Ciencia

El estudio más avanzado jamás hecho sobre mareas estelares deja a los científicos sin palabras: descubren que la Tierra sobrevivirá a la muerte del Sol alejándose de su órbita

Un estudio revela que la Tierra podría sobrevivir a la muerte del Sol alejándose de su órbita por las mareas estelares.

El estudio más avanzado jamás hecho sobre mareas estelares deja a los científicos sin palabras: descubren que la Tierra sobrevivirá a la muerte del Sol alejándose de su órbita

Durante décadas, el final de la Tierra parecía escrito con tinta de fuego. Dentro de unos 5000 millones de años, el Sol agotará el hidrógeno de su núcleo, se hinchará hasta convertirse en una gigante roja y arrasará con buena parte del sistema solar interior. Mercurio y Venus lo tienen casi imposible. La gran duda siempre ha sido qué pasará con nuestro planeta.

Ahora, un nuevo estudio liderado por investigadores de KU Leuven y CEA Paris-Saclay plantea un giro inesperado. La Tierra podría no ser engullida por el Sol. No porque siga siendo habitable, eso está descartado mucho antes, sino porque la pérdida de masa del Sol podría empujar la órbita terrestre hacia fuera lo suficiente como para escapar de sus capas exteriores. No es poca cosa.

Un final menos claro

La imagen clásica es fácil de entender. El Sol envejece, crece de forma brutal y acaba alcanzando las órbitas de los planetas más cercanos. En ese escenario, la Tierra terminaría dentro de una estrella moribunda.

Pero los nuevos cálculos muestran que el asunto no es tan sencillo. Mientras el Sol se expande, también pierde mucha masa a través de vientos estelares. Y cuando una estrella pierde masa, su gravedad se debilita, de modo que los planetas pueden alejarse poco a poco.

Ahí está la pelea real. Por un lado, las fuerzas de marea tiran de la Tierra hacia el Sol. Por otro, la pérdida de masa solar permite que la órbita terrestre se abra hacia el exterior. ¿Cuál gana? Esa es la pregunta que intenta responder el nuevo modelo.

La clave está en las mareas

Cuando hablamos de mareas, solemos pensar en el mar, la playa y la Luna. Pero en astronomía el concepto va mucho más lejos. Las mareas son efectos de gravedad que deforman cuerpos, transfieren energía y pueden cambiar una órbita durante millones de años.

En el futuro, cuando el Sol esté mucho más grande, esas fuerzas podrían actuar sobre la Tierra y robarle energía orbital. En palabras de Mats Esseldeurs, investigador del Instituto de Astronomía de KU Leuven, “si dominan las fuerzas de marea, la Tierra será engullida por el Sol. Si domina la pérdida de masa, el planeta podrá escapar hacia una órbita más amplia”.

La diferencia con estudios anteriores está en cómo se calculan esas mareas dentro de estrellas gigantes. Según el nuevo trabajo, los modelos usados hasta ahora podían estar sobrestimando esa disipación de energía. En cristiano, quizá el tirón hacia dentro no sea tan fuerte como se pensaba.

La Tierra se alejaría

El equipo modeló la evolución orbital de los planetas interiores durante las fases de gigante roja y de rama asintótica gigante, conocida en inglés como AGB. Esta última es una etapa avanzada en la vida de estrellas como el Sol, antes de acabar como una enana blanca.

Con las nuevas fórmulas de disipación de mareas, el resultado cambia. Mercurio y Venus siguen condenados, porque están demasiado cerca. La Tierra y Marte, en cambio, podrían moverse hacia fuera lo bastante rápido como para evitar ser tragados por la estrella.

En la práctica, esto significa que nuestro planeta podría sobrevivir como cuerpo rocoso. No como hogar. La diferencia es importante, porque una cosa es que la Tierra siga existiendo y otra muy distinta que conserve océanos, atmósfera estable o vida.

No será un planeta vivo

Aquí conviene frenar cualquier entusiasmo. La Tierra podría escapar físicamente del Sol, pero no del calentamiento previo. Mucho antes de que el Sol llegue a sus fases gigantes, su brillo irá aumentando y nuestro planeta recibirá cada vez más radiación.

La propia KU Leuven lo deja claro al recoger la explicación de la astrónoma Leen Decin. La Tierra no seguirá siendo un lugar habitable, porque las temperaturas subirán tanto que la vida será imposible mucho antes de la gran expansión solar.

Dicho de otra forma, no hablamos de una segunda oportunidad para la biosfera. Hablamos de si la roca llamada Tierra terminará dentro del Sol o girando alrededor de una enana blanca. Es una diferencia enorme para la astronomía, aunque para la vida sea un consuelo muy pequeño.

L2 Puppis como pista

Para afinar el modelo, los científicos miraron hacia una estrella cercana llamada L2 Puppis. Es una gigante evolucionada y se considera una buena pista para imaginar cómo podría comportarse el Sol en una etapa parecida de su vejez.

El problema es que medir cuánta masa pierde una estrella así no es fácil. El propio estudio reconoce que las tasas de pérdida de masa en la fase AGB siguen teniendo mucha incertidumbre. Y ese detalle puede cambiarlo todo.

Si el Sol pierde bastante masa, la Tierra tiene más opciones de escapar. Si pierde menos de lo previsto, las mareas pueden volver a ganar terreno y el destino de nuestro planeta podría ser el engullimiento. El reloj está muy lejos, pero la física sigue afinando sus cuentas.

Una predicción con cautela

El estudio no dice que la Tierra esté salvada de forma definitiva. Esa sería una lectura exagerada. Lo que dice es más interesante y más honesto. Con modelos actualizados, la supervivencia de la Tierra durante las fases gigantes del Sol parece probable, pero no está cerrada.

Los investigadores también señalan que hacen falta mejores observaciones de estrellas envejecidas parecidas al Sol. Cuanto mejor se mida cómo pierden masa, mejor se podrá saber qué pasará con planetas como la Tierra cuando sus estrellas entren en la recta final.

Y ahí está lo más valioso de esta investigación. No cambia nuestro presente, ni sirve para resolver la crisis climática, ni convierte el futuro remoto en algo amable. Pero obliga a reescribir una parte del relato cósmico que dábamos por seguro.

El estudio completo ha sido publicado en Astronomy & Astrophysics.

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