Juliet es una de las hembras de cocodrilos de agua salada que pasaron años encerradas antes de volver a los Sundarbans de Bangladés. Mide 2,8 metros, fue capturada en el canal de Vodra Khal en 2002 y vivió unos 22 años en el centro de cría de Karamjal, hasta que el 13 de marzo de 2024 volvió al agua con un transmisor satelital en la nuca. Durante los 71 días que funcionó el aparato no mostró ninguna intención de regresar al recinto.
Otras dos hembras con años de cautividad a sus espaldas hicieron lo mismo, según un estudio publicado este año en la revista Wildlife Research que siguió a cinco cocodrilos de agua salada (Crocodylus porosus) liberados en el mayor manglar del mundo.

Las tres se quedaron en zonas de entre 14 y 38 kilómetros cuadrados, una escala parecida a la de un macho salvaje soltado donde lo atraparon. El quinto animal, un macho trasladado a 131,8 kilómetros de su lugar de captura, llegó a recorrer 34,3 kilómetros en un solo día y ocupó unos 2515 kilómetros cuadrados mientras avanzaba hacia el norte.
Cinco cocodrilos con transmisor en los Sundarbans
El trabajo lo firma un equipo encabezado por Ruchira Somaweera, ecólogo del comportamiento y profesor asociado adjunto de la Universidad Murdoch, con investigadores de UICN Bangladés, de la agencia alemana GIZ y del Departamento Forestal de Bangladés. Cada animal llevaba un transmisor Argos fijado entre las placas óseas de la nuca, que enviaba su posición al salir a la superficie.

«Los cocodrilos son extraordinariamente buenos encontrando el camino a casa, y a menudo vuelven a los lugares donde fueron capturados, lo que limita el éxito de los programas de traslado», explicó Somaweera en la nota de prensa de la Universidad Murdoch del 8 de mayo de 2026.
Los biólogos llaman a esa conducta homing, la capacidad de un animal para orientarse y regresar a un sitio que ya conoce. «Si los cocodrilos criados en cautividad regresan a sus recintos o a los centros de cría después de ser liberados, los intentos de reintroducirlos en la naturaleza como parte de los esfuerzos de conservación acabarán fracasando», resumió el investigador.
Tres hembras con años de cautividad
Madhu, de 2,26 metros, llevaba más de ocho años en una jaula individual de un zoológico de Sagardari, en el distrito de Jessore, y fue liberada a 76,7 kilómetros de allí. Potia, de 2,1 metros, había nacido en el propio centro de Karamjal y fue soltada el 26 de enero de 2025 en el canal de Charapotia Khal.
Las tres habían alcanzado o superado la talla mínima conocida para reproducirse en esta especie, que el estudio sitúa entre 2 y 2,3 metros, y fueron liberadas en zonas con poca actividad humana y, según los investigadores, abundantes presas.
Áreas pequeñas y ningún rumbo hacia el recinto
Juliet se movió una media de 1,97 kilómetros al día, Potia 1,61 y Madhu 0,51, mientras que Harbaria, el macho salvaje de 1,9 metros que sirvió de referencia, recorrió 1,94 kilómetros diarios.
Para medir el espacio de cada animal, el equipo calculó la superficie donde pasaba el 95 % de su tiempo, lo que en ecología se llama área de distribución de uso. Juliet ocupó 38,41 kilómetros cuadrados, Potia 33,31, Madhu 14,06 y Harbaria 42,18, sin diferencias estadísticas significativas entre las hembras y el macho salvaje.
«Los cocodrilos criados en cautividad no mostraron ningún indicio de regreso hacia los recintos donde los habían mantenido, pese a su larga cautividad», escriben los autores. Somaweera lo contó así: «Se asentaron en zonas pequeñas y bien definidas y se movieron de forma muy parecida al cocodrilo salvaje local que seguimos, lo que nos indica que posiblemente sean capaces de adaptarse a su nuevo entorno sin problemas».
El equipo apunta dos posibles causas. Un animal criado en un entorno artificial no habría formado la memoria espacial que guía a los cocodrilos salvajes, y unas zonas de suelta tranquilas y ricas en presas le darían pocos motivos para vagar.
Jongra se dirigió hacia el norte
Jongra, un macho de 2,1 metros capturado en 2022 en la aldea de Pajlakandi, en el distrito de Shariatpur, pasó cerca de año y medio en Karamjal y fue liberado el 15 de marzo de 2024 en el canal de Jongra Khal. En casi 65 días recorrió una media de 9,44 kilómetros diarios y su área estimada alcanzó los 2515,26 kilómetros cuadrados, unas 60 veces la de Harbaria.
«Aunque Jongra no llegó a su lugar de captura original durante el estudio, sus movimientos iban muy claramente en esa dirección», señaló Somaweera. El artículo advierte de que estos viajes pueden llevar a los animales por zonas muy pobladas o con mucho ganado, «recreando el mismo conflicto que motivó su retirada».
Una población de unos 140 adultos
El cocodrilo de agua salada es el único con poblaciones salvajes reproductoras en Bangladés y solo sobrevive en los Sundarbans, el delta del Ganges que el país comparte con la India y donde la India se planteó usar reptiles para vigilar su frontera. La caza para obtener sus pieles hasta la década de 1970 hundió la especie, y el censo más reciente, publicado en 2018, estimó unos 140 ejemplares maduros.
Desde 2016, el centro de Karamjal ha soltado unas 200 crías y juveniles cuya suerte nadie ha documentado. «No sabemos cuál es la tasa de supervivencia de los cocodrilos liberados ni si el hábitat es adecuado para ellos», admitía en 2024 Mihir Kumar Doe, conservador de montes del Círculo de Julna, en declaraciones a Mongabay.
«El enfoque tradicional ha sido utilizar crías en los programas de reintroducción, pero su supervivencia es extremadamente baja y tardan mucho en alcanzar la madurez reproductiva», explicó Somaweera. Otras especies ya han vuelto a su hábitat gracias a la cría en cautividad, como los caracoles de Hawái reintroducidos tras más de 33 años de cría en cautividad.
Las señales se apagaron antes de tiempo
Los autores reconocen que el trabajo se apoya en muy pocos animales y en seguimientos de entre 53 y 127 días. Los transmisores fallaron en fechas próximas, lo que apunta a un defecto del equipo o a daños físicos, ya que los últimos mensajes mostraban batería suficiente.
«Esperábamos obtener datos durante unos 60 o 70 días, pero por suerte, de algunos cocodrilos recibimos datos durante más de 100 días. Aunque todo se apagó de repente, la información que reunimos sigue siendo un recurso de valor incalculable para nosotros», dijo al diario Prothom Alo en agosto de 2025 A. B. M. Sarowar Alam Dipu, responsable de programa de UICN Bangladés y jefe del equipo investigador.
Su compañero Md Mofizur Rahman Chowdhury lo resumió en el mismo diario: «Ahora nadie sabe dónde está Juliet, en qué río está Madhu, en qué estado se encuentra Potia ni adónde ha ido Jongra».
Las tres cautivas eran hembras y los dos animales de comparación eran machos, de modo que con un solo ejemplar en cada grupo de referencia no se puede separar el efecto del sexo, de la historia individual o del tipo de suelta. La tabla del estudio sitúa además la captura de Juliet en 2002 y su liberación en el mismo canal, Vodra Khal, por lo que aquellas aguas quizá no le resultaban nuevas.
Liberaciones graduales en recintos seminaturales
Para las próximas sueltas, el equipo recomienda que los cocodrilos pasen antes por recintos seminaturales con suelo natural, presas vivas y hábitats variados. Los corrales de cría ya ayudaron a recuperar al zorro isleño de la isla de San Miguel, que pasó de 15 ejemplares a 322, y los autores piden seguir a más animales, de ambos sexos y en distintas estaciones.
Con los cocodrilos problemáticos que se capturan cerca de los pueblos, el estudio es más pesimista. «El traslado fracasa con frecuencia como solución a largo plazo y puede elevar el riesgo durante la fase de dispersión», escriben los autores, que recuerdan que cada vez más planes de gestión optan por soltarlos tras barreras que no puedan cruzar o por mantenerlos en cautividad de forma permanente.
El estudio completo se ha publicado en Wildlife Research.
Lo que pase ahora con Juliet, Madhu y Potia queda fuera del alcance de los satélites, y solo seguimientos más largos dirán si sobreviven y llegan a reproducirse en los canales de los Sundarbans.
Imagen: Fabian Roudra Baroi / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)










