Casi tres mil abuelos que pasan tardes en el parque, ayudan con los deberes o preparan la merienda para sus nietos han servido para responder a una pregunta muy cotidiana. ¿Ese esfuerzo extra desgasta o, al contrario, mantiene la mente en forma? Una nueva investigación publicada en la revista Psychology and Aging sugiere que los abuelos que participan en el cuidado de los nietos conservan mejor la memoria y la fluidez verbal que quienes no lo hacen, y que en las abuelas el deterioro cognitivo parece avanzar más despacio.
El trabajo ha sido coordinado por un equipo de la Universidad de Tilburg, en los Países Bajos, y se basa en datos del English Longitudinal Study of Ageing, ungran estudio que sigue a personas mayores que viven en Inglaterra. En total se analizaron 2.887 abuelos y abuelas de más de 50 años, con una edad media de 67. Entre 2016 y 2022 contestaron cuestionarios sobre salud y relación con los nietos y realizaron pruebas de memoria y lenguaje en tres momentos distintos, algo así como “revisiones” periódicas del estado del cerebro.
Qué miró exactamente la investigación
Los investigadores compararon primero a abuelos cuidadores con otros abuelos muy parecidos en edad, nivel educativo y estado de salud, pero que no cuidaban de sus nietos. En lugar de fijarse solo en si ayudaban o no, preguntaron también qué hacían en el día a día con los pequeños. Las actividades iban desde jugar o pasar tiempo de ocio juntos hasta ayudar con los deberes, preparar comidas, llevarles al colegio, quedarse a cargo cuando estaban enfermos o incluso cuidarlos por la noche cuando dormían en casa de los abuelos.
Las pruebas cognitivas se centraron sobre todo en dos aspectos. Por un lado la memoria, es decir, la capacidad de recordar listas de palabras o hechos sencillos después de unos minutos. Por otro lado la fluidez verbal, que se mide con ejercicios tan simples como nombrar el mayor número posible de animales en un tiempo corto. Son tareas que cualquier mayor podría hacer en una consulta o incluso en el salón de casa.
Qué encontraron sobre memoria, lenguaje y abuelas cuidadoras
Los resultados fueron claros. En promedio, los abuelos que cuidaban de sus nietos sacaron mejores puntuaciones en memoria y fluidez verbal que los abuelos comparables que no tenían ese papel cuidador. Esta diferencia se mantuvo incluso después de tener en cuenta la edad, la salud física y otros factores que podrían influir en el rendimiento.
Cuando el equipo analizó cómo cambiaban esas puntuaciones con el paso de los años vio algo más. Abuelos y abuelas cuidadores partían de un nivel cognitivo más alto, pero solo las abuelas que cuidaban mostraron un declive más lento en las pruebas a lo largo del seguimiento en comparación con las abuelas que no cuidaban de sus nietos. En el caso de los abuelos varones se observó un mejor nivel inicial, aunque la velocidad de deterioro fue similar a la de quienes no ejercían de cuidadores.
La propia autora principal, Flavia Chereches, resumía así una de las conclusiones clave al comentar el trabajo. Según explicó, “lo que más nos llamó la atención fue que ser abuelo cuidador parecía importar más para el funcionamiento cognitivo que la frecuencia del cuidado”.
Entre quienes ya cuidaban, la cantidad de horas a la semana no fue un buen predictor del rendimiento en los test. En cambio, las personas con mejores niveles cognitivos tendían a implicarse en una gama más amplia de actividades con sus nietos, desde jugar hasta ayudar con los deberes, y esa variedad se relacionó con mejores resultados en algunas medidas de memoria y lenguaje.
Por qué cuidar podría ayudar al cerebro
El estudio no demuestra una causa directa, pero sí encaja con un mensaje que los neurólogos repiten desde hace años. Un cerebro que se mantiene activo con tareas variadas tiende a envejecer mejor. En el día a día, cuidar de los nietos implica planificar horarios, resolver pequeños problemas, moverse más de lo habitual y conversar constantemente. No es lo mismo que hacer un crucigrama sentado en el sofá.
Además, este trabajo se suma a investigaciones previas que han observado asociaciones entre el cuidado de nietos y mejor salud o mejor funcionamiento cognitivo en distintas regiones del mundo, desde Europa hasta comunidades rurales de Sudáfrica. Eso sí, muchos de esos estudios apuntan a que una parte importante del efecto se debe a que las personas más sanas y activas son también las que tienen más probabilidades de implicarse en el cuidado familiar.
Lo que el estudio no dice y por qué el contexto es clave
Hay un punto importante que los propios autores subrayan. Se trata de un estudio observacional, por lo que no puede asegurar que cuidar de los nietos sea la causa directa de la mejor salud cerebral. Otra posibilidad es que los abuelos con mejor memoria, más energía o más apoyo familiar sean precisamente quienes pueden y quieren implicarse en el cuidado.
El contexto familiar también pesa. Chereches recuerda que no es lo mismo cuidar de manera voluntaria, con apoyo del resto de la familia, que hacerlo con sensación de obligación o de carga. En un entorno estresante, sin descansos ni ayuda, el mismo rol puede convertirse en fuente de agotamiento y ansiedad, algo que en principio no beneficia ni al cerebro ni al estado de ánimo de los mayores.
¿Qué significa todo esto para los abuelos que ya están llevando y trayendo mochilas del colegio o calentando biberones por la tarde? El mensaje no es que haya que asumir más y más tareas, sino que la participación moderada, diversa y, sobre todo, elegida, puede formar parte de un estilo de envejecimiento saludable junto a otros hábitos conocidos, como mantenerse físicamente activo y cuidar la alimentación.
El estudio científico completo ha sido publicado en la revista Psychology and Aging.













