Hallan restos de lujo imperial en Galicia y Asturias y cambian todo lo que creíamos saber sobre la vida de la aristocracia romana en los confines del Imperio

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Publicado el: 21 de febrero de 2026 a las 20:46
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Restos arqueológicos de una villa romana de lujo en el norte de España, vinculada a la aristocracia imperial.

Durante siglos hemos imaginado el noroeste peninsular como una esquina tranquila del Imperio romano, lejos del márbolo y el lujo de Roma. Un nuevo estudio muestra que, en realidad, parte de esa riqueza se instaló también en Galicia yAsturias, bajo muchos campos actuales se esconden villas rurales decoradas con mosaicos, termas privadas y esculturas importadas, en las que las élites tardorromanas redibujaron el paisaje a su medida.

El arqueólogo e historiador Diego Piay Augusto, de la Universidad de Oviedo, ha recopilado por primera vez las evidencias de lujo documentadas en las villas romanas de Galicia y Asturias entre los siglos IV y V. Su artículo «Ornamenta urbana in the finis terrae» analiza mosaicos, pinturas murales y esculturas para demostrar que en este rincón remoto también vivieron terratenientes capaces de consumir productos de alto nivel, integrados en las modas de la élite romana.

Una provincia en el fin del mundo conocido

En época de Diocleciano, la antigua provincia de Gallaecia se extendía desde el río Duero hasta el mar Cantábrico y desde el océano Atlántico hacia el interior, hasta la zona de Iuliobriga. Dentro de ese marco enorme, el estudio se centra en el actual noroeste, un territorio con pocas ciudades grandes y muchas explotaciones rurales dispersas.

Solo tres núcleos urbanos actuaban como ejes de poder, Lugo, Braga y Astorga. A su alrededor, y a lo largo de las calzadas romanas, crecieron las villae, grandes fincas que combinaban producción agraria y residencia de lujo.

Estas villas gestionaban agricultura, ganadería, pesca e incluso cría de caballos, una actividad especialmente rentable en la Gallaecia tardoantigua según la investigación. El resultado fue un paisaje muy organizado, en el que los caminos, los recursos costeros y las mejores tierras de cultivo quedaban en buena parte bajo control de unas pocas familias poderosas.

Villas que hablan de lujo y de territorio

Piay ha identificado cerca de ochenta posibles villas en Galicia y veintiséis en Asturias, aunque solo una minoría se ha excavado con métodos modernos. Destacan enclaves como Andallón, Veranes o Proendos, donde se han documentado mosaicos, sistemas de calefacción bajo el suelo, pequeñas termas y salas absidales pensadas para el banquete y la negociación.

Cada una de estas villas era una especie de microcosmos económico. Había zonas de trabajo, almacenes, espacios de servicio y, junto a todo ello, estancias decoradas con un cuidado que hoy nos sorprendería si imaginamos esos muros en medio del verde atlántico. Desde fuera quizá recordaban a una gran casa de labranza, pero suelos de piedra pulida, estucos pintados y piscinas interiores marcaban la diferencia. Y se notaba.

Los pavimentos de mosaico son uno de los indicadores más claros de esa riqueza. En Asturias hay al menos ocho villas con mosaicos, en Galicia se han documentado diecisiete enclaves, casi siempre en estancias nobles como comedores o salas de recepción. Abundan los motivos geométricos y, en el caso gallego, los diseños marinos con peces, moluscos y delfines que remiten a la pesca y a la industria de salazones del litoral, con especial presencia en lugares como A Cigarrosa, Panxón o Parada de Outeiro.

Las paredes tampoco eran neutras. Trece villas han proporcionado restos de pintura mural, aunque solo en unas pocas se conserva un programa reconocible. En Cambre, por ejemplo, un frigidarium termal mostraba fauna marina sobre fondo azul grisáceo que debía crear la sensación de estar dentro del agua mientras los bañistas se sumergían. En Andallón se han documentado paneles con motivos vegetales, geométricos y posibles felinos, conservados a más de un metro de altura, que convertían las estancias en auténticos escenarios de representación.

El registro escultórico es más escaso, pero significativo. Piezas como el grupo marmóreo de Dioniso y Ampelos, un busto de mármol hallado en Abegondo o la pequeña figura de bronce de Mercurio apuntan a un consumo selectivo de estatuas y objetos de prestigio, importados a larga distancia o encargados ex profeso.

Quiénes estaban detrás de estas villas

El trabajo no se limita a la arquitectura. A través de un análisis prosopográfico, el autor relaciona al menos dieciocho personas de alto rango con esta región entre los siglos IV y V. Hay obispos, presbíteros, monjes, funcionarios de la administración provincial e incluso figuras cercanas al poder imperial. Nombres como Prisciliano, Paulo Orosio o la viajera Egeria ilustran esa circulación de élites por el noroeste peninsular, aunque el origen exacto de algunos de ellos siga en debate entre los especialistas.

En la práctica, la presencia de estos grupos significaba concentraciones de tierra, mano de obra y recursos naturales. Las villas eran el lugar donde se decidía qué se cultivaba, qué se extraía del mar o del monte y cómo se movían esos productos por la red de calzadas. El paisaje de Galicia y Asturias se convertía así en un tablero en el que el lujo doméstico y la productividad iban de la mano.

Por qué este pasado importa hoy para el territorio

Más allá de la curiosidad histórica, este tipo de investigaciones ayuda a entender que la transformación intensa del territorio no empezó con las autovías ni con los polígonos industriales. Ya en la Tardoantigüedad, una minoría acomodada organizaba el espacio rural en función de sus intereses, concentrando usos agrícolas, ganaderos y costeros en torno a grandes fincas. Hoy muchos de esos restos se encuentran ocultos bajo fincas privadas o infraestructuras modernas, y su conservación compite con otras prioridades muy concretas como la gestión forestal o el desarrollo urbanístico.

¿Y qué significa esto en la práctica para quien vive en el noroeste ibérico? Que cuando se debate sobre qué se protege, qué se excava o cómo se integra un yacimiento en el entorno, no se habla solo de piedras antiguas. Se habla también de memoria del paisaje, de cómo se ha explotado y compartido el territorio durante siglos y de qué modelo de uso queremos para el futuro.

Para las políticas de patrimonio y para cualquier estrategia de desarrollo sostenible en el medio rural, conocer esta historia larga del paisaje es clave. Permite valorar mejor cómo se diseña una ruta cultural, cómo se compatibiliza la protección de una villa romana con actividades agrícolas o turísticas y qué se pierde cuando un yacimiento se destruye sin documentación adecuada.

El estudio completo se ha publicado en acceso abierto en la revista académica Ktisis – Journal of Late Antique Housing bajo el título Ornamenta urbana in the finis terrae.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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