Almería parece inmóvil cuando caminamos por sus calles, conducimos por la costa o miramos la sierra desde la ciudad. Sin embargo, la estación geodésica ALME ha acumulado un desplazamiento horizontal de 0,608 metros entre diciembre de 1999 y septiembre de 2024, en línea con un avance general de unos 2,5 centímetros al año hacia el noreste observado en las estaciones españolas analizadas. No es poca cosa, aunque nadie pueda sentirlo.
La cifra necesita una explicación importante. Ese recorrido no significa que Almería esté deslizándose sola ni que anuncie un terremoto cercano, ya que refleja en gran medida un movimiento compartido a escala regional dentro de un marco global de coordenadas. Para estudiar el peligro sísmico, los científicos miran después diferencias mucho más pequeñas, de hasta unos 2 milímetros anuales en las Béticas Orientales.
Un viaje de 61 centímetros
La estación ALME comenzó su serie el 4 de diciembre de 1999. El estudio examinó 8.739 posiciones válidas durante 24,8 años y calculó un desplazamiento acumulado de 0,6083 metros, con una dirección claramente orientada hacia el noreste.
Conviene afinar el titular. Lo que se ha medido es el movimiento de un punto geodésico estable situado en Almería, no el de cada parcela de la provincia por separado. Esa estación funciona como una señal fija de enorme precisión y permite seguir el terreno durante años sin depender del GPS corriente de un teléfono móvil.
Cómo se mide lo invisible
Los receptores GNSS utilizan señales de sistemas como GPS, Galileo, GLONASS y BeiDou para calcular posiciones con gran precisión. El Instituto Geográfico Nacional mantiene una red de más de 120 estaciones permanentes, entre ellas ALME, que registra datos horarios y diarios y forma parte de la infraestructura geodésica española.
Después llega la parte paciente. Los investigadores comparan miles de posiciones, corrigen discontinuidades y estudian tanto el desplazamiento acumulado como la media de los primeros y últimos días de la serie. Además, contrastan sus resultados con las velocidades publicadas por EUREF para comprobar que la tendencia no sea un simple ruido estadístico.
España avanza en bloque
El análisis publicado en Scientific Reports encontró una dirección muy parecida en las estaciones permanentes seleccionadas dentro de España. Los autores hablan de una «clara tendencia direccional» y sitúan la media en 69,27 micrómetros al día, equivalentes a 2,53 centímetros al año, con un rumbo de unos 41 grados hacia el noreste. En términos cotidianos, es aproximadamente un milímetro cada 14 días.
¿Significa eso que las ciudades se acercan de manera peligrosa unas a otras? No. La mayor parte de este movimiento es compartida a escala regional y solo se aprecia cuando las coordenadas se comparan con un sistema de referencia global durante muchos años. Es como viajar dentro de un tren muy suave sin notar la velocidad hasta mirar por la ventana.
Los milímetros decisivos
Aquí está la diferencia que más importa. Una cosa es el desplazamiento general de unos 25 milímetros al año y otra la deformación interna entre puntos cercanos, que muestra dónde la corteza se comprime, se estira o se desplaza de forma desigual. En las Béticas Orientales, el nuevo conjunto de datos sitúa esas velocidades relativas entre 0 y 2 milímetros al año, con una orientación dominante entre el norte noroeste y el sur sureste respecto a la Eurasia estable.
Parecen cifras minúsculas, pero acumuladas durante décadas ayudan a reconstruir la actividad de las fallas. Un estudio de 2025 calculó, por ejemplo, hasta 1,3 milímetros anuales de movimiento lateral izquierdo y 0,6 milímetros de componente inversa en sectores de la falla de Alhama de Murcia, mientras que la falla de Palomares mostró valores menores. Y ahí está la clave.
Qué revela sobre los terremotos
El sureste peninsular se encuentra en una zona tectónica compleja, marcada por la convergencia lenta entre Nubia y Eurasia y por varias fallas activas. Los datos GNSS permiten estimar cómo se reparte esa deformación, qué sectores parecen más bloqueados y dónde conviene mejorar los modelos de peligrosidad sísmica.
Pero estos instrumentos no ponen fecha al próximo seísmo. El propio Instituto Geográfico Nacional recuerda que no existe un método capaz de predecir a la vez el momento, el lugar y la magnitud de un terremoto. Lo que sí puede hacerse es conocer mejor el terreno, actualizar los mapas y apoyar las medidas de prevención y construcción sismorresistente.
Casi tres décadas de vigilancia
El conjunto específico de las Béticas Orientales reúne observaciones de campañas realizadas entre 1997 y 2024. Los archivos se han publicado en el formato estándar RINEX, utilizado para intercambiar observaciones GNSS, y se dividen en tres grandes grupos de datos. Esto facilita que otros equipos revisen los cálculos, comparen métodos y actualicen las velocidades cuando haya nuevas campañas.
Esa continuidad cambia mucho las cosas. Una serie corta puede confundir una variación estacional, una avería o un cambio de antena con una señal tectónica, mientras que casi tres décadas permiten separar mejor el ruido del movimiento persistente. La ciencia avanza despacio en este caso, casi al mismo ritmo que el suelo.
Lo que hay que tener en cuenta
La conclusión principal no es que Almería esté a punto de sufrir un cambio brusco. Es que el territorio nunca está completamente quieto y que hoy existen herramientas capaces de registrar ese viaje milímetro a milímetro. El dato grande llama la atención, pero las diferencias pequeñas son las que ayudan a entender las fallas.
Por eso, los 61 centímetros deben leerse como una referencia geodésica acumulada y no como una alarma. El verdadero valor está en la serie histórica, en la comparación entre estaciones y en la capacidad de mejorar la prevención sin prometer predicciones imposibles.
El estudio nacional ha sido publicado en Scientific Reports.



