Japón desafía las normas naturales: quiere construir un anillo de 10.943 km alrededor de la Luna para llevar 13.000 teravatios de energía a la Tierra

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Publicado el: 7 de abril de 2026 a las 20:41
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Anillo solar alrededor de la Luna enviando energía a la Tierra proyecto Luna Ring de Japón.

¿Cómo conseguimos energía limpia y constante cuando la demanda no descansa y el CO2 aprieta cada año un poco más?

La propuesta se conoce como «Luna Ring» y aparece ligada a la constructora Shimizu Corporation. El concepto plantea instalar una franja de células solares alrededor del ecuador lunar y mandar esa energía a la Tierra mediante microondas y láser, con suministro continuo (al menos en teoría).

Qué es el Luna Ring

La idea se entiende rápido y, a la vez, impone respeto. Se trata de rodear la Luna con un cinturón de paneles solares para que siempre haya una parte recibiendo luz del Sol, incluso cuando en otra zona sea de noche lunar.

En una presentación técnica firmada por autores vinculados a Shimizu se describe un «cinturón solar» con una anchura efectiva de 400 km y una longitud total de unos 11.000 km. También se plantea llevar la energía por cables hasta la cara visible, donde estarían las instalaciones de transmisión hacia la Tierra.

El propio documento lo vende como un cambio de paradigma para reducir la dependencia de carbón, gas y petróleo. Incluso plantea usos como producir hidrógeno a partir de agua de mar una vez que la energía se recibe en el planeta.

Cómo llegaría la energía a la Tierra

Aquí está la parte delicada, porque no hablamos de «enchufar» la Luna. El esquema pasa por generar electricidad en la superficie lunar, transportarla hacia estaciones emisoras y convertirla en un haz de energía que viaje hasta receptores en la Tierra.

El trabajo compara dos rutas principales. La primera usa microondas y plantea recibirlas con antenas rectificadoras (rectennas), que transforman esa radiación en electricidad para volcarla a la red.

La segunda ruta utiliza láser. Puede concentrar más energía, pero exige una puntería extrema y depende más de la atmósfera, por eso el propio documento analiza pérdidas y eficiencias distintas para cada opción. En la práctica, este es el cuello de botella, transmitir bien y sin riesgos es tan importante como captar luz.

Los números que ponen la escala en contexto

Los titulares suelen quedarse con lo espectacular y ahí conviene frenar un segundo. En esa presentación, el rendimiento global estimado del envío por microondas queda en torno al 5,82% si se asume una tasa de funcionamiento del 80%, mientras que por láser baja a alrededor del 2,20%. Dicho en claro, gran parte de la energía se perdería en conversiones y transmisión.

El documento hace además un cálculo que ayuda a imaginar el tamaño real del asunto. Para obtener una potencia entregada del orden de 8,8 teravatios, se estima que haría falta una entrada de unos 220 teravatios en las células solares, junto con un área equivalente a un cuadrado de 400 km por 400 km de paneles. No es poca cosa.

En paralelo, hay medios que han repetido la cifra de 13.000 teravatios como capacidad potencial del «anillo» atribuida a la empresa, junto con la idea de empezar en torno a 2035 si hubiera financiación. Aun así, hoy por hoy se presenta como una propuesta sin presupuesto cerrado y con muchas incógnitas por delante.

Los obstáculos que pueden tumbar la idea

El primero es más cotidiano de lo que parece, el polvo lunar. La propia NASA recuerda que el regolito tiene bordes afilados y que, en las misiones Apolo, llegó a desgastar botas, sellos y a atascar mecanismos, justo el tipo de detalle que te arruina una infraestructura gigantesca.

El segundo es tecnológico y organizativo. El documento insiste en la robótica para construir en la superficie lunar y evitar exponer a personas a la radiación, y también señala que la legislación y la gobernanza son un problema mayor cuando se habla de desarrollar la Luna y suministrar energía a través del espacio.

Y luego está la economía, que es donde muchos sueños se estrellan. Un informe reciente de la NASA sobre energía solar espacial recuerda que la idea de enviar energía desde el espacio lleva décadas sobre la mesa y que estudios anteriores la consideraron prohibitiva por costes de desarrollo, lanzamientos, montaje, operación y fin de vida. Aun así, el mismo documento señala que la investigación internacional está creciendo y menciona demostraciones recientes de envío de electricidad desde el espacio a tierra.

Qué significa esto para la transición energética

¿Deberíamos tomarnos en serio algo así o es solo una imagen bonita? En parte es las dos cosas, porque no hay un proyecto aprobado para construir mañana, pero sí refleja la búsqueda de renovables que funcionen también cuando no hay sol, algo que se nota cuando llega el pico de consumo o cuando miras la factura de la luz.

En el corto plazo, la transición se juega más en tierra, con redes, almacenamiento, eficiencia y electrificación. Aun así, estos conceptos empujan tecnologías que también pueden aterrizar aquí, desde una transmisión energética más controlada hasta robots que trabajen en entornos extremos, y eso se nota.

El estudio fue presentado en el Twelfth SPS Symposium.

Foto: Shimz


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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