Cindy Mora pasó nueve años ahorrando para comprar un terreno en Alajuelita, cerca de San José, en Costa Rica. Cuando logró tenerlo, aún necesitaba una vivienda, y una iniciativa solidaria permitió levantar su hogar con 850 bloques de plástico reciclado en las paredes.
La casa se entregó el 26 de mayo de 2018, aunque su historia ha vuelto a circular años después. El proyecto reunió a Procter & Gamble (P&G), Hábitat para la Humanidad, Urbarium y Ekojunto, y vinculó una necesidad familiar con el aprovechamiento de residuos que podían convertirse en materiales de construcción.
El terreno era solo el principio
Mora trabajaba en tareas de limpieza y quería una casa para ella y su hijo Fabrizio, que tenía seis años cuando se desarrolló el proyecto. El ahorro y un préstamo le permitieron conseguir la parcela, pero quedaba pendiente el dinero necesario para edificar.
“Antes vivía con mis papás en Alajuelita, en un cuarto”, contó a La Teja en 2019. Su testimonio ayuda a entender qué significaba recibir las llaves después de tantos esfuerzos y disponer de un espacio propio para organizar la vida familiar.
Para acceder a la ayuda se valoraron la situación socioeconómica de la familia y las condiciones del terreno. Tener una parcela apta era un requisito, por lo que el esfuerzo previo de Cindy resultó decisivo para que la iniciativa pudiera avanzar.
Bloques que encajan
La solución utilizó el sistema Bloqueplas, suministrado para este proyecto por Ekojunto. Según la información de Urbarium recogida por Alajuelita Soy, las piezas se acoplan unas con otras de una forma comparable a un juego de construcción, lo que facilita el montaje de los muros.
¿Significa eso que basta con apilar residuos para levantar una casa? En este caso se emplearon bloques fabricados para la construcción, y la obra contó con ingenieros, albañiles y maestros de obra que acompañaron a los voluntarios durante los trabajos.
El plástico reciclado tampoco sustituyó todos los materiales del edificio. La vivienda necesitó cimientos, cubierta, puertas, ventanas e instalaciones eléctricas y sanitarias convencionales, un detalle que permite entender mejor qué hay detrás de la expresión “casa de plástico”.
Cuánto plástico se aprovechó
P&G recogió la experiencia en su informe de ciudadanía corporativa de 2018 y estimó que cada una de las viviendas destinadas a Cindy y a otra beneficiaria, Rocío, incorporaba unas siete toneladas de plástico reciclado. Esa es la cantidad aproximada que respalda la documentación de la empresa participante.
Las cifras publicadas por la prensa no coinciden del todo. Teletica habló de 7,5 toneladas en mayo de 2018, mientras que La Teja señaló 2.500 kilos en abril de 2019, por lo que conviene atribuir la estimación a su fuente y evitar presentarla como un pesaje confirmado de forma independiente.
Más allá de esa diferencia, las fuentes coinciden en el empleo de residuos plásticos para fabricar los bloques de la vivienda. Botellas, bolsas y envases encontraron así una aplicación distinta a la que tuvieron cuando salieron por primera vez de una fábrica.
Más de 800 horas de ayuda
La colaboración aportó tanto materiales como trabajo para hacer habitable la parcela. Una noticia de La República publicada en junio de 2018 cifró en más de 800 las horas de voluntariado de empleados de P&G destinadas a esta casa.
Se trata de tiempo acumulado entre participantes, un dato que no permite deducir por sí solo cuántas personas estuvieron en la obra. La crónica de Alajuelita Soy situó el inicio de la construcción el 23 de abril de 2018 y anunció la inauguración para el 26 de mayo.
Las donaciones fueron una parte fundamental de la solución. Por eso, el caso de Cindy muestra el valor de combinar financiación, organización y materiales recuperados, pero no demuestra que cualquier familia pueda pagar una vivienda semejante únicamente por utilizar plástico reciclado.
Lo que demuestra esta casa
El resultado ofrece un ejemplo concreto de cómo dar otro uso a residuos y, al mismo tiempo, atender una necesidad de vivienda. Para la familia, el beneficio fue inmediato y cotidiano al contar con un hogar en el terreno que tanto había costado conseguir.
La cantidad de plástico aprovechado no permite calcular por sí sola el ahorro de emisiones de CO2 de toda la construcción. El apartado del informe dedicado al proyecto no presenta ese balance, así que sería excesivo adjudicarle una reducción concreta o asegurar que su impacto ambiental es nulo.
La experiencia quedó documentada por una de las compañías que la impulsaron. El proyecto fue recogido en el Informe de Ciudadanía Corporativa 2018 de Procter & Gamble, dentro del apartado dedicado a estas viviendas en Costa Rica.
Imagen: Alajuelita Soy












