Un hueso de apenas diez centímetros, desenterrado junto al hospital provincial de Córdoba durante unas obras en 2020, se ha convertido en una de las pruebas más sólidas de que los ejércitos cartagineses usaron elefantes de guerra en la península ibérica. Un nuevo trabajo publicado en la revista Journal of Archaeological Science identifica el fragmento como un hueso del carpo de la pata delantera derecha de un elefante asociado a un episodio militar de la Segunda Guerra Púnica.
Un hallazgo diminuto en un escenario de guerra
El hueso apareció en la Colina de los Quemados, el antiguo oppidum ibérico de Corduba, bajo el derrumbe de un muro de adobe. No estaba solo. En el mismo nivel se documentaron hasta doce bolas de piedra de unos once centímetros, proyectiles de artillería, puntas metálicas de máquinas de torsión y una moneda de bronce cartaginesa. Todo apunta a un episodio bélico y no a un simple vertedero de huesos.
Para el público general, eso de “carpo” puede sonar a jerga médica. En la práctica, los investigadores hablan de un hueso de la muñeca de la pata, una pieza corta y cúbica que no tiene valor ornamental y que difícilmente se habría traído como curiosidad. Por eso el equipo descarta que sea un trozo de marfil comercial y defiende que allí hubo, de verdad, un elefante en carne y hueso.
¿Un elefante de Aníbal?
Las dataciones por radiocarbono sitúan la muerte del animal entre los siglos cuarto y tercero antes de Cristo, justo en el periodo en que Cartago y Roma se disputaban el Mediterráneo y cuando las fuentes escritas describen el uso de elefantes como “máquinas de guerra”.
Los autores del estudio son prudentes y hablan de hipótesis. No pueden asegurar que este elefante formara parte del famoso grupo que cruzó los Alpes con Aníbal, pero sí sostienen que puede ser el primer elemento anatómico conocido de un elefante empleado por tropas púnicas en Europa. Uno de los coautores, el arqueólogo de la Universidad Autónoma de Madrid Fernando Quesada Sanz, resume la idea con un “es muy posible” al hablar de la relación con las campañas del general cartaginés.
En cualquier caso, el contexto militar de la colina y la presencia de artillería refuerzan la imagen de aquellos elefantes funcionando como auténticos “tanques” de la Antigüedad, animales forasteros que llegaron al valle del Guadalquivir en barco para imponerse en el campo de batalla.
De arma de guerra a especie en peligro
Hay un detalle del propio artículo científico que conecta este hallazgo con el presente. Los autores recuerdan que hoy los elefantes solo sobreviven en el sur y el sureste de Asia y en ciertas zonas de África, y que su distribución actual está muy limitada por la actividad humana.
Dos mil años después de ser usados como “armas vivientes”, estos gigantes se encuentran en una situación frágil. El elefante asiático se considera una especie en peligro, mientras que el elefante africano de sabana está catalogado como especie en peligro y el elefante africano de bosque como especie en peligro crítico en la Lista Roja de la IUCN Red List of Threatened Species. La pérdida de hábitat, las infraestructuras mal planificadas y la caza furtiva siguen reduciendo sus poblaciones.
Este pequeño hueso encontrado bajo un muro desplomado en Córdoba Provincial Hospital no solo ayuda a afinar la historia de las guerras púnicas. También nos recuerda que la relación entre los seres humanos y los grandes animales ha sido intensa durante milenios, desde el campo de batalla hasta los actuales conflictos por espacio y recursos. Y que el futuro de esos antiguos “tanques” depende ahora de que seamos capaces de conservar los ecosistemas de los que siguen dependiendo.
El estudio completo ha sido publicado en la revista Journal of Archaeological Science.







