Groenlandia y la Antártida perdieron unos 11,3 billones de toneladas de hielo entre 1979 y 2023. Esa pérdida elevó el nivel medio del mar en 31,4 milímetros, algo más de tres centímetros, según una investigación publicada el 16 de septiembre de 2026 en Scientific Data.
El hallazgo ayuda a entender cómo se vacían estas enormes reservas de agua congelada. La clave está en los glaciares que fluyen más deprisa y descargan más hielo en el océano, un proceso al que los científicos atribuyen el 84 % de la pérdida conjunta.
Las cifras del deshielo
| Dato | Cifra |
|---|---|
| Hielo perdido entre 1979 y 2023 | 11,3 billones de toneladas |
| Subida del nivel medio del mar | 31,4 mm |
| Pérdida debida a glaciares más rápidos | 84 % |
| Groenlandia (años 80 frente a años 2010) | De 60.000 a 264.000 millones de t al año (×4,4) |
| Antártida (años 80 frente a años 2010) | De 48.000 a 202.000 millones de t al año (×4,2) |
| Media anual 1979-2023 (cálculo propio) | Unos 251.000 millones de t |
El 84 % de la pérdida llega por glaciares más rápidos
Cuando pensamos en deshielo, resulta fácil imaginar una superficie blanca derritiéndose bajo el sol. Pero los glaciares también fluyen, como ríos de hielo que llevan material desde el interior hasta la costa. Si esa salida se acelera, pueden perder masa aunque el deshielo superficial no aumente al mismo ritmo.
Inès Otosaka, investigadora de la Universidad de Northumbria y autora principal, relaciona el resultado con la respuesta de las capas de hielo al calentamiento del océano. La velocidad a la que descargan hielo en el mar resulta decisiva para entender la pérdida acumulada.
El reparto del 84 % y el 16 % describe el conjunto de ambas regiones durante el periodo estudiado. No significa que el deshielo superficial sea poco importante en todos los lugares o años. El balance superficial también tiene en cuenta la nieve que se acumula y compensa parte de las pérdidas.
42 estimaciones y 27 misiones de satélite
El trabajo pertenece a IMBIE, una colaboración internacional que estudia cuánto hielo ganan o pierden Groenlandia y la Antártida. El equipo reunió 42 estimaciones independientes basadas en 27 misiones de satélite, con apoyo de la Agencia Espacial Europea (ESA) y la NASA.

Los archivos permiten remontarse a 1972 en Groenlandia y a 1979 en la Antártida. «Podemos observar cómo han cambiado las capas de hielo a lo largo de medio siglo», explica Otosaka. La cifra conjunta de 11,3 billones corresponde al periodo común de 1979 a 2023. Repartida entre esos 45 años, la pérdida sale a una media de unos 251.000 millones de toneladas anuales.
¿Cómo se pesa una extensión de hielo tan grande desde el espacio? Los investigadores combinan mediciones de su altura, movimiento y efecto sobre el campo gravitatorio terrestre. Comparar estas técnicas permite comprobar los resultados y calcular sus márgenes de incertidumbre.
La pérdida anual se multiplicó por más de cuatro
En Groenlandia, la pérdida media anual pasó de unos 60.000 millones de toneladas durante los años ochenta a 264.000 millones en la década de 2010. En la Antártida aumentó de unos 48.000 millones a 202.000 millones. En ambos casos, el ritmo llegó a superar cuatro veces el registrado tres décadas antes. Sumadas, las dos regiones pasaron de unos 108.000 millones de toneladas al año a 466.000 millones.
La Antártida Occidental destaca por la persistencia de la descarga de hielo, que aumentó en cada década del registro. Allí tienen un papel destacado los glaciares Pine Island y Thwaites. En Groenlandia, los episodios extremos de deshielo estival también marcaron la década de 2010.
Por qué la pérdida se frenó entre 2020 y 2023
Entre 2020 y 2023, la pérdida conjunta se ralentizó. Las nevadas excepcionalmente abundantes de la Antártida Oriental compensaron parte de lo perdido en otras zonas, mientras que varios veranos relativamente suaves redujeron las pérdidas superficiales en Groenlandia.
Ese cambio exige mirar el calendario con cuidado. Son los últimos cuatro años de esta evaluación, que termina en 2023, y no una descripción de lo ocurrido hasta hoy. Los científicos interpretan el descenso como una fluctuación dentro de la tendencia prolongada de pérdida de hielo.
Entre 6 y 9 millones de personas más en riesgo
Vistos en una regla, tres centímetros parecen poca cosa. A escala del océano, sin embargo, ese aumento contribuye al riesgo de inundaciones y erosión en las zonas costeras bajas. Según Andrew Shepherd, investigador de Northumbria y fundador de IMBIE, supone entre seis y nueve millones de personas más expuestas a esos peligros.
La cifra describe un aumento del riesgo, no un recuento de personas que ya hayan sufrido una inundación. Esa diferencia importa cuando se habla de viviendas, carreteras o paseos marítimos. Los datos ayudan a planificar su protección con una perspectiva de décadas.
Por qué hay que seguir midiendo
La respuesta de estas capas de hielo al calentamiento sigue siendo la mayor fuente de incertidumbre en las proyecciones del nivel del mar. Mantener las observaciones permite comprobar si los modelos reproducen lo que sucede y mejorar sus estimaciones. Una sucesión de años menos desfavorables no basta para dar por terminada la tendencia.
El registro ofrece una base para anticipar riesgos, aunque no fija por sí solo lo que ocurrirá en cada localidad costera. El estudio completo se ha publicado en Scientific Data.
Imagen: Sammie Buzzard / Universidad de Northumbria











