San Miguel, en California, pasó de 15 zorros isleños en 1999 a 322 en 2024

Adrian Villellas
Publicado el 7 de octubre de 2026 a las 12:36
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Uno de los zorros isleños de las islas del Canal de California mirando a la cámara

En el verano de 1999, el Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos levantó unos corrales en la isla californiana de San Miguel y empezó a capturar los zorros isleños que quedaban en libertad, que para entonces eran 15. En 1994 se habían estimado unos 450 adultos, y la última estimación, la de 2024, fue de 322 animales, según el balance que publicó la asociación Friends of the Island Fox en julio de 2025.

En enero de 2000 ya había 14 zorros en los corrales y solo quedaba uno en libertad, según el informe de recuperación del Servicio de Parques Nacionales. Los biólogos emparejaron a cuatro machos con cuatro hembras para que criaran, y así empezó un programa que duró nueve años en la isla.

La cría en cautividad fue solo una parte del rescate, porque también hubo que trasladar águilas reales y corregir varios desequilibrios del ecosistema, algo parecido a lo que se ha hecho con la retirada de erizos morados para recuperar el bosque de kelp de Palos Verdes. En 2016, la subespecie de San Miguel salió de la lista federal de fauna amenazada y en peligro, aunque su conservación sigue dependiendo de un seguimiento anual.

Una subespecie distinta en cada una de seis islas

El zorro isleño (Urocyon littoralis) desciende del zorro gris del continente y solo vive en seis de las ocho islas del Canal, frente al sur de California. Tiene el tamaño de un gato doméstico, pesa alrededor de 1,8 kilos y en cada una de esas seis islas forma una subespecie propia, una distinción respaldada por estudios morfológicos y genéticos.

«Es una historia asombrosa de evolución rápida», dijo Tim Coonan, biólogo del Servicio de Parques Nacionales en el parque nacional de las islas del Canal, a la periodista Katharine Gammon en un reportaje de PBS SoCal publicado en 2013. «Cada isla tiene una población de zorros distinta y hasta tienen un aspecto diferente», explicó, y añadió que cualquier empleado del parque sabe que es más fácil llevarse un mordisco en San Miguel, donde los zorros tienen la cola más corta y el hocico más largo.

Según el informe de recuperación del Servicio de Parques Nacionales, estos zorros evolucionaron sin grandes rapaces que cazaran de día, de modo que pudieron ser más vulnerables a ellas que otros carnívoros pequeños. Esa vulnerabilidad quedó a la vista cuando las águilas reales empezaron a criar en el archipiélago.

Las águilas reales llegaron atraídas por los lechones

Las águilas calvas, que antes criaban en las islas, habían desaparecido por el pesticida DDT, la caza y el expolio de huevos. Según el Servicio de Parques Nacionales, esa ausencia dejó libre el terreno a las águilas reales, que nunca se habían registrado criando en las islas antes de los años noventa y que encontraron allí una despensa nueva en animales introducidos por las personas, como ocurrió con las truchas en los lagos del Monte Rainier.

En Santa Cruz, los miles de cerdos asilvestrados descendían de los cerdos domésticos llevados a la isla a mediados del siglo XIX como fuente de alimento, y sus lechones permitieron a las águilas reales instalarse y criar en la isla. Un águila real tiene unas cuatro veces la masa corporal de un zorro isleño, así que, una vez asentadas, los zorros pasaron a formar parte de su dieta.

La prueba llegó con la radiotelemetría, que consiste en seguir a los animales mediante collares emisores. En otoño de 1998, los biólogos del parque pusieron collares a 15 zorros de San Miguel y, hasta 1999, se cree que cinco murieron por ataques de águilas reales y dos por otras causas, lo que confirmaba un estudio anterior en Santa Cruz en el que esas rapaces explicaban la muerte de 21 de 29 cadáveres examinados.

Según el Servicio de Parques Nacionales, la primera caída documentada en San Miguel, en 1995, coincidió con los primeros avistamientos de águilas reales en la isla.

44 águilas reales trasladadas y 61 calvas liberadas

Entre 1999 y 2006 se capturaron en las islas del norte del archipiélago 44 águilas reales, la mayoría en Santa Cruz y con redes de arco, y se soltaron lejos, en el noreste de California. La cifra incluye 10 pollos nacidos en las islas, donde las águilas criaban en Santa Cruz y Santa Rosa, y no corresponde a San Miguel en concreto.

El seguimiento posterior indicó que ninguna regresó a las islas. Christie Boser, bióloga de The Nature Conservancy, recordó en el reportaje de PBS SoCal cómo vivió el equipo el final de las capturas: «El día que se atrapó a la última pareja de águilas estábamos bailando por la sala».

Trasladar a las águilas no bastaba mientras siguiera habiendo lechones que las atrajeran de nuevo. Por eso, entre 2005 y 2006, el Servicio de Parques Nacionales y The Nature Conservancy retiraron más de 5000 cerdos asilvestrados de Santa Cruz, con lo que desapareció esa fuente de presas no nativa.

Al mismo tiempo, entre 2002 y 2006 el Institute for Wildlife Studies liberó en Santa Cruz 61 águilas calvas jóvenes, procedentes sobre todo de nidos silvestres cerca de Juneau (Alaska) y de aves criadas en el zoo de San Francisco. Estas águilas se alimentan sobre todo de peces y otros recursos marinos, y su regreso ayudaba a disuadir a las reales con mucho menos riesgo para los zorros.

53 cachorros nacidos en cautividad en San Miguel

Mientras cambiaban las condiciones en libertad, los recintos de cría protegieron a los zorros de la depredación. Según el reportaje de PBS SoCal, en el programa de cría 35 zorros se emparejaron según su composición genética para conservar la mayor diversidad posible, una técnica que recuerda a la cría en cautividad que salvó a la tortuga gigante de Española.

En San Miguel, la población cautiva llegó a 50 animales en 2004 y superó el objetivo de 40, lo que permitió empezar las sueltas en otoño de ese año. El balance del Servicio de Parques Nacionales de octubre de 2008 contabilizó 53 cachorros nacidos en cautividad en la isla y 62 zorros devueltos al medio natural, y el programa de San Miguel terminó en 2007 por el buen éxito reproductor y la supervivencia de los zorros en libertad.

Un técnico abre de noche una caja de transporte para soltar un zorro isleño criado en cautividad en San Miguel
Suelta de un zorro isleño en San Miguel, en noviembre de 2006. Foto: National Park Service (dominio público)

«Esta señal temprana y notable de recuperación parece ser una de las recuperaciones más rápidas de una especie en peligro en la historia de la Ley de Especies en Peligro», dijo entonces Lynn Scarlett, subsecretaria del Interior, que soltó personalmente una pareja de zorros en Santa Rosa. Para 2008 ya había 130 zorros en libertad en San Miguel.

En agosto de 2016, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre retiró de la lista federal las subespecies de San Miguel, Santa Rosa y Santa Cruz. El Departamento del Interior lo presentó como la recuperación más rápida de un mamífero protegido por esa ley, con unos 700 zorros en San Miguel en 2015.

«Es notable pensar que en 2004 a estos zorros se les daba un 50 % de probabilidades de extinguirse en la década siguiente», declaró Dan Ashe, director del Servicio de Pesca y Vida Silvestre. Jon Jarvis, director del Servicio de Parques Nacionales, añadió que la cría en cautividad, «una medida de emergencia sin precedentes, fue decisiva para salvar a la especie».

La bajada de 525 a 322 responde a la densidad

El dato de 2024 necesita contexto, porque en 2023 se habían estimado unos 525 zorros en San Miguel. Friends of the Island Fox explica que, en las dos islas más pequeñas con zorros, San Miguel y San Nicolás, las poblaciones son más estables con unos 8 zorros por kilómetro cuadrado, ya que el alimento nunca es tan abundante como en las islas grandes.

«Aunque la caída del número de ejemplares en San Miguel pueda parecer preocupante, el ajuste a la baja de la densidad crea una población más sostenible», escribe la asociación, que añade que «las tendencias sugieren que los recursos de la isla pueden sostener entre 300 y 450 zorros». Según el mismo balance, el número de crías fue el habitual en 2024 y la salud de los ejemplares parecía buena.

Lo que las cifras todavía no aclaran

Los 322 son una estimación oficial de los gestores de las islas, calculada a partir de los zorros capturados para revisiones sanitarias entre junio de 2024 y enero de 2025, así que no equivale a un recuento de todos los animales. La propia asociación recuerda que en 2023 las lluvias impidieron contar en los puntos habituales de Santa Cruz y dieron una cifra inflada, lo que muestra lo mucho que depende cada dato de la regularidad del muestreo.

Tampoco se puede atribuir la recuperación a una sola medida, porque la cría en cautividad, el traslado de águilas, la retirada de cerdos y la vuelta de las águilas calvas se solaparon en el tiempo. El balance de 2025 advierte además de que los recortes federales ponen en riesgo la continuidad del seguimiento en San Miguel y otras islas para 2026, y que sin revisiones sanitarias desaparecería la ocasión anual de vacunar a los zorros contra el moquillo canino. En 2026, la asociación ha pagado con donaciones vacunas para 650 zorros de cuatro islas y collares emisores para San Miguel y Santa Rosa, que se iban a colocar en las revisiones de agosto y septiembre.

«Un seguimiento de calidad es la piedra angular del éxito en la recuperación del zorro isleño», escribe Friends of the Island Fox. Como ocurre con la reintroducción de bisontes en Chihuahua y Sonora, devolver animales al campo exige conocer antes las causas de su desaparición y vigilar después cómo responden el hábitat y las presas.

Los datos de 2024 se presentaron en la reunión del grupo de trabajo de conservación del zorro isleño celebrada el 15 de mayo de 2025 en el zoo de Santa Bárbara, y el balance lo publicó el 14 de julio de 2025 Friends of the Island Fox, a partir de las estimaciones oficiales aportadas por los gestores de las islas.

Imagen: National Park Service (dominio público)

Adrian Villellas

Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y tecnología publicitaria. Ha dirigido proyectos en análisis de datos, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. También colabora en iniciativas científicas relacionadas con la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de comunicación científicos, tecnológicos y medioambientales, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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