Europa rompe el techo del sonido con su primer test hipersónico privado y un misil que supera Mach 6 (7.400 km/h) y vuela más de 300 km

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Publicado el: 25 de febrero de 2026 a las 12:36
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Misil hipersónico europeo transportado en Andøya, Noruega, tras superar Mach 6 en un test privado.

El 3 de febrero de 2026, en el centro de lanzamientos de Andøya, en el norte de Noruega, la empresa Hypersonica lanzó un prototipo de misil que superó seis veces la velocidad del sonido y voló más de 300 kilómetros dentro de la atmósfera. Según la compañía, todos los sistemas funcionaron con normalidad durante el ascenso y el descenso, y el ensayo valida por primera vez en Europa, desde el sector privado, un vuelo hipersónico de este tipo.

Para quien vive en la Unión Europea y mira de reojo tanto la guerra en Ucrania como la factura de la luz o las olas de calor, la pregunta es inevitable. ¿Este salto tecnológico nos hace solo más seguros o también más vulnerables frente a la crisis climática que ya sentimos en casa?

Qué se ha probado exactamente

El ensayo utilizó un prototipo de misil dentro de un programa pensado para dotar a Europa de una “capacidad de ataque hipersónico soberana” antes de que termine la década, en línea con las hojas de ruta de la OTAN y del Reino Unido que apuntan a 2030.

El vehículo aceleró por encima de Mach 6. En la práctica significa volar a más de siete mil kilómetros por hora, cruzando la distancia entre Madrid y París en unos minutos. A esas velocidades, el aire que rodea al misil se comprime y se calienta de forma extrema. Gestionar ese calor, mantener el control de vuelo y evitar que la estructura se dañe es el gran reto técnico.

La empresa destaca que ha pasado de diseño a lanzamiento en nueve meses gracias a una arquitectura modular que permite actualizar componentes y reducir costes de desarrollo más de un ochenta por ciento frente a programas tradicionales de defensa. En otras palabras, misiles más rápidos de fabricar y, en buena parte, más baratos.

Sus fundadores hablan de “un hito importante en el camino hacia una capacidad de ataque hipersónico soberana para Europa”. Un mensaje que encaja con el giro geopolítico del continente.

Carrera hipersónica y dependencia exterior

Mientras Europa corre para ponerse al día, Rusia ha desplegado misiles hipersónicos como el Oreshnik y los ha utilizado contra infraestructuras en Ucrania, incluso cerca de la frontera con Polonia. Al mismo tiempo, los ejércitos europeos siguen muy enganchados al material estadounidense.

El instituto SIPRI calcula que las importaciones de armas de los estados europeos aumentaron un ciento cincuenta y cinco por ciento entre los periodos 2015–19 y 2020–24, y que el sesenta y cuatro por ciento de los grandes sistemas comprados por los aliados europeos de la OTAN proceden de Estados Unidos. Europa pasó de absorber el trece por ciento de las exportaciones de armas estadounidenses al treinta y cinco por ciento en solo cinco años.

En reacción, varios países y la propia Unión Europea han puesto en marcha programas para no depender siempre de Washington. El Fondo Europeo de Defensa financia interceptores hipersónicos como EU HYDEF y HYDIS², pensados para derribar futuros misiles de alta velocidad. La prueba de Hypersonica encaja en este giro hacia lo que en Bruselas llaman “autonomía estratégica”.

Pero todo este rearme tiene un lado del que casi no se habla. Su huella ambiental.

El coste oculto en emisiones

Los ejércitos son grandes consumidores de combustibles fósiles. Diversos estudios presentados ante la ONU estiman que, si se suman las operaciones y las cadenas de suministro, el sector militar podría representar alrededor de un cinco coma cinco por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Si los ejércitos fueran un país, estarían entre los mayores emisores del planeta.

Sin embargo, estas emisiones aparecen poco o nada en los inventarios oficiales y en muchas normas climáticas se consideran un apartado aparte. En la Unión Europea, organizaciones ambientales advierten de que esta “zona ciega” puede hacer más difícil cumplir los objetivos climáticos si el gasto en defensa sigue creciendo sin transparencia climática.

En paralelo, la ciencia lleva años advirtiendo de que los vuelos a muy alta velocidad y gran altitud tienen un impacto desproporcionado. Un trabajo sobre transporte hipersónico civil estima que, a igualdad de servicio prestado, su efecto climático podría ser de ocho a veinte veces mayor que el de la aviación comercial actual por las emisiones de vapor de agua y óxidos de nitrógeno en la estratosfera. No habla de misiles, pero sí deja una pista. Cada nuevo programa que quema combustible a esas alturas debería analizarse con lupa climática.

La prueba de un solo misil no va a tumbar por sí sola los objetivos de París. El problema llega si estas capacidades se generalizan y se multiplican los ensayos y los despliegues operativos. A esa escala, la huella de carbono y el ruido sobre ecosistemas sensibles alrededor de bases como Andøya dejan de ser algo anecdótico y empiezan a ser parte del balance climático europeo.

Seguridad en un continente que ya se recalienta

Europa es el continente que más rápido se calienta. Los científicos advierten de que, incluso cumpliendo los compromisos actuales, la región podría superar los tres grados de aumento de temperatura hacia mitad de siglo.  Eso significa veranos más largos, olas de calor más intensas, más incendios y más presión sobre sistemas eléctricos ya tensionados.

La propia OTAN reconoce que el cambio climático es un “multiplicador de amenazas” que alimenta conflictos, desplazamientos y misiones de emergencia. En el fondo, los mismos gobiernos que ahora apuestan por misiles hipersónicos tendrán que enviar a sus soldados a apagar incendios, rescatar a población tras inundaciones o patrullar infraestructuras energéticas cada vez más vulnerables.

Por eso, la gran cuestión no es solo si Europa necesita capacidades avanzadas frente a Rusia, algo que muchos analistas dan por hecho. La cuestión es si puede desarrollar esa nueva generación de armamento sin esconder su coste climático, y sin desviar recursos que hacen falta para rehabilitar viviendas, desplegar renovables o reforzar la adaptación al calor extremo que ya conocemos.

La prueba hipersónica en Noruega marca un antes y un después en la industria militar europea. El siguiente paso será decidir si esa carrera se hace con luces largas también en materia de emisiones o si la huella climática de estos sistemas sigue “bajo el radar”.

El comunicado oficial sobre el ensayo se ha publicado en la web de Hypersonica.

Foto: Hypersonica


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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