Hace 16 años transformaron una finca de 7.000 metros en un hogar autosuficiente con placas solares y pozo propio; desde entonces no han pagado ni una factura de luz ni agua

Publicado el 5 de septiembre de 2026 a las 19:47
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Finca autosuficiente con placas solares, huerto y vivienda construida con materiales naturales

Cuando Boris y Rosa llegaron a su finca, el terreno estaba lleno de zarzas, lleno de árboles y no había ni una sola construcción para poder vivir. Dieciséis años después, es el hogar que comparten con su hijo Riu y su perro Pupi, una casa levantada poco a poco a base de materiales reciclados y lo que iban encontrando por la propia parcela.

La propiedad no está conectada a las redes normales de agua ni de electricidad. El agua la sacan de un pozo y la luz la consiguen con placas solares y baterías, y aun así reconocen que eso de la autosuficiencia completa sigue siendo bastante complicado.

Una finca levantada desde cero

La pareja cuenta que ha levantado más de cuatro cabañas usando técnicas de bioconstrucción. Usan tierra, materiales reutilizados y lo que hay en la propia finca para no tener que andar comprando cosas nuevas.

Han hecho falta años de trabajo para ver los resultados. Ahora, Boris y Rosa comparten todo lo que han aprendido en su proyecto Permacultura por la Tierra, donde también meten a su hijo.

Agua de pozo y electricidad solar

«No nos llega ningún cable, ni tubo, ni nada», explica la pareja. El pozo ya venía con la finca cuando la compraron, y las placas con las baterías les dan la luz sin tener que engancharse a la red de siempre.

Eso sí, no significa que no haya gastos. Poner placas solares exige soltar un dinero al principio, necesita mantenimiento y, con el tiempo, te toca cambiar componentes, sobre todo las baterías.

En el documental tampoco se dan datos para saber si el agua del pozo tiene análisis hechos o cómo está el tema de los papeles.

La comida sigue siendo el reto

Boris y Rosa cultivan parte de lo que comen y tienen gallinas para los huevos. Quieren meter más animales con el tiempo, pero no se esconden y reconocen que parte de la comida la siguen comprando en el supermercado.

Y este detalle es la clave por la que no se puede hablar de autosuficiencia total. Han conseguido no depender del agua ni de la luz de la red, pero siguen necesitando el exterior para comer.

Qué tiene que ver la permacultura

La permacultura es bastante más que plantar un huerto. Lo que busca es diseñar la casa, la comida, el agua y la energía como partes de un mismo sistema que se ayudan entre sí.

Sus principios de siempre son cuidar la tierra, cuidar a las personas y repartir las cosas de forma justa. En la finca esto se traduce en reutilizar materiales, sacar sus propios recursos y enseñar lo que saben.

Además, hace año y medio empezaron a abrir las puertas de la finca a gente de fuera, y montan encuentros y talleres sobre bioconstrucción y vida rural.

Una vida con menos dependencia

Boris no quiere vender su experiencia como si fuera una independencia total de todo. «Siempre hay que depender de algo», reconoce, pero cree que sí es posible intentar ser «un poquito más libre».

Lo que demuestra esta finca es lo que se puede conseguir con años de curro, no que irse a vivir desconectado sea algo fácil o que salga gratis.

El terreno que tengas, el dinero, el clima, las horas de trabajo y las leyes marcan del todo este tipo de vida. En su caso, no se trata de aislarse del mundo por completo, sino de depender un poco menos de él.

El documental original se ha publicado en el canal de YouTube de Arnau Serradó.

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