Entre 1915 y 1972 se soltaron más de nueve millones de peces en los lagos y arroyos del Parque Nacional del Monte Rainier, en Estados Unidos. Se buscaba ofrecer pesca recreativa. Unos 35 lagos mantienen hoy poblaciones introducidas que se reproducen por sí solas.
Los lagos carecían de peces de forma natural y ofrecían refugio a los anfibios. Ahora el parque estudia cómo protegerlos. ¿Cómo se repara un cambio que lleva décadas instalado?
Una pesca que cambió los lagos
Durante buena parte del siglo XX, poblar esas aguas con truchas parecía una mejora para los visitantes. La repoblación terminó después de 1972, pero algunas especies siguieron criando. Y ahí siguen.

Hay un matiz importante en las cifras. Los nueve millones se soltaron entre lagos y arroyos, mientras que eran los lagos los que no tenían peces de manera natural. En los arroyos ya vivían peces autóctonos.
Un pez «no autóctono» puede ser una especie ajena a la cuenca o una especie nativa trasladada a aguas donde antes no vivía. Mover peces dentro del parque también puede alterar una comunidad acuática.
Los anfibios pierden refugio
Una trucha puede comerse larvas de salamandra y renacuajos, además de competir por alimento. También altera las relaciones entre especies y la circulación de nutrientes. Lo que parece un agua intacta desde la orilla puede contar otra historia bajo la superficie.
El Servicio de Parques Nacionales señala que los peces introducidos reducen o desplazan a algunos anfibios del monte Rainier. La depredación afecta especialmente a las salamandras, cuya abundancia, comportamiento y distribución pueden cambiar. El impacto concreto varía según el lago.
La presión tampoco procede de una sola causa. El parque vigila cómo se secan antes algunas charcas de cría. Para proteger a los anfibios necesita entender también los efectos del cambio climático.
Un lago muestra que hay salida
En Hidden Lake, los equipos retiraron 2.185 truchas de arroyo introducidas entre 1996 y 2003. Un estudio publicado en 2017 comparó los recuentos de entonces con los de los años posteriores. Tras desaparecer los peces del lago, aumentó claramente la presencia observada de salamandras y ranas.
Es una pista alentadora, con sus límites. El estudio se realizó en un solo lago y sin otro similar con el que comparar; sus cifras no se pueden trasladar a los demás. Pero sí muestra por qué merece la pena seguir de cerca las zonas restauradas.
La trucha toro también está en juego
El problema llega a los ríos. En sus aguas frías vive la trucha toro, una especie autóctona con protección federal como especie amenazada. La trucha de arroyo introducida puede competir con ella, alimentarse de sus juveniles e incluso hibridarse.
¿Ocurre todo eso en cada cuenca? Un informe genético finalizado en 2024 examinó 995 peces de la cuenca del Puyallup recogidos como posibles truchas toro. Identificó 862 truchas toro y 64 truchas de arroyo; otras 69 muestras no permitieron una identificación suficiente.
Entre los ejemplares identificados no encontró híbridos de ambas especies ni ejemplares de Dolly Varden, otro pez cuya posible presencia se investigaba. El resultado se limita a los peces examinados en esa cuenca. La hibridación es posible, pero ese análisis no la detectó.
Buscar animales en un vaso de agua
Para saber dónde están peces y anfibios, los técnicos también recogen ADN ambiental. Filtran agua y buscan en el laboratorio restos genéticos que los animales han dejado al liberar células, mucosidad o heces. Así orientan las visitas a zonas donde cuesta verlos.
Entre 2022 y 2023, equipos del Servicio de Parques Nacionales muestrearon 69 lagos, charcas y humedales y 77 puntos de ríos y arroyos en el monte Rainier. Son 146 lugares en total. El balance de aquel muestreo describía el envío de filtros al laboratorio, sin ofrecer aún un mapa definitivo de especies.
El ADN del agua y el estudio de las aletas de peces capturados responden a preguntas distintas. El primero ayuda a localizar especies; el segundo permite estudiar el parentesco y el origen de los peces. Juntas, ambas técnicas ayudan a investigar aguas remotas.
Qué hace ahora el parque
El plan de gestión aprobado en 2018 prevé reducir o eliminar peces introducidos en tramos seleccionados de ríos y retirarlos de hasta diez lagos. El parque informa de retiradas en lagos para proteger a los anfibios. Después toca comprobar cómo responden las especies propias de esas aguas.
La pesca forma parte de esa respuesta. Las normas del parque obligan a devolver los peces autóctonos capturados y permiten retener truchas de arroyo y salmones kokanee; en los lagos abiertos a la pesca no hay un límite general de capturas. Quien vaya a pescar debe consultar antes las aguas cerradas y las reglas de cada zona.
Han pasado más de cincuenta años desde el fin de las repoblaciones y el legado permanece. Recuperar un lago exige datos, tiempo y seguimiento.
La información oficial sobre los peces del monte Rainier ha sido publicada en la ficha del Servicio de Parques Nacionales, actualizada en 2025.
Imagen: US National Park Service / Wikimedia Commons (dominio público)







