Ciencia

Científicos de EEUU crean por primera vez una célula sintética desde cero capaz de alimentarse, crecer y replicarse como si estuviera viva

Científicos de EE.UU. crean SpudCell, una célula sintética capaz de crecer, alimentarse y replicarse desde cero.

Científicos de EEUU crean por primera vez una célula sintética desde cero capaz de alimentarse, crecer y replicarse como si estuviera viva

Un equipo de la Universidad de Minnesota afirma haber construido por primera vez una célula sintética capaz de alimentarse, crecer, copiar su ADN y dividirse utilizando componentes químicos conocidos. La han llamado SpudCell y, aunque reproduce un ciclo celular completo, no es una criatura autónoma ni puede sobrevivir por sí sola.

El avance abre una puerta importante para la biología sintética y, a largo plazo, para fabricar medicamentos, materiales o sustancias químicas mediante procesos menos agresivos y menos intensivos en energía. Pero conviene bajar el volumen de la ciencia ficción. El trabajo se difundió el 2 de julio de 2026 como prepublicación y todavía no ha superado la revisión por pares.

Qué han construido

SpudCell es una pequeña esfera rodeada por una membrana de lípidos, parecida en su forma básica a la envoltura de una célula natural. En su interior hay un genoma de unos 90.000 pares de bases y un sistema de producción de proteínas formado por componentes purificados.

Ese sistema utiliza 36 enzimas purificadas y ribosomas procedentes de la bacteria E. coli. El genoma funcional se reparte en siete plásmidos, pequeñas moléculas de ADN separadas que permiten modificar distintas funciones sin tener que rehacerlo todo.

«Hemos replicado en química lo que antes solo era posible en biología», afirmó Kate Adamala, bióloga sintética y responsable del proyecto. Esa es una de las claves del trabajo. Los investigadores conocen qué moléculas hay dentro y en qué cantidad, algo que facilita detectar fallos y diseñar cambios.

Cómo se alimenta

Una célula natural obtiene energía, fabrica buena parte de sus componentes y gestiona sus residuos mediante una compleja red de reacciones. SpudCell todavía no puede hacer todo eso. Necesita que los científicos añadan pequeñas vesículas cargadas de lípidos, ribosomas, enzimas y otras sustancias.

La propia célula produce una proteína que ayuda a unirse a esas vesículas de alimentación. Cuando ambas membranas se fusionan, SpudCell recibe material para crecer y continuar fabricando proteínas. Es una comida preparada y servida desde fuera.

¿Qué significa esto en la práctica? Que la célula puede completar varias etapas asociadas a la vida, pero solo dentro de un entorno muy controlado. Sin ese suministro constante, el sistema se detiene.

Una división distinta

Las células naturales suelen apoyarse en un citoesqueleto, una especie de andamio interno que organiza su forma y participa en la división. Construir esa maquinaria desde cero sigue siendo uno de los grandes obstáculos de la biología sintética.

El equipo tomó un atajo. SpudCell produce proteínas que se acumulan en la membrana hasta generar una tensión mecánica suficiente para que la esfera se separe. No copia exactamente el mecanismo de una bacteria, pero consigue un resultado parecido por otra ruta.

Y eso importa. La biología sintética no siempre intenta imitar cada paso de la naturaleza. A veces busca una solución más sencilla que permita comprender el proceso y, después, controlarlo.

Selección, pero no vida autónoma

Los investigadores introdujeron un cambio genético que aumentaba la producción de la proteína relacionada con la alimentación. Las células que llevaban esa modificación crecieron más deprisa y dejaron más descendencia. Tras cinco generaciones, habían desplazado a las originales.

El experimento muestra selección y competencia en un sistema químico construido desde abajo. Sin embargo, el cambio no apareció mediante una mutación espontánea, sino que fue añadido deliberadamente por el equipo. Por eso no basta para afirmar que SpudCell evoluciona de manera autónoma.

También hay límites muy claros. La célula no fabrica sus propios ribosomas, depende de material externo y suele funcionar durante unas cinco o diez generaciones antes de que su maquinaria se degrade. Después de cinco generaciones, solo alrededor del 30 % de las células hijas conserva el conjunto completo de plásmidos.

Por qué es un avance

Hasta ahora, muchos proyectos de células mínimas partían de organismos vivos y eliminaban genes hasta dejar únicamente los necesarios. SpudCell sigue el camino contrario. Sus componentes se ensamblan desde abajo a partir de moléculas no vivas y previamente identificadas.

Eso ofrece una herramienta para estudiar qué necesita realmente una célula para funcionar. También puede ayudar a investigar cómo la química llegó a organizarse en los primeros sistemas parecidos a la vida, una pregunta que sigue abierta miles de millones de años después del origen de la Tierra.

No es poca cosa. Tener una célula sencilla y conocida pieza por pieza puede facilitar pruebas que serían mucho más difíciles en una bacteria natural, donde millones de interacciones ocurren al mismo tiempo.

Una posible fábrica biológica

La parte más cercana a la sostenibilidad está todavía en el futuro. Los responsables del proyecto imaginan células programables capaces de fabricar medicamentos, materiales y productos químicos a temperaturas biológicas, en lugar de recurrir siempre a procesos industriales que consumen mucha energía.

También se han planteado aplicaciones para capturar carbono o producir compuestos con menos residuos. Pero SpudCell no hace nada de eso hoy. Antes necesita un metabolismo propio, una división más fiable y capacidad para mantener su información genética durante muchas generaciones.

En otras palabras, no estamos ante una solución inmediata para las emisiones ni ante una fábrica verde lista para instalarse. Es una plataforma experimental. La promesa existe, pero el camino será largo.

Seguridad y próximos pasos

En su estado actual, SpudCell depende tanto del laboratorio que no podría reproducirse libremente en el medio ambiente. Necesita ribosomas, nutrientes y moléculas de unión añadidas por los investigadores. Esa fragilidad reduce el riesgo inmediato, aunque no elimina las preguntas futuras sobre bioseguridad.

Cuanto más autónomas y programables sean estas células, más importantes serán el control, la contención y las reglas de acceso. El equipo ha impulsado la organización sin ánimo de lucro Biotic para desarrollar estándares compartidos y facilitar la colaboración internacional.

Ahora toca consolidar los siete plásmidos en un genoma más estable, mejorar el reparto del ADN entre las células hijas y conseguir que el sistema fabrique sus propios ribosomas. También será necesaria la revisión por pares y la reproducción independiente de los resultados.

El estudio ha sido publicado como prepublicación científica en bioRxiv.

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