Sandra y José tenían un piso moderno, una empresa propia y una situación económica cómoda en Girona. Sin embargo, no se sentían satisfechos y varias escapadas a la naturaleza terminaron empujándolos hacia un cambio completo de vida.
Más de tres años después viven en el campo con sus cuatro hijos y buscan producir o gestionar por su cuenta parte de los recursos que necesitan. Aunque utilizan internet, compran ciertos alimentos y sus actividades profesionales son digitales.
De Girona al cortijo
La pareja fue pasando cada vez más tiempo en el campo hasta abandonar su piso y trasladarse a una casa vinculada a la abuela de Sandra, situada en Jaén y a casi 1.000 kilómetros de Girona.
El cortijo tenía poco más de 40 metros cuadrados y llevaba años sin utilizarse, no tenía de electricidad, agua corriente ni conexión a internet. José afirma que «nosotros no buscamos la autosuficiencia, sino que ella nos encontró a nosotros».
Placas solares y agua de lluvia
La electricidad procede de placas solares y la familia intenta mantener un consumo reducido, y durante la noche, dejan conectada la nevera, apagan el wifi, y limitan determinados electrodomésticos.
También utilizan luz roja durante la noche para alterar menos el ritmo circadiano. La investigación científica respalda que reducir la exposición nocturna a luz intensa, especialmente azul, ayuda a evitar alteraciones de este reloj biológico.
El agua también condiciona aún más su rutina, ya que no tienen pozo ni una fuente natural propia, así que recogen y almacenan agua de lluvia, por lo que tienen que administrar las reservas durante el tiempo que no cae gota.
No producen todo lo que comen
La alimentación muestra uno de los límites de su modelo. Sandra y José compran parte de los productos que consume la familia y priorizan su calidad frente a otros gastos.
Por tanto, su autoabastecimiento es parcial. Han reducido la dependencia de determinados servicios, pero continúan necesitando recursos procedentes del exterior.
Internet sigue formando parte de sus vidas
José trabaja es escritor y programador, mientras Sandra centra parte de su actividad en la maternidad, la vida en la montaña y la educación en casa. Sus perfiles sumaban más de 400.000 seguidores a comienzos de agosto de 2026.
También gestionan una comunidad y ofrecen contenidos relacionados con autoabastecimiento, economía doméstica, bienestar y crianza.
Una vida diferente, no aislada
La familia educa además a sus hijos en casa. En España, la enseñanza básica es obligatoria entre los seis y los dieciséis años, aunque no trascienden los detalles concretos sobre la situación legal de sus hijos.
Su experiencia tampoco supone una independencia absoluta, compran alimentos, utilizan internet y participan de lleno en la economía digital.
Este cambio les ha permitido ganar contacto con la naturaleza y cambiar por completo su relación con el consumo, pero también implica responsabilidad al gestionar continuamente el agua, la luz y el mantenimiento de la finca. No han eliminado los problemas de una vida cotidiana, Sandra y José simplemente han decidido cambiar unos por otros para construir el tipo de vida que deseaban.
El vídeo se ha publicado en el canal de Arnau Serrado en Youtube.










