Los datos satelitales de las misiones GRACE revelan que Groenlandia pierde 264 gigatoneladas anuales, casi el doble que el continente antártico, contribuyendo conjuntamente a un aumento del nivel de los océanos de 1,2 milímetros por año
La crisis climática continúa dejando una huella física y cuantificable en la geografía polar del planeta. Según los últimos datos consolidados por la NASA, basados en observaciones satelitales que abarcan el periodo entre 2002 y 2025, las capas de hielo de la Antártida y Groenlandia han sufrido una pérdida de masa constante y significativa. Este deshielo no es un fenómeno aislado, sino una tendencia sostenida durante más de 20 años que está impulsando directamente el aumento del nivel del mar a escala global.
Los datos provienen de las misiones Gravity Recovery and Climate Experiment (GRACE), operativas entre 2002 y 2017, y su sucesora GRACE Follow-On, activa desde 2018. Estas herramientas han permitido a los científicos medir con una precisión sin precedentes las variaciones en la masa de hielo a través de los cambios en el campo gravitatorio terrestre. El balance es inequívoco: Groenlandia se ha desprendido de aproximadamente 264 gigatoneladas de hielo por año, mientras que la Antártida ha perdido cerca de 135 gigatoneladas anuales en el mismo periodo.
El impacto de este deshielo en los océanos es inmediato (en este enlace al NOAA se puede contrastar). La pérdida de masa en Groenlandia ha provocado por sí sola una elevación del nivel del mar de 0,8 milímetros anuales, a lo que se suman los 0,4 milímetros anuales derivados del deshielo antártico. En conjunto, ambos polos inyectan agua suficiente para elevar los océanos 1,2 milímetros cada año, un dato que valida los modelos climáticos que alertan sobre la aceleración de este proceso.
La erosión del litoral groenlandés
El análisis detallado de la geografía del deshielo muestra patrones desiguales. En Groenlandia, la pérdida de masa no es uniforme. Mientras que las zonas de mayor elevación cerca del centro de la isla han experimentado pocos cambios, las áreas costeras y de baja altitud han sufrido un retroceso dramático. Los datos indican que estas zonas periféricas han perdido más de seis metros (20 pies) de masa de hielo (expresada en altura de agua equivalente) a lo largo de este periodo de 21 años.
Las observaciones señalan que los descensos de masa más acusados se han concentrado a lo largo de la costa occidental de Groenlandia. Este fenómeno se atribuye a una combinación de factores: el derretimiento superficial provocado por el aumento de las temperaturas del aire y el desprendimiento de icebergs (conocido como calving), exacerbado por el calentamiento de las aguas oceánicas circundantes.
El papel de los océanos
La dinámica en la Antártida y Groenlandia confirma una hipótesis clave para los oceanógrafos y climatólogos: el calentamiento de las aguas oceánicas juega un papel determinante en la pérdida de hielo contemporánea. Las líneas de flujo de las capas de hielo, analizadas mediante interferometría de radar por satélite, convergen en las ubicaciones de los glaciares de salida más prominentes, coincidiendo exactamente con las áreas donde se registra la mayor pérdida de masa.
Las visualizaciones generadas por la NASA ilustran esta realidad mediante un código de colores donde los tonos naranjas y rojos, que denotan pérdida de masa, dominan los márgenes de ambos territorios helados, frente a los tonos blancos que indican estabilidad en el interior. Esta cartografía del deshielo subraya la vulnerabilidad de las plataformas de hielo ante un océano cada vez más cálido, un mecanismo de retroalimentación que dificulta la regeneración de los glaciares y acelera su flujo hacia el mar.







