Cada vez que despega un cohete, no solo sube una carga al espacio. También deja emisiones en capas altas de la atmósfera, un lugar donde no estamos acostumbrados a «medir» la contaminación. Y con más lanzamientos sobre la mesa, la pregunta empieza a ser incómoda.
En ese contexto reaparece una idea muy llamativa, mover naves sin quemar combustible usando el vacío cuántico. Se asocia a la estudiante egipcia Aisha Mustafa y al efecto Casimir. ¿Puede esto ayudar a la sostenibilidad, o estamos ante un titular demasiado bonito?
La huella de la carrera espacial
Un conjunto de datos publicado en 2024 estima que en 2022 se consumieron unas 63 gigagramos de propelente en lanzamientos, y que la fracción de emisiones ligada a actividades espaciales va en aumento. Parte del empuje viene de las megaconstelaciones, que están disparando el número de misiones y el consumo de propelente asociado.
La preocupación no es solo el CO2. Algunos trabajos señalan que el hollín (black carbon) emitido por cohetes puede acumularse en la estratosfera y calentar esa capa, con posibles efectos sobre la química del ozono. No es el humo de un atasco, pero no es poca cosa.
La promesa de un motor sin combustible
La Razón ha vuelto a poner el foco en la propuesta de Aisha Mustafa, descrita como un sistema que no expulsaría masa hacia atrás. La idea sería generar una pequeña fuerza mediante dos placas muy finas y reflectantes, muy próximas entre sí, para provocar una asimetría aprovechando el efecto Casimir.
En teoría suena perfecto, porque reduce la necesidad de llevar propelente a bordo, y cada kilo importa como cuando intentas cerrar la maleta antes de un vuelo. El problema es que el propio planteamiento admite el freno principal, las fuerzas cuánticas existen, pero son extremadamente débiles y falta una demostración experimental que confirme empuje útil.
Lo que sí está probado del vacío cuántico
El efecto Casimir es real y medible, y aparece cuando dos superficies conductoras están muy cerca, debido a cómo se comportan los campos cuánticos. Eso no significa energía «gratis», pero sí deja claro que el vacío cuántico no es un vacío clásico.
Además existe el efecto Casimir dinámico. En 2011 se observó en un circuito superconductor, mostrando que una frontera que cambia muy rápido puede convertir fluctuaciones del vacío en fotones reales. Es una demostración elegante, aunque está muy lejos de equivaler a un «motor» para una nave.
Por qué la comunidad es tan cauta
Aquí manda la física básica. Para acelerar un vehículo hace falta intercambiar momento con algo, expulsando propelente o interactuando con un campo externo de forma verificable. Por eso los conceptos de «propulsión sin combustible» se miran con lupa, porque es fácil confundir ruido instrumental con empuje real.
También pesa la falta de evidencia independiente. Africa Check revisó en 2019 afirmaciones virales sobre Mustafa y consultó al físico Izak Snyman, que fue tajante. «I am very certain that the claims regarding the so-called discovery are false», dijo, y añadió que no veía respaldo en plataformas científicas reconocidas.
Qué reduce impacto ambiental ahora mismo
Mientras estas ideas siguen en el terreno teórico, hay palancas más cercanas. Un trabajo presentado en el marco de la ESA sobre el impacto ambiental de distintos propelentes recuerda que el black carbon en altura puede dominar la huella climática, y que el tipo de combustible cambia muchísimo el resultado. En sus conclusiones, el hidrógeno aparece como el que menos impacto tiene en términos de black carbon, mientras que RP-1 se asocia a los valores más altos.
Esto no convierte al hidrógeno en solución automática, porque entran en juego la producción del combustible y otros efectos en la alta atmósfera (por ejemplo, el papel del vapor de agua). Pero sí marca una prioridad clara, medir bien estas emisiones y comparar tecnologías con criterios comunes.
Y para las maniobras en órbita, la sostenibilidad suele venir por vías más «normales», como la propulsión eléctrica alimentada por energía solar para reducir el propelente que llevan satélites y sondas durante años. No elimina el combustible del despegue, pero puede recortar masa y alargar misiones sin añadir tanques extra.
El estudio que observó el efecto Casimir dinámico en un circuito superconductor se publicó en Nature.











