Un submarino científico autónomo ha desaparecido bajo un glaciar de la Antártida después de enviar las primeras imágenes detalladas del “mundo del revés” que se esconde bajo una gran plataforma de hielo. Antes de perderse, el vehículo Ran permitió a un equipo internacional de investigadores cartografiar la base de la plataforma de hielo de Dotson, en la Antártida occidental, y descubrir formas que nadie había visto hasta ahora, con consecuencias directas para entender el aumento del nivel del mar.
Un viaje a la cara oculta del hielo
Ran, un submarino de unos siete metros de longitud, pertenece a la University of Gothenburg y fue diseñado para operar sin cables ni comunicación en tiempo real bajo cientos de metros de hielo. En 2022, el equipo lo programó para sumergirse bajo la plataforma de hielo de Dotson, una enorme masa de hielo flotante conectada al sistema glaciar de la Antártida occidental. Durante veintisiete días, el vehículo recorrió más de mil kilómetros bajo el hielo y se adentró unos diecisiete kilómetros en la cavidad que separa el océano de la base del glaciar.
Hasta ahora, los científicos solo podían deducir lo que ocurría allí debajo a partir de satélites y testigos de hielo. La oceanógrafa Anna Wåhlin, autora principal del estudio, resume el salto tecnológico con una imagen muy gráfica y fácil de visualizar, afirma que navegar con Ran bajo la plataforma les permitió obtener mapas de alta resolución del hielo visto desde abajo y que fue “un poco como ver la cara oculta de la Luna”.
Terrazas heladas y formas en lágrima bajo la plataforma de Dotson
Lo que mostraron esos mapas sorprendió incluso a los glaciólogos más veteranos. La base del hielo no es una superficie lisa, sino un paisaje de picos y valles, con mesetas planas, escalones en forma de terrazas y huecos alargados que recuerdan a lágrimas o gotas de agua. Todo tallado desde abajo por el derretimiento basal, es decir, por el hielo que se derrite en contacto directo con el océano.
En la parte oriental y central de la plataforma, Ran detectó estructuras escalonadas, como si el agua hubiera ido comiéndose el hielo capa a capa. En el oeste, en cambio, dominan canales y depresiones más suaves, donde las corrientes parecen haber “raspado” el hielo con más fuerza. Los modelos actuales de fusión de hielo no son capaces de reproducir bien estos patrones tan finos, lo que indica que todavía faltan procesos por incluir en las simulaciones.
El trabajo también muestra que el derretimiento es especialmente intenso en las fracturas que atraviesan todo el grosor de la plataforma. Esas grietas actúan como pasillos verticales por donde el agua relativamente cálida puede concentrar su energía y abrir aún más el hielo. A la larga, son zonas débiles que pueden facilitar la rotura de grandes bloques.
El papel del océano cálido y lo que está en juego para el nivel del mar
La plataforma de hielo de Dotson forma parte del manto de hielo de la Antártida occidental, una de las regiones que más preocupa a los expertos por su posible contribución al aumento del nivel del mar. El océano que baña esta zona recibe intrusiones de Agua Profunda Circumpolar, una masa de agua algo más cálida y salada que se cuela bajo las plataformas y acelera el derretimiento desde abajo.
Según estimaciones previas, solo la plataforma de Dotson habría contribuido en torno a unas centésimas de pulgada al nivel medio del mar global entre finales de los años setenta y la década de dos mil diez. Puede parecer poco, pero cuando se suma al resto de glaciares de la región la cifra empieza a importar para cualquier ciudad costera, desde Valencia hasta Nueva York.
Las nuevas observaciones indican que este derretimiento no es uniforme. Se concentra sobre todo en el flanco occidental de Dotson, donde las corrientes canalizan más calor hacia la base del hielo, mientras que la parte oriental permanece algo más protegida. Entender estos detalles ayuda a afinar los modelos que intentan predecir cuánta agua dulce añadirá la Antártida a los océanos en las próximas décadas.
Un submarino perdido y muchas respuestas por extraer
El trabajo de campo que ha dado lugar a estos resultados se realizó en 2022, pero la historia de Ran no termina ahí. En enero de 2024, el equipo volvió a la región con el objetivo de repetir parte de las inmersiones y comprobar si el patrón de derretimiento había cambiado. Solo pudieron completar una nueva misión antes de que el vehículo dejara de aparecer en el punto acordado de recogida y se perdiera bajo el hielo sin dejar rastro.
La propia Wåhlin reconoce que ver desaparecer al submarino en la oscuridad bajo el glaciar, sin comunicación durante más de un día seguido, era una experiencia sobrecogedora incluso para un equipo con decenas de misiones polares a sus espaldas. Aun así, defiende que la información obtenida compensa el riesgo y recuerda que estas mediciones son clave para entender el futuro del manto de hielo antártico y, en consecuencia, de las costas habitadas en todo el planeta.
En la práctica, ¿qué significa todo esto para quien nunca pisará la Antártida? Que el comportamiento del hielo que se derrite desde abajo, lejos de los satélites y muy lejos de nuestras ciudades, condiciona en buena parte el nivel del mar que verán las próximas generaciones. Cada mapa detallado del “mundo del revés” bajo las plataformas de hielo reduce la incertidumbre de esas previsiones y permite planificar mejor qué se debe proteger y cuándo.
El estudio científico que describe estos nuevos mapas del hielo bajo la plataforma de Dotson ha sido publicado en la revista Science Advances.











