En solo seis meses Ucrania desplegará un arma controlada por inteligencia artificial que puede cambiar el rumbo de la guerra y sorprender a Rusia

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Publicado el: 13 de febrero de 2026 a las 22:01
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Sistema de defensa aérea de Ucrania basado en inteligencia artificial para interceptar drones rusos.

Ucrania se ha propuesto algo muy concreto: que los drones y misiles rusos dejen de apagarle las luces. Para ello, el Ministerio de Defensa está poniendo en marcha un nuevo sistema de defensa aérea basado en inteligencia artificial que entrenará “interceptores” autónomos capaces de detectar, seguir y derribar aeronaves enemigas casi sin intervención humana.

En la práctica, esto significa intentar parar noches con centenares de drones y misiles, apagones en cadena y vecinos haciendo cola en centros de calefacción mientras fuera el termómetro baja de los diez grados bajo cero.

Brave1 Dataroom, el cerebro de datos que entrena a la IA

El corazón de este escudo es Brave1 Dataroom, una nueva plataforma segura donde se reúnen millones de vídeos de drones, sensores térmicos e imágenes de radar que Ucrania ha ido almacenando desde el inicio de la invasión. Allí, empresas y equipos de defensa podrán entrenar algoritmos para reconocer distintos tipos de objetivos aéreos y decidir cómo interceptarlos.

El proyecto está impulsado por el clúster de innovación Brave1, el Ministerio de Defensa y la antigua cartera de Transformación Digital, y se apoya en el software de la compañía estadounidense Palantir. Según el propio ministerio, la prioridad inicial es clara: desarrollar modelos de IA para la detección y la interceptación autónoma de drones de ataque, sobre todo los Shahed de fabricación iraní que Rusia usa de forma masiva.

El ministro de Defensa, Mykhailo Fedorov, resume así la apuesta: “La inteligencia artificial se está convirtiendo en un factor decisivo en el campo de batalla” y el objetivo inmediato es que los sistemas sean capaces de “detectar, identificar y destruir” las amenazas aéreas sin esperar a la reacción humana.

Octopus y la nueva generación de interceptores baratos

Ese cerebro digital necesita “manos” en el aire. Una de ellas es Octopus, un dron interceptor desarrollado dentro de las Fuerzas Armadas ucranianas con apoyo de socios británicos. Está diseñado para cazar drones Shahed, guiado por sensores electroópticos, infrarrojos o térmicos que se alimentan de los modelos de IA entrenados en Brave1 Dataroom.

Octopus tiene un alcance cercano a los 200 kilómetros y, según las autoridades ucranianas, puede derribar de forma fiable drones de ataque que cuestan varias veces más de lo que vale el propio interceptor. Esa relación de costes es clave para no arruinarse en cada oleada de ataques y poder mantener el esfuerzo defensivo durante años, no solo durante semanas.

Además, un acuerdo de licencia con el Reino Unido permitirá producir estos interceptores en ambos países, con la vista puesta en alcanzar “varios miles de unidades al mes” para reforzar la protección del espacio aéreo ucraniano.

Todo esto se apoya en un ecosistema industrial que ha explotado en muy poco tiempo. Antes de la invasión, Ucrania apenas contaba con unas pocas empresas de drones; hoy se habla de centenares de compañías fabricando millones de drones al año, y de que hasta el 90 % de los ataques ucranianos se realizan ya con estos aparatos en lugar de artillería clásica. Y eso se nota.

¿Qué tiene que ver todo esto con el medio ambiente?

La conexión ecológica es más directa de lo que parece. Cada dron que impacta contra una subestación, una central térmica o un depósito de combustible no solo deja a barrios enteros sin luz y sin agua. También provoca incendios, vertidos y grandes nubes de humo cargadas de partículas finas.

Un informe del grupo PAX ha documentado ya más de doscientas agresiones contra infraestructuras energéticas ucranianas en distintas regiones, con daños en centrales eléctricas, sistemas de calefacción urbana y redes de distribución que afectan al suministro de electricidad, agua y saneamiento.

A esto se suma la huella climática. Un estudio científico reciente calcula que las emisiones de gases de efecto invernadero directamente asociadas a la guerra en los primeros dieciocho meses rondaron los 77 millones de toneladas de CO₂ equivalente, desde incendios en depósitos de combustible hasta la quema de edificios y tierras agrícolas.

En Kiev, mediciones de calidad del aire durante grandes ataques combinados de misiles y drones han detectado picos de partículas finas (PM2,5) por encima de los 200 microgramos por metro cúbico en las zonas con incendios, niveles muy superiores a las recomendaciones de la OMS y que multiplican el riesgo para la salud.

Cuando la red eléctrica cae, las familias recurren a generadores diésel, estufas de emergencia y soluciones improvisadas que encarecen la factura energética y añaden más contaminación. Cada dron interceptor que evita la destrucción de una subestación o de una planta de calefacción urbana corta esa cadena de humo, cascotes tóxicos y emisiones extra. No es poca cosa.

Un laboratorio de guerra con lecciones para el futuro

El director de Brave1, Andrii Hrytseniuk, lo ha resumido con una metáfora de ajedrez. Si Ucrania logra que interceptores relativamente baratos derriben drones y misiles mucho más caros, estará “cambiando peones por torres” y haciendo que la estrategia rusa deje de ser rentable.

En el fondo, lo que busca este sistema de defensa aérea con IA es algo muy básico: que los vecinos de Kiev puedan pasar el próximo invierno con luz, calefacción y agua corriente, sin tener que vivir pendientes de un generador y del humo que entra por las ventanas cada vez que hay un ataque. Y, de paso, reducir una parte del enorme coste climático y ambiental de la guerra.

Nada de esto es una solución mágica. Los expertos advierten de que el volumen de ataques rusos sigue creciendo y de que la carrera tecnológica puede extenderse a otros conflictos si no se regula el uso militar de la inteligencia artificial. Pero el caso ucraniano se está convirtiendo, a la vez, en un laboratorio de guerra y en un aviso sobre cómo proteger a la población y a las infraestructuras críticas en un mundo cada vez más inestable.

El comunicado oficial sobre el lanzamiento de Brave1 Dataroom ha sido publicado en el Ministerio de Defensa de Ucrania.

Foto: Ministerio de Defensa de Ucrania


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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