Adiós a los apagones: China rompe el reloj eléctrico y apaga los apagones en 0,1 segundos

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Publicado el: 21 de febrero de 2026 a las 07:56
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Subestacion electrica inteligente en China con sistema de deteccion automatica de fallos que evita apagones en 0,1 segundos.

China experimenta estos meses un ensayo a gran escala de un concepto que hace poco sonaba a ciencia ficción. En partes de su sistema eléctrico, un fallo que antes podía dejar sin luz a una ciudad durante horas se corrige ahora en alrededor de una décima de segundo. La nueva tecnología de protección de la red, basada en sensores de alta precisión e inteligencia artificial, detecta la avería, aísla el tramo afectado y restablece el suministro en unos cien milisegundos según medios oficiales y estudios académicos. Pekín la presenta como el futuro de la red «autocurativa» en un momento en que la electricidad se convierte en el eje de la economía global.

El experimento se despliega sobre la red eléctrica más grande del planeta. En 2024, el país consumió cerca de diez billones de kilovatios hora, según datos de la Administración Nacional de Energía china, un volumen que ya supera los diez mil teravatios hora y que crece cada año. Esa demanda equivale aproximadamente a un tercio del consumo mundial de electricidad y se alimenta de un cóctel de fuentes que va desde el carbón y la nuclear hasta gigantescos parques solares y eólicos conectados por líneas de ultra alta tensión. Cada verano, las olas de calor y el auge del aire acondicionado ponen esa maquinaria al límite.

La presión no es exclusiva de Asia. La Agencia Internacional de la Energía advierte de que, hasta mediados de esta década, la demanda global de electricidad crecerá más del doble que el consumo total de energía, impulsada por la electrificación del transporte, la expansión de los centros de datos y el uso masivo de climatización. En otra de sus proyecciones define esta tendencia como la «era de la electricidad», con un sistema energético cada vez más dependiente de redes robustas y flexibles. La incorporación acelerada de energía solar y eólica introduce además una nueva fuente de fragilidad, ya que la producción depende del viento y del sol y obliga a gestionar fluctuaciones mucho más bruscas que en el sistema fósil tradicional.

La solución que impulsa Pekín se apoya en una red densa de sensores que vigilan las líneas de alta y media tensión y en algoritmos de aprendizaje automático entrenados con millones de registros históricos. Un reportaje técnico reciente señala que los dispositivos son capaces de identificar microcorrientes de apenas cien miliamperios, señales que los sistemas clásicos pasaban por alto pero que anticipan fallos peligrosos en cables, transformadores y subestaciones. Esa información permite localizar el origen de la avería con una precisión superior al noventa por ciento y en tiempos medidos en fracciones de segundo, según los ingenieros implicados en el proyecto.

El soporte científico de esta tecnología figura en un artículo publicado en 2025 en la revista especializada Energy Informatics. Sus autores describen un sistema de localización y aislamiento de fallos que combina modelos físicos de la red con algoritmos inteligentes que aprenden patrones de comportamiento de tensión, corriente e impedancia. El objetivo es pasar de una red que se limita a reaccionar cuando algo se rompe a otra que anticipa la anomalía y la corrige de forma automática, minimizando el impacto sobre el usuario final.

La gran novedad está en la velocidad. Según la información divulgada por los medios chinos y recogida por publicaciones internacionales, el sistema actual es capaz de detectar un fallo, aislarlo y restablecer la corriente en una ventana de cien milisegundos, frente a las varias horas que aún necesitan muchas redes convencionales para localizar el punto exacto de la avería. Esa rapidez se apoya en equipos de conmutación digitales repartidos por la red, en comunicaciones casi instantáneas con los centros de control y en una lógica de protección que decide de forma autónoma qué líneas se desconectan y qué rutas alternativas pueden asumir la carga sin colapsar.

Detrás del proyecto figura un consorcio que agrupa a universidades como Tianjin y Shandong, a la compañía estatal State Grid Corporation of China y a fabricantes de equipos y firmas de automatización de la capital. Según la información disponible, las primeras pruebas a gran escala comenzaron hace cerca de una década en redes urbanas de gran tamaño y se han ido extendiendo a líneas de transmisión clave y a sistemas de transporte ferroviario. El Gobierno chino asegura que la tecnología ya se ha exportado a doce países, donde se aplica tanto a la protección de redes eléctricas como a la seguridad de sistemas de señalización y tracción ferroviaria.

El despliegue forma parte de una estrategia más amplia. China utiliza su propio mercado, de una escala sin rival, como laboratorio para fijar estándares tecnológicos globales en campos que van desde los paneles solares hasta la recarga ultrarrápida de vehículos eléctricos. Mientras otros gobiernos centran sus debates en el acceso a minerales críticos o en la producción de baterías, Pekín trabaja para que la arquitectura digital que gobierna la red eléctrica del futuro lleve sello chino. En un contexto de transición hacia economías bajas en carbono, quien controle esa capa de inteligencia podrá influir en cómo y cuándo circula la electricidad, qué tecnologías se priorizan y qué países dependen de qué proveedores.

Para Europa y para España, esa apuesta plantea oportunidades y riesgos. Por un lado, sistemas de protección más avanzados pueden facilitar la integración de más renovables, reducir los costes de los desequilibrios de red y evitar apagones que paralicen hospitales, industrias o servicios públicos. Por otro, delegar el cerebro de la red en soluciones llave en mano procedentes de un solo país abre interrogantes sobre soberanía tecnológica, tratamiento de los datos de consumo y exposición a posibles ciberataques en un sector crítico. La Unión Europea discute desde hace años cómo reforzar sus redes de transporte y distribución para afrontar un horizonte de demanda creciente y de mayor electrificación de la economía.

Quedan además zonas de sombra. Ni los artículos científicos ni los reportajes disponibles detallan con precisión el coste por kilómetro de red protegida ni el impacto final en la factura de los hogares o de las pequeñas empresas. Tampoco existe todavía una evaluación independiente, con datos completos, sobre el comportamiento del sistema en una gran crisis real, más allá de las cifras facilitadas por las propias autoridades chinas. En ingeniería eléctrica se asume que ninguna red está a salvo de eventos extremos, desde tormentas geomagnéticas hasta fallos humanos o ataques informáticos, de modo que la promesa de una red que «nunca colapse» debe leerse con cautela.

La carrera por una red más inteligente y resiliente no es exclusiva de China. Operadores de América y de Europa ensayan desde hace años variantes de redes autocurativas apoyadas en sensores y en mediciones fasoriales sincronizadas, según resúmenes recientes de aplicaciones en redes inteligentes. Ninguno de esos proyectos, sin embargo, ha alcanzado todavía la escala del despliegue chino. El país asiático ha aprovechado el crecimiento de su demanda eléctrica y su posición industrial para convertir su red en un escaparate de innovación y, al mismo tiempo, en una plataforma de exportación tecnológica.

En buena parte del mundo, un apagón urbano sigue siendo sinónimo de velas, generadores diésel y horas de espera hasta que regresa la luz. En las redes protegidas por el nuevo sistema chino, el corte apenas se percibe como un parpadeo de los dispositivos. El salto de las horas a los milisegundos ilustra no solo el avance de una tecnología concreta, sino también la rapidez con la que se transforma la manera de gestionar la energía en la nueva era eléctrica. 

Foto: State Grid


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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