Bajo el suelo de un antiguo barrio de Senon, en el noreste de Francia, los arqueólogos encontraron tres grandes recipientes de cerámica relacionados con decenas de miles de monedas romanas. El Instituto Nacional de Investigaciones Arqueológicas Preventivas de Francia presentó los primeros resultados el 26 de noviembre de 2025. Las estimaciones realizadas a partir del peso apuntan a que el conjunto podría superar las 40.000 piezas, aunque el recuento definitivo todavía no está cerrado.
La cantidad impresiona, pero lo más interesante no es solo el número. La forma en que estaban colocadas las vasijas indica que quizá no eran un tesoro escondido a toda prisa, sino una especie de hucha o caja fuerte accesible para guardar y retirar dinero con el paso del tiempo.
Una obra reveló el yacimiento
El descubrimiento salió a la luz durante una excavación preventiva vinculada a la ampliación de una vivienda. El Instituto Nacional de Investigaciones Arqueológicas Preventivas de Francia (INRAP) estudió una parcela de 1.500 metros cuadrados en Senon, dentro del departamento de Mosa y la región de Grand Est.
Hoy es una localidad pequeña, pero en la Antigüedad fue una de las principales poblaciones de los mediomátricos, un pueblo galo cuya capital se encontraba en Metz, entonces llamada Divodurum. Bajo la parcela apareció una auténtica crónica urbana, con restos que abarcan desde mediados del siglo II a. C. hasta aproximadamente mediados del siglo IV d. C.
Las cifras del hallazgo
La primera vasija contenía unos 38 kilogramos de monedas. Vincent Geneviève, numismático del INRAP encargado de estudiar los depósitos, calcula que esa cantidad equivale a entre 23.000 y 24.000 piezas.
El segundo recipiente y su contenido pesaban alrededor de 50 kilogramos. A partir de unas 400 monedas recuperadas en el cuello roto, los especialistas estiman que podría guardar entre 18.000 y 19.000 más, mientras que del tercer recipiente solo quedaron tres monedas en la fosa después de que fuera retirado en la propia Antigüedad.
Por eso conviene hablar de una estimación y no de un inventario definitivo. El propio INRAP advierte de que el estudio acaba de comenzar y que todavía faltan la limpieza, la clasificación y el análisis detallado de miles de piezas. No es poca cosa.
Más hucha que tesoro
«No es seguro que se trate de tesoros escondidos durante un periodo de inseguridad», explica el INRAP. Las vasijas fueron colocadas de forma vertical en fosas bien preparadas y sujetas con piedras, una disposición demasiado cuidada para parecer una ocultación improvisada.
Además, sus cuellos quedaban muy cerca del nivel del suelo de las habitaciones. En dos casos aparecieron monedas adheridas a la parte exterior de los recipientes, señal de que se añadieron después de colocar las vasijas y antes de que la tierra terminara de cubrir la fosa.
¿Qué significa esto en la práctica? Los propietarios podían acceder al dinero sin desenterrar todo el recipiente, como quien guarda ahorros en un lugar conocido de la casa. Los arqueólogos estudian si se trataba de una gestión familiar, comercial o incluso administrativa, pero todavía no hay una respuesta cerrada.
Un barrio acomodado
El contexto ayuda a entender por qué había tanto dinero bajo aquellas viviendas. La excavación reveló al menos tres casas distribuidas junto a dos calles pavimentadas, con suelos de hormigón de cal, bodegas, hornos, hogares, patios y sistemas de calefacción por debajo del suelo conocidos como hipocaustos.
Los pequeños objetos y la calidad de las construcciones apuntan a una población relativamente acomodada, quizá formada por artesanos o comerciantes. El barrio se encontraba cerca de la plaza pública de la ciudad, donde se levantaban templos, termas y un teatro. No era un rincón aislado, sino una zona urbana con actividad diaria.
Monedas de una época inestable
La datación preliminar sitúa los depósitos entre los años 280 y 310 d. C. Entre las piezas aparecen monedas con los rostros de Victorino, Tétrico I y Tétrico II, gobernantes del llamado Imperio Galo, que controló la Galia y otras provincias al margen del poder central de Roma entre los años 260 y 274.
Que una moneda muestre a uno de esos emperadores no significa necesariamente que fuera enterrada durante su reinado. La fecha de acuñación y la fecha del depósito no tienen por qué coincidir, por lo que el análisis deberá ordenar las emisiones y localizar las piezas más recientes. Ahí está una de las claves.
Dos incendios y un olvido
A comienzos del siglo IV, un incendio afectó de forma generalizada a este sector de Senon. El barrio fue reconstruido después, con materiales reutilizados procedentes tanto de las viviendas destruidas como de edificios públicos que ya parecían abandonados.
La ocupación continuó durante unas décadas, pero otro gran incendio puso fin al barrio hacia mediados del siglo IV. Las vasijas quedaron olvidadas bajo los nuevos niveles de suelo y los escombros, donde permanecieron durante más de 1.700 años. El fuego destruyó las casas, pero también ayudó a congelar una parte de su historia.
Lo importante está en el contexto
En el departamento de Mosa se conocen alrededor de treinta depósitos monetarios antiguos, por lo que la existencia de muchas monedas no es lo único excepcional. La gran ventaja de Senon es que los recipientes aparecieron dentro de su contexto arqueológico, con su posición, su relación con las habitaciones y las capas de destrucción todavía documentables.
Esa información permite reconstruir cómo se guardaba el dinero y por qué pudo quedar abandonado. También recuerda el daño que causa el expolio, porque una moneda sacada sin registrar su lugar exacto pierde buena parte de la historia que podía contar.
Ahora los especialistas deberán identificar las emisiones, precisar las fechas y comprobar si los tres depósitos formaban parte de una misma forma de gestionar el dinero.
La nota oficial sobre la excavación ha sido publicada por el Instituto Nacional de Investigaciones Arqueológicas Preventivas de Francia.



