Energía

Un austriaco monta su propia central energética en su casa con 70 paneles solares repartidos por la fachada, tejado y jardín: ahora tiene una casa 100% autosuficiente y no ha vuelto a pagar luz

Un ingeniero logra una casa 100% autosuficiente con más de 70 paneles solares y deja de pagar la factura de la luz.

Un austriaco monta su propia central energética en su casa con 70 paneles solares repartidos por la fachada, tejado y jardín: ahora tiene una casa 100% autosuficiente y no ha vuelto a pagar luz

Una vivienda de 165 metros cuadrados situada en St. Gilgen, en la región austriaca de Salzburgo, funciona desde 2018 sin conexión a la red eléctrica pública. Su propietario, el ingeniero Klaus Strasser, asegura que combina más de 70 módulos fotovoltaicos, baterías, una bomba de calor y un equipo de agua caliente para cubrir el consumo energético de la casa durante todo el año.

El proyecto apunta a que la autosuficiencia total es técnicamente posible, incluso en un lugar donde el invierno pone a prueba cualquier instalación solar. Pero hay una conclusión igual de importante. No es una receta que pueda copiarse contando paneles, porque el reportaje no publica la potencia instalada, la capacidad de las baterías, el consumo anual ni un balance independiente de generación y demanda.

Una idea nacida en la universidad

Strasser heredó el terreno en 2017 y decidió convertir en una vivienda real una idea que ya había estudiado en su trabajo de fin de carrera. Su objetivo, explicó, era levantar una casa completamente autosuficiente. Un año después, según su relato, dejó de depender de la red eléctrica.

Los módulos no están únicamente en el tejado. También ocupan parte de la fachada y del jardín, con orientaciones elegidas para aprovechar mejor la radiación disponible. La electricidad generada pasa a un conjunto de baterías diseñado por el propio ingeniero, que permite alimentar los equipos domésticos, la calefacción y el agua caliente.

Hay un matiz que conviene no perder. La información original señala que Strasser ha solicitado patentar la configuración concreta de los módulos, no que la patente ya haya sido concedida. Parece un detalle pequeño, pero marca la diferencia entre presentar una solicitud y disponer de un derecho reconocido.

El invierno era el examen

En una casa aislada de la red, una tarde nublada no puede resolverse comprando electricidad a una comercializadora. Y en invierno ocurre justo lo más incómodo, la producción solar suele bajar mientras aumentan la demanda de calefacción y las horas de iluminación.

«No tengo que pasar frío en invierno ni ducharme nunca con agua fría», afirmó Strasser. También sostiene que genera suficiente electricidad como para regalar excedentes durante casi todo el año, salvo en diciembre y enero. Eso no significa necesariamente que se quede sin energía en esos dos meses, sino que entonces desaparece el margen sobrante.

La batería desplaza la energía del mediodía a la noche, pero no crea electricidad. En la práctica, estos equipos domésticos resuelven sobre todo diferencias de horas, no el salto completo entre el verano y el invierno. La bomba de calor ayuda a contener la demanda, ya que suele entregar alrededor de tres unidades de calor por cada unidad de electricidad consumida, aunque su rendimiento depende del tipo de equipo y de la temperatura exterior.

Setenta paneles no lo explican todo

Decir que una casa tiene más de 70 paneles llama la atención, pero no permite saber cuánto produce. Para entender realmente la instalación harían falta los kilovatios pico totales, los kilovatios hora útiles de las baterías, las pérdidas del inversor, las sombras, las orientaciones y la producción registrada mes a mes.

También faltan datos sobre el otro lado de la ecuación, como el consumo de la vivienda, su aislamiento, la temperatura interior elegida y la posible existencia de un equipo de emergencia. ¿Podría repetirse el resultado en una casa antigua o mal aislada? Sin esa información no es posible comprobarlo de forma independiente.

La asociación Photovoltaic Austria recuerda que el grado de autonomía indica qué parte de toda la demanda energética cubre la instalación solar. No es lo mismo que el autoconsumo, que mide qué proporción de la electricidad producida se utiliza en la propia vivienda. Y ahí está la diferencia entre reducir mucho la factura de la luz y cortar por completo el cable.

Los 70.000 euros y la letra pequeña

Strasser cifra en cerca de 70.000 euros el coste de desarrollar su solución eléctrica, además de muchas horas de trabajo propio. Según los cálculos dinámicos que realizó, la inversión debería amortizarse en unos 15 años. Es una previsión del propietario y el reportaje no aporta una auditoría económica independiente.

Para valorar esa cuenta habría que conocer cuánto costaron las baterías, qué vida útil se ha supuesto, si habrá sustituciones y qué gastos de financiación o mantenimiento se han incluido. También importa el valor del trabajo realizado por él mismo. Cuando esa mano de obra pasa a una empresa instaladora, la factura cambia.

En España, además, desconectarse no es la única manera de ganar independencia. El autoconsumo con excedentes puede acogerse a compensación simplificada cuando cumple los requisitos y la potencia de generación no supera los 100 kW. Para muchas familias, mantener la red como respaldo permite aprovechar los excedentes y evita comprar una batería enorme únicamente para cubrir unos pocos días difíciles.

Qué debe mirar una familia

El primer paso no es preguntar cuántos paneles caben en el tejado. Conviene reunir las facturas de todo un año, revisar a qué horas se consume más y añadir los usos previstos, como una bomba de calor, un coche eléctrico o más aire acondicionado durante ese calor pegajoso que ya todos conocemos.

Después toca estudiar las sombras, la radiación durante el invierno, la potencia necesaria y la capacidad útil del almacenamiento. El programa austriaco klimaaktiv advierte de que el tamaño óptimo de una batería depende mucho del consumo y del uso previsto. Si se queda corta no cubrirá las necesidades, pero si es demasiado grande encarecerá el proyecto sin aprovecharse bien.

También merece la pena reducir primero la demanda. Mejorar el aislamiento y evitar pérdidas de calor permite mantener el mismo confort utilizando menos electricidad, mientras que las bombas de calor pierden eficiencia cuando deben trabajar con temperaturas de impulsión muy elevadas. En la práctica, ahorrar un kilovatio hora suele ser más sencillo que producirlo y guardarlo en pleno enero.

Un laboratorio doméstico

Strasser describe su casa como «un laboratorio vivo» porque continúa ajustando y mejorando el conjunto. Esa experiencia, mantenida desde 2018, tiene valor. Ilustra lo que puede conseguirse cuando la producción solar, el almacenamiento, la calefacción y los hábitos de consumo se diseñan como una sola pieza.

Pero el dato más importante no es el número 70. Es la planificación completa y, sobre todo, la capacidad de superar los peores días del año sin perder confort. No es poca cosa.

El reportaje original que recoge las declaraciones y los datos del proyecto ha sido publicado en Kronen Zeitung.

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