las organizaciones implicadas trabajan en varios frentes: patrullas de guardas, acuerdos con ayuntamientos, sistemas de compensación y el impulso de un ecoturismo que convierta al bisonte en una fuente de ingresos extra para la zona. El objetivo es construir “comunidades amigas del bisonte” que vean en su regreso una oportunidad y no solo un riesgo.

Para quien vive allí, la diferencia se nota en cosas muy concretas. Más visitantes que se alojan en casas rurales, más rutas de senderismo señalizadas, más interés internacional por un paisaje que antes pasaba desapercibido en los mapas turísticos.

Un laboratorio para la restauración de ecosistemas en Europa

Lo que está ocurriendo en Rumanía se observa con atención desde otros países. En España, por ejemplo, ya han llegado los primeros bisontes a la Serranía Celtibérica, en las llamadas Iberian Highlands, donde el equipo de Rewilding Spain participa en un proyecto científico que evaluará si estos animales pueden ayudar a restaurar montes mediterráneos degradados y a impulsar nuevas actividades rurales.

En el fondo, la pregunta es sencilla y a la vez enorme. ¿Podemos apoyarnos en la fauna silvestre para acelerar la recuperación de la naturaleza y, al mismo tiempo, ganar tiempo frente al cambio climático? El experimento de los bisontes de Tarcu no ofrece una respuesta definitiva, pero sí una pista clara: cuando se les devuelve espacio, los grandes herbívoros reactivan procesos ecológicos que ningún tractor ni ninguna plantación pueden imitar del todo.

Para quienes toman decisiones de política climática y de conservación, esta experiencia aporta algo muy valioso, datos reales sobre cuánto carbono adicional puede capturar un paisaje cuando recupera parte de su fauna perdida.

El comunicado oficial sobre este nuevo modelo y el papel de los bisontes de los Montes de Tarcu en la captura de carbono ha sido publicado por la Global Rewilding Alliance.


HoyECO

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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