Desde la costa de Washington, en Estados Unidos, muchos pensaron que estaban viendo un ovni blanco flotando en el mar. En realidad era otra cosa bastante más terrenal, aunque igual de llamativa. Se trataba de Ocean 2, una enorme boya esférica de unos diez metros de diámetro que Panthalassa está probando para transformar el oleaje en electricidad renovable y más constante.
La idea suena sencilla. Aprovechar un recurso que nunca descansa, las olas, para reducir la dependencia de combustibles fósiles y, si algún día se escala la tecnología, aliviar esa factura de la luz que tantos hogares miran con lupa. La realidad es que la energía undimotriz lleva décadas tropezando con los mismos problemas, desde la corrosión hasta el coste del mantenimiento en alta mar. Ocean 2 intenta atacar justo esos puntos débiles
Qué es Ocean 2 y qué se ha probado ya
Ocean 2 es un convertidor de energía de las olas de tipo esférico. La parte visible es una especie de pelota gigante que flota y se balancea con el oleaje, unida a un casco tubular que queda bajo la superficie. Cuando las olas levantan la estructura, el agua se fuerza por tuberías internas hacia la parte superior y luego cae de nuevo pasando por turbinas que generan electricidad. Es lo que se conoce como un sistema de sobrevertido, una variante dentro de los convertidores undimotores.
La estructura está fabricada con materiales compuestos y aleaciones resistentes al óxido, pensados para aguantar años de golpes de mar sin romperse ni convertirse en un amasijo de piezas sueltas. La propia Panthalassa destaca que su enfoque busca una arquitectura modular y flexible que acompañe el movimiento natural de las olas en lugar de luchar contra él, algo que reduce la tensión mecánica y el desgaste.
Las pruebas más recientes se han realizado en la zona de Puget Sound, frente a la localidad de Everett, en colaboración con la empresa de reparaciones navales Everett Ship Repair. En un primer ensayo, Ocean 2 pasó tres semanas en el mar, tiempo suficiente para comprobar cómo respondía a corrientes complejas y a la vida real del océano, no solo a tanques de pruebas de laboratorio.
Cuánta energía produce y qué pasa con los ecosistemas marinos
Durante esos ensayos, el sistema alcanzó picos de hasta cincuenta kilovatios en condiciones de oleaje favorables, según los datos recogidos por la propia empresa y medios especializados. No es una cifra que vaya a cambiar por sí sola el mapa energético mundial, pero sí demuestra que un único módulo a tamaño real puede generar potencias similares a las de pequeñas instalaciones fotovoltaicas o eólicas distribuidas.
La clave está en la estabilidad. El comportamiento de la boya se monitorizó mediante comunicaciones por satélite y, según los datos publicados, el funcionamiento se mantuvo estable incluso cuando las corrientes cambiaban de dirección y fuerza. En la práctica, esto significa que el dispositivo no solo aguanta, sino que sigue produciendo cuando el mar se complica, algo fundamental si se quiere ofrecer una energía más firme que la de otras renovables.
Otro punto sensible es el impacto ambiental. El responsable de medio ambiente del proyecto, el doctor Liam Chen, lo resumió con una frase que se ha repetido en varios medios especializados. Según Chen, “la sostenibilidad implica vivir en armonía con el océano”, y los datos de las pruebas en Puget Sound no han mostrado daños visibles en la fauna marina alrededor del dispositivo. La boya se ha diseñado sin redes ni elementos que puedan atrapar peces o mamíferos, con movimientos relativamente lentos y un funcionamiento silencioso comparado con otras infraestructuras.
Por qué importa esta esfera para el futuro de las renovables
La energía de las olas se estudia desde hace años como una fuente renovable capaz de generar electricidad, bombear agua o alimentar sistemas de desalación, pero la mayor parte de los proyectos se ha quedado en fase piloto por problemas de durabilidad y costes frente a la caída de precios de la solar y la eólica. Experiencias anteriores en Europa, como la planta de Motrico en Gipuzkoa o prototipos como Pelamis en Portugal, mostraron tanto el potencial como las dificultades de esta tecnología.
Ocean 2 se sitúa en esa nueva ola de dispositivos que buscan aprender de esos fracasos. Panthalassa ya probó un prototipo anterior conocido como Ocean 1, diseñado para producir hidrógeno verde directamente a bordo mediante electrólisis del agua. La idea de fondo es combinar varias boyas en mar abierto para generar electricidad para usos intensivos, como centros de datos flotantes, o para fabricar combustibles limpios lejos de la costa y llevarlos después a tierra.
Por ahora todo está en fase experimental. No hay explotación comercial, ni una “granja de esferas” instalada de forma permanente. Los siguientes pasos pasan por analizar con calma los datos del prototipo, rediseñar donde haga falta y desarrollar una nueva versión conocida como Ocean 3, que la compañía prevé probar después de este primer éxito de campo.
Mientras tanto, estas pruebas sirven como laboratorio flotante para una cuestión muy concreta. Si logramos dispositivos marinos que aguanten años sin disparar el mantenimiento, con un impacto ambiental bajo y una producción relativamente estable, la energía undimotriz puede convertirse en una pieza más del puzzle renovable junto a la solar, la eólica y el almacenamiento. No resolverá sola la crisis climática, pero puede ayudar a que el sistema eléctrico dependa menos del gas y a que las zonas costeras tengan nuevas opciones para generar su propia energía limpia.
El proyecto Ocean 2 y los detalles de sus ensayos en Puget Sound figuran en la base de datos oficial PRIMRE del Departamento de Energía de Estados Unidos, en la ficha del proyecto Ocean 2 Puget Sound Trial.
Foto: Ocean-2












