Un glaciar del remoto archipiélago de Svalbard en Noruega parece tener pulso propio. Científicos de NASA llevan años siguiendo el hielo de Stonebreen en la isla de Edgeøya y han observado cómo su velocidad sube y baja cada año como si fueran latidos. Sus últimos datos indican que este glaciar ha pasado de moverse con rapidez a estar casi en reposo.
Ese «latido rojo» no es un brillo real en el hielo, sino una forma de mostrar los datos. A partir de imágenes de satélite entre 2014 y 2022, el equipo ha calculado la velocidad del hielo mes a mes y la ha representado en un mapa donde las zonas que se mueven más rápido se tiñen de rojo oscuro. Cuanto más intenso es el rojo, mayor es el movimiento del glaciar.
El patrón se repite de forma clara. En invierno y primavera la lengua de hielo avanza despacio. Al final del verano Stonebreen se acelera y se desliza hacia el mar a más de 1200 metros anuales. Según explica el glaciólogo Chad Greene del Laboratorio de Propulsión a Chorro de Jet Propulsion Laboratory la clave está en el agua de deshielo que se cuela desde la superficie hasta la base del glaciar y actúa como lubricante sobre la roca, lo que facilita que el hielo se desplace.
Stonebreen forma parte de los llamados glaciares de oleaje, alrededor de un uno por ciento de los glaciares del planeta. Pueden pasar años casi quietos y luego disparar su velocidad durante un periodo limitado. Antes de 2023 su frente avanzaba con rapidez hacia el mar de Barents. Desde ese año la historia ha cambiado, el glaciar ha reducido su marcha hasta casi detenerse y solo muestra un pequeño acelerón en verano, una fase de quietud que encaja con el ciclo natural de estos glaciares.
¿Por qué tendría que importarnos lo que ocurra en un glaciar donde casi no vive nadie? Porque estos pulsos estacionales muestran de manera muy concreta cómo responde el hielo al calentamiento. Mientras en latitudes medias notamos olas de calor, lluvias más intensas o facturas de la luz marcadas por el aire acondicionado, en el Ártico el hielo ajusta su propio ritmo. La velocidad del glaciar influye en cuánta masa acaba en el océano y cómo contribuye a subir el nivel del mar.
Además Svalbard se calienta más rápido que la media del planeta y concentra muchos glaciares de oleaje, una combinación que los expertos vigilan de cerca. La NASA utiliza estas series de datos y aplicaciones abiertas de seguimiento del hielo, como la plataforma ITS LIVE, para afinar los modelos que predicen la evolución de las grandes masas heladas del planeta en las próximas décadas, modelos de los que dependen planes de adaptación costera y decisiones que pueden afectar a millones de personas.
El comunicado oficial ha sido publicado en la página Stonebreen’s Beating Heart del NASA Earth Observatory.







