Las medusas son una de esas visitas que pueden arruinar un día de playa en cuestión de minutos. No hacen ruido, no avisan y, cuando aparecen cerca de la orilla, los bañistas suelen salir del agua con la misma pregunta en la cabeza. ¿Se puede hacer algo sin dañar el mar?
Investigadores de la Universidad de Alicante, junto con la Universitat Politècnica de València, han desarrollado una boya flotante electromagnética pensada para ahuyentar medusas de zonas de baño, desalinizadoras, instalaciones de acuicultura y otras áreas costeras sensibles. La clave está en que no las mata ni las atrapa, sino que modifica de forma temporal su manera de nadar. Y eso cambia bastante el enfoque.
Cómo las aleja
El sistema se basa en algo muy concreto. Las medusas se desplazan mediante pulsaciones de su umbrela, la parte gelatinosa con forma de campana que contraen para mover agua e impulsarse. Al generar campos electromagnéticos, la boya reduce el número de esas pulsaciones y limita su capacidad para mantenerse en una posición cercana al dispositivo.
En la práctica, esto significa que la medusa pierde fuerza para permanecer en la zona protegida. Después, la gravedad y las corrientes marinas hacen el resto, llevándola hacia el fondo, hacia la superficie o fuera del área de acción. Cuando se aleja del emisor, recupera su movilidad completa. No es poca cosa.
La propia Universidad de Alicante resume el objetivo con una idea sencilla. El sistema busca disuadir, no eliminar. Por eso los investigadores lo presentan como una tecnología “inocua y sostenible”, sin residuos y sin daño directo para estos animales marinos.
La boya por dentro
El dispositivo tiene una estructura aparentemente simple, pero pensada para trabajar en el mar. Cuenta con una boya flotante que integra los elementos electrónicos y las fuentes de energía. De ella cuelga una cadena con un peso en el extremo inferior, lo que permite mantener el conjunto en posición vertical dentro del agua.
A distintas profundidades se colocan bobinas y emisores encargados de generar las ondas electromagnéticas. Esa distribución permite actuar en diferentes capas de la columna de agua, algo importante porque las medusas no siempre se concentran en la misma profundidad. A veces están cerca de la superficie y otras pueden moverse más abajo, justo donde hay tomas de agua o zonas de paso.
La ficha tecnológica de la UA señala además que el sistema puede adaptarse según la necesidad de cada zona. No es lo mismo proteger una pequeña captación de agua que una zona amplia de baño en pleno verano, con niños, turistas, socorristas y banderas cambiando de color cada pocas horas.
Adiós a las redes
Hasta ahora, muchas soluciones contra medusas se han basado en barreras físicas, redes, barreras de burbujas o sistemas de alerta temprana. El problema es que las redes necesitan mantenimiento, pueden acumular restos y no siempre son fáciles de instalar cuando el espacio a proteger es grande. Además, pueden afectar al paso de otras especies.
Las alertas también ayudan, claro. Pero avisar de que vienen medusas no es lo mismo que evitar que lleguen a una zona sensible. Es como ver una nube negra acercarse a la playa. Saberlo sirve, pero no impide que caiga la tormenta.
La diferencia de esta boya está en que no levanta una pared física en el mar. Según los investigadores, actúa “únicamente sobre las medusas” y no produce efectos negativos sobre otras especies. Ese es, precisamente, uno de los puntos más interesantes desde el punto de vista ambiental.
No solo para bañistas
El uso más fácil de imaginar está en la playa. Menos medusas cerca de la orilla significa menos riesgo de picaduras, menos sustos y menos cierres temporales de zonas de baño. Para cualquier municipio turístico, eso pesa mucho. Una bandera roja por medusas en agosto no es solo una molestia, también afecta a comercios, hoteles y servicios de la costa.
Pero la tecnología no está pensada solo para bañistas. La Universidad de Alicante señala aplicaciones en áreas de captación de agua, plantas desalinizadoras, instalaciones de acuicultura y otras industrias que trabajan en entornos costeros o necesitan absorber agua marina. En estos casos, el problema no es una picadura, sino una obstrucción.
Cuando se acumulan muchas medusas en una entrada de agua, pueden causar bloqueos y paradas forzadas. Para una playa es un mal día; para una instalación industrial puede ser un problema caro y complejo. Por eso esta boya apunta a un mercado más amplio que el turismo de verano.
Lo que falta por comprobar
La tecnología ya ha sido probada en entornos controlados con varias especies de medusas, según la ficha del portal InnoUA. Es un dato importante, porque no estamos hablando solo de una idea sobre el papel. Aun así, el salto a un uso masivo en playas o instalaciones reales exigirá comprobar su rendimiento en condiciones más difíciles, con oleaje, corrientes, cambios de temperatura, salinidad y mantenimiento diario.
También habrá que ver cómo se integra con los protocolos actuales de seguridad. Aunque una boya así pueda reducir la llegada de medusas, no sustituye a los socorristas, los avisos oficiales ni la prudencia de los bañistas. Si hay bandera o aviso de presencia de medusas, lo sensato seguirá siendo hacer caso.
Otro punto clave será el coste final. La Universidad de Alicante indica que el sistema tendría menor coste y menos mantenimiento que las barreras físicas, porque concentra los principales componentes en la boya y facilita su reparación o sustitución. Pero hasta que haya empresas que lo fabriquen y lo instalen en condiciones reales, esa ventaja tendrá que demostrarse caso por caso.
Patente y futuro
La innovación está protegida mediante solicitud de patente con el título “Sistema de modificación de movimiento de medusas en medios marinos”. La ficha de la Universidad de Alicante recoge el número de solicitud P202530316 y fecha de solicitud del 15 de abril de 2025.
Ahora llega la parte menos vistosa, pero decisiva. La Oficina de Transferencia de Resultados de la Investigación de la UA busca empresas interesadas en su explotación comercial mediante acuerdos de licencia y proyectos de I+D. En otras palabras, falta pasar del laboratorio y la patente a boyas instaladas donde realmente hacen falta.
Si funciona a escala real, esta boya puede abrir una vía distinta para convivir con las medusas. No promete borrar el problema del Mediterráneo ni convertir el mar en una piscina sin riesgos. Pero sí plantea una solución más limpia, selectiva y reversible frente a un fenómeno que cada verano vuelve a estar sobre la mesa.
El comunicado oficial ha sido publicado por la Universidad de Alicante.



