Australia está llevando la lucha contra la sequía a un lugar que casi nadie ve. Frente a Nine Mile Beach, en la zona de Belmont, Hunter Water trabaja en una estructura de captación oceánica situada a unos 800 metros de la costa para alimentar una nueva planta desalinizadora. No es una simple tubería en la arena, sino una obra bajo el lecho marino pensada para convertir agua del océano en agua potable.
La promesa es clara, aunque la ingeniería no lo sea tanto. Cuando esté operativa, la planta desalinizadora de Belmont podrá aportar hasta 30 millones de litros diarios al sistema de Lower Hunter, cerca del 15% de la demanda media diaria de la región. En una zona donde la lluvia no siempre llega cuando hace falta, ese margen puede marcar la diferencia.
Una toma de agua bajo las olas
La pieza que más llama la atención es la toma directa de agua del océano. Hunter Water ha situado una plataforma autoelevable frente a Nine Mile Beach para iniciar las obras marinas, que incluyen la instalación de la estructura de captación y la construcción de un túnel bajo la playa y el fondo marino.
Esa estructura se formará con cajones prefabricados de hormigón, conocidos como caissons, que se colocan en el lecho marino. En la práctica, son grandes piezas que sirven para crear la cámara por la que empezará el recorrido del agua salada hacia tierra firme. Parece sencillo dicho así. No lo es.
La ventaja de este método es que evita abrir una zanja visible en plena playa. La conexión principal irá bajo la arena y bajo el fondo marino, protegida frente al oleaje y lejos del uso cotidiano de la costa. Para quien pasee por la zona, buena parte de la obra importante estará ocurriendo donde no se ve.
El objetivo no es sustituir los embalses
Hunter Water presenta la desalación como una fuente complementaria, no como una sustitución total de las presas, los acuíferos o las medidas de ahorro. El plan de seguridad hídrica de Lower Hunter incluye reducir demanda, aumentar reciclaje, estudiar nuevas fuentes y prepararse mejor para futuras sequías.
En el fondo, lo que busca esta planta es añadir una fuente de agua que no dependa directamente de la lluvia. Eso importa cuando los embalses bajan y las restricciones empiezan a asomar en la vida diaria, desde el jardín hasta la ducha o la factura del agua. Hunter Water calcula que la desaladora podría ayudar a retrasar medidas más duras durante una sequía larga y severa.
La cifra de 30 megalitros diarios suena técnica, pero se entiende mejor así. Un megalitro equivale a un millón de litros, por lo que la planta podría producir hasta 30 millones de litros de agua potable cada día. No resolvería por sí sola todos los problemas, pero sí añadiría un colchón importante.
Cómo se quita la sal
El proceso comienza con el agua de mar entrando por una captación de baja velocidad. Después, el agua pasa por filtros gruesos para retirar partículas más grandes, como arena, y más tarde por membranas ultrafinas antes de llegar a la ósmosis inversa.
En esa fase, el agua se fuerza a alta presión a través de casi mil membranas de ósmosis inversa. Según Hunter Water, alrededor del 42% del agua de mar captada se convierte en agua potable, que después recibe un tratamiento final para cumplir las guías australianas de agua de consumo.
La otra parte no desaparece. Queda como concentrado salino, lo que comúnmente se llama salmuera. Ese punto es importante porque la desalación no es magia, es tecnología con beneficios claros y con impactos que deben gestionarse bien.
El mar también cuenta
La parte ambiental es la que más preguntas despierta. Jennifer Hayes, consejera delegada en funciones de Hunter Water cuando se anunció esta fase, dijo que la empresa trabajaba con John Holland para completar las obras «con una interrupción mínima para los usuarios de la playa y la vida marina».
Hunter Water afirma que la captación tendrá un diseño de baja velocidad para reducir el riesgo de que entren animales marinos en el sistema. También señala que la salmuera se devolverá al océano a través del emisario existente de la planta de tratamiento de aguas residuales de Belmont, con difusores diseñados para dispersarla.
Aun así, aquí conviene no vender humo. Una desaladora consume energía y genera un retorno salino que hay que vigilar. En este caso, Hunter Water indica que el concentrado será aproximadamente el doble de salado que el agua del océano y alrededor de un grado más cálido, antes de ser dispersado para volver a condiciones normales de salinidad y temperatura.
Energía y coste de la obra
La desalación tiene una ventaja evidente, da agua incluso cuando no llueve. A cambio, necesita mucha energía, sobre todo por la presión necesaria en la ósmosis inversa. Por eso, el origen de esa electricidad no es un detalle menor.
Hunter Water plantea instalar paneles solares en cubierta y en suelo para cubrir una parte de la demanda energética de la planta. El resto saldrá de la red eléctrica, con compra de energía renovable para reducir el impacto ambiental del proyecto.
El coste estimado tampoco es pequeño. La empresa calcula unos 530 millones de dólares australianos para diseñar y construir la planta permanente, incluyendo las mejoras necesarias en la red. Las obras comenzaron a finales de 2024 y se espera que duren hasta cuatro años, siempre que el tiempo y la construcción no den grandes sorpresas.
Por qué se eligió Belmont
Belmont fue elegido por varias razones prácticas. Está cerca del océano, puede conectarse al sistema de agua existente, se ubica en terrenos de Hunter Water y, según la compañía, reduce los niveles de impacto y molestias frente a otras alternativas.
También hay un factor de red. Una planta así no solo necesita captar agua y quitarle la sal, también debe enviar el agua tratada a los hogares, comercios e industrias. Por eso, el proyecto incluye nuevas conducciones y mejoras para integrar el agua desalinizada en el sistema regional.
En mayo de 2026, Hunter Water informó de avances importantes. La empresa aseguró que ya había terminado de montar la cúpula de la toma marina, superado los 697 metros de túnel e instalado el sistema para posicionar con seguridad la estructura de captación en el fondo marino. El reloj corre, y la obra ya está en una de sus fases más delicadas.
Lo que hay que vigilar ahora
El proyecto puede ayudar a Lower Hunter a depender menos de la lluvia, pero su éxito no se medirá solo en litros. También contará cómo se controle el consumo eléctrico, cómo se supervise la salmuera, qué molestias sufran los vecinos y si las obras cumplen los plazos previstos.
La desalación no es una solución perfecta, pero puede ser una herramienta útil cuando el clima se vuelve menos previsible. En Belmont, Australia está apostando por una idea muy concreta, llevar el agua del mar por debajo de la playa, tratarla en tierra y convertirla en una reserva estable para los años secos. No es poca cosa.
El comunicado oficial y las actualizaciones del proyecto han sido publicados por Hunter Water.











