Frente a la península de Palos Verdes, en el sur de California, un proyecto iniciado en 2013 ayudó a devolver las algas a fondos rocosos dominados por erizos morados. En julio de 2020, la NOAA comunicó un balance de 4,2 millones de erizos eliminados y 55 acres de bosque submarino restaurado, algo más de 22 hectáreas.
Aquella cifra corresponde a una etapa del trabajo, que ha seguido avanzando. En su balance de 2025, The Bay Foundation ya informa de más de 83 acres restaurados, unas 33,6 hectáreas. La recuperación ofrece resultados concretos, aunque los estudios también muestran que la intervención humana no fue el único factor.
Un bosque bajo las olas
Los bosques de kelp están formados por grandes algas que crean refugio y proporcionan alimento a numerosos animales. En el sur de California, estos ecosistemas sostienen a más de 700 especies marinas, incluidas algunas que llegan a las lonjas y otras que atraen a los aficionados al buceo.
¿Qué ocurre cuando los erizos consumen las algas sin que estas puedan recuperarse? El fondo puede quedar atrapado en un estado empobrecido, con abundantes erizos y muy poca vegetación. La investigación muestra que estos paisajes pueden persistir durante décadas.
La pérdida del bosque tiene varias causas. The Bay Foundation señala la acumulación de sedimentos, la urbanización, la escorrentía y las tormentas, junto con la sobrepesca de depredadores y competidores de los erizos. El desequilibrio se fue construyendo con el tiempo.
Miles de horas de buceo
La respuesta reunió a científicos, conservacionistas y pescadores comerciales bajo la coordinación de The Bay Foundation. Según el balance de la NOAA de 2020, cinco pescadores habían dedicado más de 8.000 horas bajo el agua a reducir la población de erizos.
El trabajo consistía en eliminar ejemplares de las zonas seleccionadas para permitir el regreso natural de las algas. La página del proyecto describe una reducción desde unos 30 erizos morados por metro cuadrado hasta aproximadamente dos. Ese espacio daba al bosque una oportunidad para volver a crecer.
La intervención incluía el sacrificio de erizos mediante golpes con herramientas, según explica Occidental College. Se dirigía a los morados y dejaba fuera a los erizos rojos, de interés comercial. Con la recuperación de las algas, estos últimos también disponían de más alimento.
La huella de los vertidos
La restauración tiene además una historia ligada a la contaminación industrial. Desde finales de los años cuarenta hasta comienzos de los setenta, llegaron a estas aguas grandes cantidades de DDT y PCB, sustancias persistentes que dañaron peces, aves y hábitats marinos.
La NOAA precisa que la mayor parte del DDT procedía de la planta de Montrose Chemical, mientras que los PCB llegaban de distintas fuentes del área de Los Ángeles. Ambos contaminantes alcanzaron el mar a través del mismo sistema de vertido de aguas residuales y se acumularon en los sedimentos.
En 2001, un acuerdo con los responsables de la contaminación permitió establecer el programa de restauración Montrose. Parte de esa financiación respaldó la recuperación del kelp y su seguimiento científico. Recuperar el hábitat, por tanto, formaba parte de la reparación de un daño ambiental más amplio.
Lo que observó la ciencia
Un estudio publicado en 2021 en Marine Ecology Progress Series analizó datos recogidos entre 2011 y 2020. Durante ese periodo, además de los trabajos de eliminación, se produjo una mortandad masiva de erizos que permitió observar cómo respondía el ecosistema.
Occidental College sitúa ese episodio a comienzos de 2015 y lo relaciona con una enfermedad. “Los arrecifes rocosos volvieron a estar dominados por las algas solo seis meses después de los primeros signos de mortandad”, explicó el investigador Jonathan Williams. Esa situación se mantuvo durante los cinco años restantes del estudio.
El resultado respalda la reducción de erizos como herramienta de restauración cuando se consiguen densidades suficientemente bajas. Pero también obliga a interpretar las cifras con cuidado, porque la recuperación observada combinó actuaciones humanas y una mortandad natural. Por ello, no permite atribuir todo el cambio al trabajo de los buceadores.
Recuperar exige volver
Los avances incluyen algo más que superficie cubierta de algas. El informe semestral de mayo de 2025 documenta aumentos de peces, langostas y diversidad de invertebrados en las zonas restauradas. Recuperar el bosque también significa recuperar sus habitantes.
El mismo documento muestra por qué hace falta mantener la vigilancia. En un sector de Point Fermin intervenido entre 2015 y 2017, los trabajos se retomaron en enero de 2022 tras detectarse nuevos erizos. La recuperación necesita seguimiento.
The Bay Foundation recoge los avances posteriores en sus resultados de 2025. Este balance ha sido publicado en la web oficial de The Bay Foundation.
Imagen: Peter Southwood / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)







