EEUU dispara un rayo láser al cielo para lograr el ‘vuelo infinito’ y logan que los drones no tengan que aterrizar jamas

Imagen autor
Publicado el: 7 de febrero de 2026 a las 12:34
Síguenos
Rayo láser recargando un dron militar estadounidense en pleno vuelo para permitir misiones aéreas continuas.

La idea suena a película de ciencia ficción. Un rayo láser disparado desde tierra hacia un dron eléctrico, recargando sus baterías mientras vuela, sin necesidad de aterrizar. Pero ya no es un boceto en una pizarra, sino un sistema real desarrollado por la empresa estadounidense PowerLight Technologies junto al Departamento de Defensa de Estados Unidos. Su objetivo declarado es claro y ambicioso mantener aeronaves no tripuladas en el aire durante periodos casi ilimitados mediante una “línea eléctrica invisible” en el cielo.

El proyecto se enmarca en el programa militar Power TRansmitted Over Laser to UAS, impulsado en parte por el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM). En la práctica, la arquitectura combina un transmisor autónomo instalado en tierra que concentra la energía eléctrica en un haz láser de alta potencia con un receptor ligero montado en el dron. Según la compañía, el sistema ha superado la fase de desarrollo de subsistemas y ha pasado al nivel de pruebas como solución integrada, el paso previo a los vuelos de demostración continuados.

¿Qué significa que un dron reciba energía de un rayo invisible mientras vuela? El transmisor, diseñado para desplegarse en posiciones móviles o adelantadas, es capaz de seguir de forma automática a objetivos cooperativos a altitudes de hasta unos mil quinientos metros, manteniendo alineado el haz incluso cuando la aeronave cambia de rumbo o velocidad. Hablamos de potencias de escala kilovatio y de distancias del orden de varios kilómetros, muy por encima de los láseres de laboratorio habituales. Para reducir riesgos, la plataforma integra varias capas de seguridad y supervisión humana que apagan el sistema si algo entra en la trayectoria o si el haz sale de los parámetros autorizados.

En el aire viaja el otro elemento clave, un receptor fotovoltaico de apenas dos coma siete kilos que captura la luz láser y la transforma en electricidad para recargar las baterías del dron. Funciona de manera parecida a un panel solar, aunque está optimizado para una única longitud de onda y para intensidades de luz mucho más altas que la radiación solar habitual. Ese receptor incluye además un módulo electrónico que envía telemetría en tiempo real y mantiene un enlace óptico de datos con tierra, lo que permite ajustar la potencia sobre la marcha y vigilar el estado de la aeronave sin depender solo de la radio. 

Transmisión de energía por láser entre suelo y un dron | Vídeo: Viral Vantage Vista

Esta tecnología se está integrando en el K1000ULE, un dron eléctrico de gran autonomía fabricado por Kraus Hamdani Aerospace para misiones de vigilancia, comunicaciones y apoyo a operaciones de la Marina y el Ejército de Estados Unidos. La hoja de ruta oficial prevé vuelos de prueba a principios de 2026 en los que un K1000ULE permanecería en el aire mientras recibe energía continua desde un transmisor portátil desplegado en tierra, con la vista puesta en operaciones donde el dron prácticamente no “parpadea”.

No es la primera vez que se experimenta con este tipo de “suministro eléctrico a distancia”. Ensayos anteriores respaldados por la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa (DARPA) ya habían demostrado que era posible enviar más de ochocientos vatios a un receptor situado a unos ocho coma seis kilómetros. La diferencia es que ahora el salto va del prototipo de laboratorio a un sistema pensado para integrarse en plataformas que despegan y aterrizan a diario, con un calendario concreto de pruebas en vuelo. 

Y aquí llega la pregunta clave para quien se preocupa por el clima y los ecosistemas. ¿Qué pinta todo esto en una sección de medio ambiente? A primera vista parece una historia puramente militar, pero la manera en que alimentamos a los drones importa cada vez más para el clima y para nuestros paisajes sonoros. Un sistema de “vuelo infinito” puede multiplicar la capacidad de vigilancia aérea sobre fronteras, oleoductos, bosques o parques eólicos marinos. Menos despegues y aterrizajes, menos vehículos de apoyo en tierra y cero emisiones directas en el punto de uso si la electricidad que alimenta el láser procede de fuentes renovables.

El cuadro cambia cuando ampliamos la mirada. La energía que sale del láser viene de la red eléctrica y esa red sigue dependiendo en buena parte de combustibles fósiles, sobre todo en grandes instalaciones militares. Si esta tecnología se usa solo para aumentar el número de horas de vuelo y no sustituye otros medios más contaminantes, el resultado puede ser más consumo energético y más emisiones, no menos. Los expertos en descarbonización recuerdan a menudo que la clave no está solo en electrificar, sino en reducir la demanda total de energía.

Hay otro escenario posible. Drones eléctricos capaces de permanecer horas sobre una zona concreta podrían vigilar incendios forestales durante toda una ola de calor, seguir la evolución de un vertido en el mar sin desplegar varios barcos o inspeccionar líneas eléctricas y plantas solares en zonas remotas sin sumar kilómetros en todoterreno. En situaciones así, reemplazar vuelos tripulados o desplazamientos terrestres intensivos por un dron persistente sí podría evitar emisiones y riesgos humanos, siempre que el sistema se alimente con electricidad renovable de forma verificable.

Frente a estas posibilidades aparecen inquietudes muy cotidianas. Más tiempo en el aire significa también más ruido de hélices sobre pueblos y espacios naturales, más sensación de vigilancia constante y nuevas preguntas sobre cómo se regula un haz láser invisible que cruza el cielo. La propia empresa insiste en que ha incorporado múltiples interbloqueos de seguridad y supervisión humana para operar en espacio aéreo compartido, pero la convivencia con aves, avionetas o parapentes y con las comunidades bajo ese “cable de luz” todavía no se ha puesto a prueba fuera de entornos controlados.

El experimento de PowerLight llega en un momento en el que la aviación busca reducir su enorme huella de carbono y en el que los drones ya se han colado en tareas tan variadas como las emergencias, la agricultura de precisión o el seguimiento de la fauna. La frontera entre un aliado climático y un nuevo problema dependerá de decisiones muy concretas que apenas se mencionan en las notas de prensa, como de dónde sale la energía, quién fija las misiones y qué límites se ponen a la vigilancia permanente.

El comunicado oficial sobre este sistema de recarga láser se ha publicado en la web de PowerLight Technologies.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

Deja un comentario