En 2006, una cámara del orbitador marciano Mars Reconnaissance Orbiter fotografió una extraña red de líneas oscuras cerca del Monte Sharp que parecía una gigantesca telaraña sobre el planeta rojo. Durante años nadie sabía con certeza qué era. Ahora, tras varios meses de trabajo sobre el terreno, el róver Curiosity ha aclarado el misterio.
La respuesta es menos exótica de lo que soñaban algunos, pero mucho más interesante desde el punto de vista científico. No se trata de estructuras biológicas ni de restos de ninguna tecnología, sino de crestas minerales que dibujan un patrón llamado boxwork, una especie de “esqueleto” de roca endurecida que quedó al descubierto después de que el viento borrara el material más blando.
De una foto orbital a un laboratorio sobre ruedas
Desde órbita, esas crestas forman polígonos entrecruzados que se extienden a lo largo de unos diez a veinte kilómetros. Los modelos sugerían que habían nacido cuando agua subterránea cargada de minerales se filtró por fracturas de la roca, dejó un “cemento” mineral en su interior y, con el tiempo, la erosión retiró lo que no estaba reforzado.
Pero hacía falta verlas de cerca. Para eso ha estado trabajando el róver Curiosity, gestionado por el Jet Propulsion Laboratory, que lleva unos seis meses recorriendo una zona del Monte Sharp repleta de estas crestas, de uno a dos metros de altura y separadas por depresiones arenosas.
La conducción tampoco ha sido sencilla. El vehículo, del tamaño de un todoterreno, ha tenido que avanzar por encima de aristas estrechas y bajar a huecos de arena fina, siempre con cuidado de no castigar unas ruedas que ya llegan con años de uso.
Qué cuentan las rocas de esta “telaraña”
Curiosity no solo hace fotos. Con su taladro ha recogido varios testigos de roca en la zona. Los análisis con rayos X han mostrado minerales de arcilla en la cresta y minerales carbonatados en las partes hundidas. Esa diferencia química ayuda a reconstruir cómo circulaba el agua por el subsuelo marciano y cómo se transformó el entorno con el paso del tiempo.
Una cuarta muestra se reservó para un procedimiento especial. Después de calentar el polvo de roca en un horno del róver, se le añadieron reactivos químicos que permiten aplicar una técnica conocida como “química húmeda”, pensada para detectar con más facilidad ciertos compuestos orgánicos, las famosas moléculas basadas en carbono que interesan tanto cuando se habla de vida. De momento no hay anuncio de hallazgos biológicos. Lo que sí está claro es que el agua dejó una huella profunda y duradera en este lugar.
Un Marte más húmedo durante más tiempo
Las crestas se encuentran en una capa alta del Monte Sharp, una montaña de unos cinco kilómetros de altura en el centro del cráter Gale. Cada nivel de esa montaña corresponde a un capítulo diferente del clima marciano antiguo. Que el boxwork aparezca tan arriba indica que el nivel del agua subterránea tuvo que ser bastante elevado.
La propia científica Tina Seeger, de la Rice University, resume la idea con una frase muy clara. Ver estas estructuras a esa altura sugiere que “el agua necesaria para sostener la vida podría haber durado mucho más de lo que pensábamos al mirar solo desde órbita”.
Además, el terreno del boxwork forma parte de una unidad rica en sulfatos, sales que se originan cuando el agua se evapora. Es decir, el róver está leyendo en la roca la transición de un Marte con ríos y lagos a otro mucho más seco, pero en el que aún quedaban reservorios de agua bajo la superficie.
Por qué importa esta “telaraña” marciana
¿Y qué significa todo esto para quien se pregunta si hubo vida en Marte? En la práctica, estas crestas marcan zonas donde hubo agua líquida, minerales y calor durante largos periodos, tres ingredientes básicos para que puedan prosperar microbios como los que habitaron la Tierra primitiva. No prueban que existieran, pero ayudan a acotar los lugares donde tiene sentido seguir buscando.
La telaraña que intrigó a la comunidad científica en 2006 resulta ser el fósil de un antiguo sistema de aguas subterráneas. Un gigantesco mapa mineral que cuenta cómo cambió el clima de Marte y hasta cuándo pudo ser habitable.
El comunicado oficial con todos los detalles científicos ha sido publicado por la propia NASA.







