Un astronauta de la Estación Espacial Internacional ha captado una imagen que, vista desde la Tierra, parece casi ciencia ficción. En pleno desierto del Nafud, en Arabia Saudí, aparecen decenas de círculos verdes perfectamente dibujados sobre la arena naranja. La agencia espacial NASA ha difundido la fotografía a través de su Observatorio de la Tierra, acompañada de un análisis que cuenta una historia donde se mezclan clima extremo, agua fósil y agricultura de alta tecnología.
A simple vista uno podría pensar en los famosos “círculos de las cosechas”. La realidad es mucho más terrenal y, en buena parte, más preocupante. Lo que muestra la imagen son campos de cultivo que aprovechan hasta la última gota de un antiguo lago enterrado bajo las dunas.
Un oasis agrícola dibujado con compás
El lugar se llama Jubbah y es una pequeña localidad enclavada en una depresión del desierto del Nafud. Allí viven unas pocas miles de personas que han podido cultivar en un entorno hiperárido gracias a un acuífero subterráneo que se mantiene activo desde hace miles de años.
Los círculos verdes que se ven desde el espacio son el resultado del riego por pivote central. En el centro de cada círculo hay un pozo y una torre metálica con un brazo largo que gira lentamente sobre sí mismo mientras va soltando agua y fertilizante. El brazo funciona como la aguja de un reloj que riega siempre a la misma distancia, por eso el campo queda con forma de disco casi perfecto.
Este sistema se ha extendido por buena parte de las zonas agrícolas saudíes precisamente porque permite controlar al milímetro un recurso escaso. En un país donde apenas llueve unos pocos centímetros al año, la improvisación no es una opción.
Un antiguo lago escondido bajo las dunas
Jubbah no está donde está por casualidad. La ciudad se asienta en el fondo de un paleolago, es decir, un lago que existió cuando la península arábiga tenía un clima mucho más húmedo que el actual. Con el paso de los milenios el agua superficial desapareció, pero parte quedó atrapada en el subsuelo y recargó el acuífero que hoy alimenta los cultivos.
Al oeste de la depresión se levanta la montaña de Jabal Umm Sinman, cuyo perfil recuerda a un camello descansando con dos jorobas. Su roca dura rompe el flujo del viento y crea una “sombra” donde las dunas avanzan con más dificultad. Esa protección natural ayuda a que el oasis no quede enterrado bajo la arena que empuja el desierto.
Agua fósil y agricultura en un clima cada vez más extremo
El detalle clave está debajo de esos círculos. El agua que sube por los pivotes es, en buena medida, agua fósil. Se acumuló cuando la región era más húmeda y, hoy, apenas se recarga porque las lluvias son mínimas. Hidrólogos citados por la propia NASA calculan que, en grandes zonas agrícolas del país, solo será rentable bombear este recurso durante unas pocas décadas.
En otras áreas de Arabia Saudí con campos circulares similares, como la región de Tabarjal en el norte, las imágenes de satélite de la Agencia Espacial Europea muestran el mismo patrón. Un mar de discos verdes sostenidos por acuíferos profundos que prácticamente no se renuevan, lo que obliga a exprimir al máximo cada metro cúbico y a planificar qué pasará cuando el depósito se vacíe.
La fotografía de Jubbah funciona casi como una radiografía del futuro. Por un lado demuestra hasta qué punto la tecnología permite hacer florecer el desierto. Por otro recuerda que ese verdor tiene un coste que no aparece en la factura del supermercado, sino en el balance de agua de una región ya castigada por el calor extremo y la desertificación.
Petroglifos, caravanas y memoria del agua
El entorno de Jubbah no solo es interesante por sus cultivos. En las laderas rocosas de Umm Sinman se conservan miles de grabados rupestres y antiguas inscripciones que muestran animales como camellos, avestruces o perros, además de escenas de caza. Estos paneles forman parte de un conjunto declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO y ayudan a reconstruir cómo era la vida cuando el lago aún retenía agua dulce en superficie.
Hoy una autovía atraviesa el desierto siguiendo los trazados de antiguas rutas de caravanas. Desde arriba, los faros de los coches y los círculos de riego son solo la última capa de una historia muy larga donde el agua siempre ha marcado el ritmo.
Lo que nos enseña esta imagen
La foto de la NASA ha llamado la atención por su estética casi hipnótica, pero en el fondo habla de algo muy cotidiano. Igual que en casa miramos el contador del agua o el precio en la factura, en lugares como Jubbah cada decisión sobre un nuevo círculo de cultivo implica decidir cuánta agua fósil estamos dispuestos a gastar hoy a costa del mañana.
Los científicos señalan que imágenes como esta son valiosas porque permiten vigilar la expansión de la agricultura en zonas áridas, estimar el consumo de agua y evaluar si las políticas hídricas caminan hacia modelos más sostenibles o hacia un endeudamiento ecológico difícil de pagar. No es poca cosa.
La imagen y el análisis oficial de este oasis saudí han sido publicados por el Observatorio de la Tierra de la NASA.









