Ciencia

Alemania extrae a 2.537 metros de profundidad en Groenlandia un ejemplar único que confirma una nueva rama de la vida

Descubren en Groenlandia un diminuto animal que obliga a crear una nueva rama evolutiva tras más de 170 años.

Alemania extrae a 2.537 metros de profundidad en Groenlandia un ejemplar único que confirma una nueva rama de la vida

Un equipo internacional de investigadores ha descrito Thalassodoron bathyale, un pequeño copépodo recuperado en la cuenca de Irminger, al sureste de Groenlandia. El animal no encajaba en la única familia conocida de su orden, por lo que los científicos han creado Thalassodoridae. No es una etiqueta menor, supone añadir una rama completa a un grupo estudiado desde el siglo XIX y revisar una clasificación que parecía bien asentada.

El trabajo combina anatomía comparada y análisis de ADN, dos pruebas que apuntan en la misma dirección. Desde 1852, todos los Monstrilloida se agrupaban en la familia Monstrillidae, pero este macho adulto quedó fuera de ese molde. Aun así, solo se conoce un ejemplar, y esa limitación marca todo lo que todavía falta por descubrir sobre su distribución y su forma de vida.

Un hallazgo en la oscuridad

El ejemplar apareció en una muestra epibentónica tomada a 2.537 metros de profundidad, cerca del fondo del Atlántico Norte. Mide 5,72 milímetros y es el segundo monstriloide más grande descrito hasta ahora, únicamente por detrás de Cymbasoma gigas, que alcanza 8,2 milímetros. Para nosotros sigue siendo diminuto, pero dentro de su grupo destaca.

La cuenca de Irminger se encuentra al sureste de Groenlandia, en una zona oceánica difícil de estudiar. Una muestra epibentónica recoge pequeños organismos que viven sobre el fondo o muy cerca de él, de modo que el hallazgo no llegó como una escena de documental con el animal nadando ante la cámara. Apareció entre el material que después fue examinado en el laboratorio, y ahí empezó realmente el descubrimiento.

Un adulto que no come

Los Monstrilloida ya eran extraños antes de este hallazgo. Sus fases larvarias viven como parásitos dentro de otros invertebrados marinos, mientras que los adultos nadan libremente y no se alimentan. Es un cambio de vida radical que también complica relacionar cada adulto con su etapa juvenil.

Su anatomía refleja esa transformación. Los adultos carecen de piezas bucales y de las segundas antenas habituales en otros copépodos, aunque sí conservan anténulas, los primeros apéndices sensoriales de la cabeza. En Thalassodoron bathyale son excepcionalmente largas, muy finas y se orientan hacia atrás.

Por qué necesitó otra familia

Nombrar una especie nueva ya es relevante, pero crear una familia supone subir varios peldaños en la clasificación de los seres vivos. Una familia reúne géneros emparentados y se utiliza cuando las diferencias no caben en las categorías ya disponibles. En términos sencillos, no es descubrir otro primo, sino reconocer una rama familiar que faltaba en el árbol.

Las anténulas no fueron la única sorpresa. El macho presenta dos pequeños apéndices probablemente vestigiales junto a la protuberancia oral y unas quintas patas divididas en dos ramas, algo que no se había observado en otros monstriloides machos. También posee una furca grande en el extremo posterior del cuerpo, una combinación anatómica difícil de encajar en Monstrillidae.

Después llegó la prueba genética. El equipo obtuvo tres secuencias del ejemplar, el marcador mitocondrial COI y los genes ribosomales 18S y 28S, y los análisis lo situaron dentro de Monstrilloida, pero separado de la familia conocida. Cuando la anatomía y el ADN cuentan la misma historia, el argumento gana fuerza, aunque nuevos individuos podrán afinar su posición exacta.

¿Basta un solo ejemplar?

En zoología, una especie puede describirse a partir de un holotipo, el ejemplar que sirve como referencia oficial para su nombre. El Código Internacional de Nomenclatura Zoológica define precisamente el holotipo como ese único individuo de referencia, y el macho estudiado quedó registrado como material tipo. Por tanto, trabajar con un solo animal no invalida por sí mismo la descripción.

Pero una cosa es identificarlo y otra conocer su vida. Un único macho no permite saber cuántos existen, dónde termina su distribución, cómo son las hembras o qué organismo alberga sus larvas. Tampoco demuestra que sea una especie rara, solo que ha sido muestreada muy pocas veces, una diferencia importante cuando hablamos del océano profundo.

El océano aún guarda huecos

La mayoría de los adultos de Monstrilloida conocidos se habían registrado en aguas costeras, de transición o próximas a la superficie. Las aguas profundas parecían un lugar poco probable para encontrarlos porque tienen una capacidad de dispersión limitada y sus etapas parásitas necesitan permanecer cerca de hospedadores del fondo. Este ejemplar amplía de golpe ese escenario ecológico.

¿Qué significa esto para el estudio de la biodiversidad marina? Que los inventarios del océano profundo siguen incompletos y que un animal de apenas unos milímetros puede alterar un árbol evolutivo que parecía estable durante más de 170 años. Antes de medir qué cambia o qué desaparece, hay que saber qué vive allí.

Las preguntas que quedan

Los siguientes pasos pasan por encontrar nuevos individuos. Harán falta hembras, fases larvarias y más ejemplares adultos para conocer su variación, localizar a sus hospedadores y comprobar si Thalassodoridae ocupa una zona pequeña o una parte mucho mayor del Atlántico profundo. El problema es que llevar equipos hasta allí, obtener muestras y repetir campañas requiere tiempo, tecnología especializada y mucha paciencia.

El nombre Thalassodoron bathyale significa de forma aproximada «regalo del mar profundo». Nancy Mercado Salas, investigadora del Instituto Leibniz para el Análisis del Cambio de la Biodiversidad, lo resumió así «Las profundidades marinas aún albergan formas de vida previamente desconocidas para la ciencia». 

El estudio oficial ha sido publicado en PeerJ.

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