Durante décadas, la energía nuclear ha tenido una pregunta incómoda encima de la mesa. Produce electricidad sin las emisiones directas de CO2 de una central de carbón o gas, pero deja tras de sí un residuo que no se puede tirar, olvidar ni guardar de cualquier manera. Hablamos del combustible nuclear gastado, uno de los materiales más delicados que ha creado la humanidad.
Finlandia está a punto de dar el paso que muchos países llevan años estudiando. En la isla de Olkiluoto, el proyecto Onkalo se prepara para convertirse en el primer depósito geológico profundo del mundo para combustible nuclear gastado. La clave es importante. Las pruebas ya han avanzado con éxito, pero la operación con residuos reales depende de la licencia y del inicio industrial previsto por Posiva para 2026.
Qué se ha probado ya
Onkalo no es un simple almacén bajo tierra. Es una instalación diseñada para enterrar de forma definitiva el combustible gastado de las centrales finlandesas, después de encapsularlo en contenedores especiales y bajarlo a cientos de metros de profundidad.
En marzo de 2025, Posiva anunció que había completado una parte clave del ensayo de disposición final. El quinto y último contenedor de prueba fue encapsulado, inspeccionado y trasladado con éxito al almacenamiento subterráneo, situado a 430 metros de profundidad. Eso sí, durante estas pruebas no se usó combustible nuclear real, sino elementos no radiactivos.
Ese detalle no es menor. En la práctica, Finlandia está ensayando todo el proceso como si fuera real, pero sin el riesgo radiológico del material definitivo. Es como hacer una mudanza milimétrica antes de meter dentro la carga más peligrosa.
La cueva de Finlandia
Onkalo significa «cueva» en finés, aunque el nombre se queda corto. La instalación está en Olkiluoto, en el municipio de Eurajoki, en la costa oeste de Finlandia. Allí, bajo una zona de bosque y roca antigua, se ha construido una red de túneles pensada para funcionar durante cerca de un siglo.
Según Posiva, el complejo alcanza unos 450 metros de profundidad, mientras que el repositorio definitivo se sitúa entre los 400 y los 430 metros. Ya se han excavado unos 10 kilómetros de túneles, pero durante la fase de operación se prevé abrir unos 40 kilómetros más. No es poca cosa.
La capacidad prevista también ayuda a entender la escala. Onkalo podrá alojar unas 6500 toneladas de uranio en forma de combustible gastado, lo que equivale a alrededor de 3250 contenedores finales. La instalación cubrirá unos dos kilómetros cuadrados bajo tierra.
Cobre, arcilla y roca
El sistema se basa en varias barreras. Primero está el propio combustible. Después, el contenedor final, fabricado para resistir durante muchísimo tiempo. Luego entra en juego la bentonita, una arcilla que se hincha con la humedad y ayuda a sellar el espacio alrededor del contenedor.
La última defensa es la roca. Posiva explica que la seguridad se apoya en un principio multibarrera, con barreras artificiales y naturales que se refuerzan entre sí. Si una falla, la siguiente debe seguir cumpliendo su función. Esa es la idea central.
En el fondo, lo que se busca es separar los residuos de las personas, del agua superficial y de la vida cotidiana durante un periodo que cuesta imaginar. No hablamos de años ni de décadas, sino de miles y cientos de miles de años.
Por qué importa tanto
El problema no es solo finlandés. Desde los años cincuenta, el mundo ha producido una enorme cantidad de combustible nuclear gastado. La agencia alemana GRS, citando datos del Organismo Internacional de Energía Atómica, habla de más de 400 000 toneladas de metal pesado generadas en todo el mundo.
Buena parte de ese material sigue en soluciones temporales, como piscinas de enfriamiento o almacenamiento en seco sobre la superficie. Funcionan para décadas. Pero la pregunta incómoda sigue ahí. ¿Qué hacemos cuando el residuo debe aislarse durante más tiempo del que han existido muchos idiomas?
Por eso Onkalo se mira con lupa. Rafael Mariano Grossi, director general del OIEA, calificó el proyecto como «un punto de inflexión» para la sostenibilidad a largo plazo de la energía nuclear. En su visita a Finlandia, resumió la idea con una frase clara. «Todo el mundo conocía la idea de un depósito geológico, pero Finlandia lo hizo».
El punto delicado
Aun así, no todo queda resuelto con bajar el residuo bajo tierra. La seguridad de Onkalo depende de la estabilidad de la roca, de la resistencia de los contenedores, del comportamiento de la arcilla y de la vigilancia regulatoria. Y ahí el calendario no puede mandar sobre la prudencia.
El Ministerio de Asuntos Económicos y Empleo de Finlandia explica que STUK, la autoridad finlandesa de seguridad radiológica y nuclear, debe evaluar si la instalación puede operar de forma segura y también revisar su seguridad a largo plazo. En enero de 2025, el propio regulador reconoció que aún revisaba materiales actualizados y aclaraciones de Posiva.
Edwin Lyman, de la Union of Concerned Scientists, lo expresó con un matiz importante. No hay una opción perfecta para estos residuos, pero la disposición geológica puede ser «la menos mala» entre opciones difíciles. También advirtió de incertidumbres, entre ellas la corrosión futura de los contenedores de cobre.
Un aviso para el futuro
Quizá lo más extraño de Onkalo no sea la ingeniería, sino el tiempo. Los residuos pueden seguir siendo peligrosos durante periodos tan largos que superan cualquier civilización conocida. ¿Cómo se avisa a alguien dentro de 10.000, 50.000 o 100.000 años?
Ese problema ha dado lugar a la llamada semiótica nuclear, una disciplina que estudia cómo dejar advertencias comprensibles para generaciones lejanas. El artista e inventor Martin Kunze ha trabajado en mensajes grabados en placas cerámicas resistentes, pensadas para conservar información durante mucho más tiempo que un papel, una señal metálica o un archivo digital.
Onkalo no elimina el debate nuclear, pero sí cambia una parte de la conversación. Por primera vez, un país está pasando de hablar de una solución definitiva a probarla con una instalación construida, revisada y casi lista para operar. Y eso se nota.
El comunicado oficial sobre el avance del ensayo de disposición final ha sido publicado por Posiva, la empresa responsable del proyecto Onkalo en Finlandia











