Científicos exploran una cueva a 1250 metros bajo tierra y encuentran microbios capaces de convertir el CO2 en rocas en semanas

Imagen autor
Publicado el: 11 de junio de 2026 a las 12:49
Síguenos
Laboratorio subterráneo de Sanford Underground Research Facility donde científicos estudian microbios capaces de convertir CO₂ en roca.

Un antiguo yacimiento de oro de Dakota del Sur, hoy reconvertido en uno de los laboratorios subterráneos más singulares de EEUU, acaba de colocar sobre la mesa una posibilidad que suena casi de ciencia ficción. En sus aguas calientes, entre rocas y oscuridad total, un equipo de South Dakota Mines y del Sanford Underground Research Facility ha estudiado microbios capaces de ayudar a transformar CO₂ en minerales sólidos.

La clave no está solo en capturar el gas, sino en cambiar su estado para que quede fijado como roca durante mucho tiempo. Y aquí hay un matiz importante. La fuente oficial sitúa el hallazgo a 4100 pies bajo tierra, unos 1250 metros, aunque el propio laboratorio también muestra muestreos en el llamado «1700 Level». No es poca cosa.

Microbios bajo una mina de oro

El escenario ya llama la atención por sí solo. SURF se encuentra en Lead, Dakota del Sur, dentro de una antigua mina de oro que ahora acoge investigaciones en física, geología, biología y otras áreas. Allí, donde no llega la luz y el agua se mueve por fracturas de roca, viven organismos que han aprendido a sobrevivir con muy poco.

Estos microbios pertenecen al grupo de los extremófilos, seres capaces de vivir en condiciones que para otros organismos serían casi imposibles. Calor, presión, acidez o falta de alimento no son un obstáculo tan claro para ellos. En la práctica, esa resistencia es justo lo que interesa a los investigadores.

La doctora Tanvi Govil, profesora asistente en South Dakota Mines, lo resumió al hablar del descubrimiento. Según explicó, encontrar vida en esas rocas profundas fue «emocionante», porque SURF guarda microbios extraordinarios capaces de sobrevivir sin luz, con poco alimento y con muy poco espacio.

Cómo convierten el CO₂ en piedra

El proceso que se está estudiando se conoce como mineralización del carbono. Dicho de forma sencilla, consiste en hacer que el CO₂ deje de comportarse como un gas que puede escapar y pase a formar parte de un mineral estable. Algo parecido a encerrar el carbono en una caja de piedra.

El trabajo inicial mostró que estos microbios pueden acelerar una reacción que, en la naturaleza, tarda años. El comunicado de SURF señala que el proceso pasó de escalas de varios años a unas pocas semanas, y la investigación anterior describió la formación de magnesita en solo diez días en ensayos con actividad microbiana.

¿Por qué importa esto? Porque almacenar CO₂ bajo tierra no siempre es tan simple como cerrar una puerta. Si se inyecta como gas, puede haber riesgos de fuga por fallas geológicas o cambios de presión. Convertirlo en carbonato reduce ese problema, porque el carbono queda ligado a una forma mineral mucho más estable.

Del subsuelo a las chimeneas

Lo más nuevo del trabajo es que Govil y su equipo ya no piensan solo en llevar el CO₂ al subsuelo. La idea que están desarrollando busca usar enzimas derivadas de esos microbios para capturar emisiones directamente en instalaciones industriales, antes de que salgan al aire.

El planteamiento es relativamente fácil de imaginar. Las emisiones de una central o de una fábrica pasarían por un depósito con una solución enzimática. Allí, el CO₂ reaccionaría hasta convertirse en carbonato cálcico, un mineral que podría venderse después como aditivo para hormigón u otros usos industriales.

Govil explicó que los ensayos de laboratorio se han hecho con gases de combustión y cenizas de carbón aportadas por industrias locales. Es un detalle importante, porque no es lo mismo trabajar con CO₂ limpio en un matraz que con gases reales, calientes y cargados de impurezas. Y eso se nota.

La parte difícil

Los gases de una fábrica no son precisamente un ambiente cómodo. Pueden tener altas temperaturas, presión elevada y acidez. Merle Symes, director ejecutivo de Carb-N0, la empresa creada para llevar esta tecnología al mercado, lo dijo de forma muy gráfica al señalar que esos gases son «bastante desagradables».

Ahí entra la ventaja de estos microbios. Como han evolucionado en ambientes extremos, sus enzimas podrían aguantar mejor donde otras soluciones biológicas fallarían. Pero todavía falta demostrar que ese rendimiento se mantiene fuera del laboratorio, con caudales continuos y condiciones cambiantes.

También hay que poner el hallazgo en su sitio. Esta tecnología no elimina por sí sola el problema climático, ni sustituye la reducción de emisiones, la eficiencia energética o las renovables. Puede ser una herramienta más para instalaciones industriales con gases de combustión difíciles de tratar.

Un mercado en plena carrera

El interés no es solo científico. La captura y almacenamiento de carbono mueve cada vez más dinero porque muchos países y empresas buscan formas de reducir sus emisiones. Según Fortune Business Insights, el mercado global de captura y secuestro de carbono fue valorado en 4510 millones de dólares en 2025 y podría llegar a 19 980 millones en 2034.

Esto explica que el equipo quiera probar pronto un sistema piloto. Govil señaló que una unidad móvil podría capturar casi una tonelada de CO₂ al día, lo suficiente para demostrar la tecnología con distintos socios industriales y comprobar si el modelo funciona fuera del entorno controlado del laboratorio.

El objetivo, según el comunicado, es seguir probando la tecnología este año y lanzar la producción de enzimas en 2027. Es un calendario ambicioso. Pero si el sistema funciona, permitiría llevar la captura de carbono a fábricas concretas sin depender siempre de grandes infraestructuras subterráneas.

Qué puede pasar ahora

El siguiente paso será comprobar si las enzimas pueden fabricarse a escala, transportarse y trabajar de forma estable durante largos periodos. También hará falta medir costes, consumo de energía, mantenimiento y calidad del carbonato obtenido. En este tipo de soluciones, el detalle pequeño puede decidirlo todo.

Aun así, el hallazgo abre una vía curiosa y prometedora. En vez de ver la vida subterránea como una rareza escondida bajo una vieja mina de oro, los investigadores la están tratando como una posible aliada contra las emisiones industriales. No como una varita mágica, sino como una pieza más del puzle climático.

El comunicado oficial sobre esta investigación ha sido publicado por el Sanford Underground Research Facility.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

Deja un comentario