Una gran depuradora en Jundiaí, en el estado brasileño de São Paulo, recibe aguas residuales de casas, de comercios e industria, para recuperar sus residuos y usarlos como fertilizantes.
Tiene la capacidad para alcanzar picos de 2.520 litros por segundo, el equivalente a 217,7 millones de litros cada día, pero realmente, ese ritmo no se mantiene las 24 horas del día, y la media se sitúa en 1.100 litros por segundo, unos 95 millones de litros cada 24 horas. Elimina cerca del 96% de la carga orgánica.
Una planta preparada para los picos
La ETEJ, así se le conoce a la Estación de Tratamiento de Aguas Residuales de Jundiaí, lleva en funcionamiento desde 1998, y está diseñada para tratar 1.530 litros por segundo de forma regular, pero permite picos de 2.520 litros cuando más actividad existe.
Toda la planta tiene capacidad para procesar hasta 90 toneladas diarias de materia biodegradable, el equivalente a la carga que generan 1,67 millones de habitantes, pero obviamente, no atiende a esa población.
Bacterias que limpian el agua
El inicio del proceso comienza con unas rejillas colocadas para retirar los plásticos, telas y otros residuos sólidos, y después, se separa la arena antes de que se inicie el tratamiento biológico del agua. Después hay instalados miles de difusores encargados de aportar oxígeno a unas bacterias que se alimentan de la materia orgánica que se encuentra en las aguas residuales. Tras airearse, los microorganismos y otros sólidos se depositan en el fondo donde acaban formando el lodo.
Con este proceso, se logra eliminar el 96% de la carga orgánica según los datos aportados por la propia instalación.
Del lodo al fertilizante
Después comienza la extracción del lodo y se pasa por una centrifugadora para que retire parte del agua. Unas 3.500 toneladas de este material deshidratado, se envían cada mes al compostaje,
Allí se mezcla con restos de poda, bagazo de caña de azúcar, corteza de eucalipto y otros residuos orgánicos. Los microorganismos se encargan de elevar la temperatura durante 30 días con temperaturas por encima de los 55 grados, lo que ayuda a que el material sea más higiénico.
El Ministerio de Agricultura brasileño tiene clasificado el resultado final obtenido como fertilizante orgánico compuesto de clase B, permitiendo su uso para diferentes tipos de cultivos, como cítricos, soja, caña de azúcar, café o plantaciones forestales.
Depurar también consume energía
Este proceso no se hace solo, hacen falta bombas, aireación y centrifugadoras. El consumo aproximado, según datos aportado por la empresa, son de 1.900 megavatios hora de electricidad a lo largo de un mes.
También se encarga de controlar los vertidos de carácter industrial, con el objetivo de mantener los niveles bajos de metales pesados y así cumplir con la normativa. Sobre biosólidos.
Como resultado, tenemos mucho más que un agua residual que se limpia para regresar al medio ambiente, también se recuperan parte de los residuos después del tratamiento que terminan convirtiéndose en fertilizantes.
La información oficial se ha publicado en la web de la Companhia Saneamento de Jundiaí.



