El embalse de La Serena, en la provincia de Badajoz, ha vuelto a abrir sus compuertas por cuarta vez en sus 35 años de historia. Ocurrió el 9 de febrero, a mediodía, después de semanas de borrascas que han dejado lluvias excepcionales en buena parte de España. Es un gesto muy técnico, pero con una pregunta clara detrás. Qué implica para la seguridad, para el regadío y para un país que encadena sequías largas con episodios de lluvia desbordada.
La Serena es el embalse de mayor capacidad del país, con unos 3.219 hectómetros cúbicos máximos de almacenamiento. Estos días se sitúa en torno al 92,6 por ciento, lo que supone cerca de 2.981 hectómetros cúbicos acumulados. La nota de la Confederación Hidrográfica del Guadiana detalla que se han abierto cuatro compuertas para aliviar un caudal aproximado de 180 metros cúbicos por segundo hacia el embalse del Zújar. Se trata de un desembalse interno dentro del propio sistema de regulación, sin incremento brusco inicial del caudal en los pueblos situados río abajo del Zújar, según el organismo de cuenca.
Qué es un desembalse interno y por qué se hace
Qué significa exactamente eso de desembalse interno. En la práctica, es como pasar agua de una hucha grande a otra más pequeña situada justo debajo, sin que de momento salga al río principal. La Serena se levanta sobre gran parte del vaso del Zújar, que funciona como contraembalse y fue construido en los años sesenta para regadíos, abastecimiento y generación hidroeléctrica. Desde allí parte el canal que riega unas 4.500 hectáreas en las Vegas Altas del Vegas Altas del Guadiana, de modo que la forma de llenar y vaciar estos embalses decide en buena medida cómo será la campaña de riego en los próximos años.
La clave está en ganar margen de seguridad. Con el embalse casi lleno y las borrascas todavía encadenadas, crear hueco por arriba permite absorber nuevas crecidas sin tener que soltar grandes volúmenes de golpe. Más adelante, esa agua turbinada en el Zújar o en otros embalses se utilizará para producir electricidad o asegurar caudales de riego y abastecimiento.
Un gesto poco frecuente que marca un invierno excepcional
Aun así, abrir compuertas en La Serena no es un gesto rutinario. En tres décadas y media solo se había documentado en 1997, 2013 y 2014, siempre tras episodios de lluvias muy abundantes sobre la cuenca del Guadiana. Llevaba doce años sin hacerlo. Que el embalse vuelva a rozar el lleno después de varias campañas de sequía prolongada en Extremadura muestra hasta qué punto este invierno está siendo excepcional. No es poca cosa.
El contexto ayuda a entenderlo. Desde diciembre se ha encadenado un auténtico tren de borrascas que ha dejado viento, nieve y sobre todo lluvia. La agencia meteorológica Aemet calcula que enero fue uno de los meses más húmedos del siglo en la España peninsular, con una media de 119 milímetros, alrededor de un 85 por ciento por encima de lo normal, y que febrero mantiene esa tendencia. En el sur, localidades como Grazalema han llegado a registrar en unas pocas semanas tanta lluvia como la de un año entero, con evacuaciones y ríos fuera de cauce tras el paso de las borrascas Leonardo y Marta. Esa lluvia es la que ahora rebosa en los grandes embalses.
Lluvia extrema en un clima más cálido
A más largo plazo, los climatólogos advierten de que estos contrastes entre sequías duras y episodios muy húmedos serán cada vez más habituales. El informe Clivar Spain de 2024, elaborado por Aemet y otras instituciones, concluye que España se encamina hacia un clima más árido en promedio, con menos lluvia total al año, pero con episodios de precipitación intensa más frecuentes. El propio informe destaca que esta combinación aumenta el riesgo de incendios, stress hídrico y daños por inundaciones.
El IPCC señala que una atmósfera más cálida puede contener alrededor de un siete por ciento más de vapor de agua por cada grado de calentamiento global, lo que refuerza la intensidad de las lluvias extremas cuando se reúnen las condiciones adecuadas. Como resume el portavoz de Aemet Rubén del Campo, España suele salir de sus sequías con episodios muy húmedos, y en un clima más caliente esos episodios tienden a ser más intensos. Y eso se nota.
Qué supone para el agua y para quienes viven cerca
Para la gente de la zona, lo importante es algo más terrenal. Que la cuenca del Guadiana supere el 85 por ciento de su capacidad significa varios años de riego prácticamente asegurados y más margen para generar electricidad en un sistema donde los embalses encadenados actúan casi como una batería gigante, según ha explicado la propia confederación. Pero al mismo tiempo, los desembalses obligan a extremar la precaución en vados, caminos rurales y zonas de ribera, sobre todo ahora que la presa del Zújar ha ido aumentando su caudal de salida hasta el entorno de los 400 a 440 metros cúbicos por segundo y se han anunciado cortes puntuales de carreteras junto al río.
Para los ecosistemas fluviales, estos dientes de sierra también son un reto. Subidas y bajadas rápidas de caudal pueden erosionar orillas, arrastrar nidos y obligar a peces y aves acuáticas a adaptarse a ritmos cada vez más extremos. Por eso los técnicos insisten en laminar crecidas, soltar agua de forma gradual cuando es posible y aprovechar embalses como La Serena y el Zújar para repartir mejor los pulsos de lluvia que llegan con las borrascas.
Al final, que el mayor embalse de España abra compuertas en pleno invierno es una buena noticia y una advertencia a la vez. Buena, porque deja atrás años de niveles críticos y da aire a hogares, regadíos y producción eléctrica en una de las regiones más secas del país. Aviso, porque recuerda que la nueva normalidad puede ser esta sucesión de extremos, con pantanos casi vacíos un verano y desbordados pocos inviernos después.
Gestionar bien estos cambios será clave para reducir daños y aprovechar cada gota en un clima que ya no se parece al de hace unas décadas. El comunicado oficial sobre el inicio del desembalse de La Serena puede consultarse en la web de la Confederación Hidrográfica del Guadiana.
Foto: Confederación Hidrográfica del Guadiana (CHG)









