En 2002, durante los apagones que sufría Brasil, el mecánico Alfredo Moser empezó a meter botellas de plástico llenas de agua y un poco de lejía por agujeros del tejado en Uberaba, en el estado de Minas Gerais. Así nació la lámpara de Moser, que da luz durante el día sin conectarse a ningún enchufe.
La ficha del proyecto que recoge ONU Cambio Climático compara esa luz con la de una bombilla de 60 vatios en un día despejado, aunque el propio Moser hablaba de una horquilla de 40 a 60 y un estudio de laboratorio la acerca más bien a los 40. La organización Liter of Light, que llevó la idea por el mundo, dice trabajar hoy en más de 30 países.
Un apagón en Uberaba dio la idea
Moser contó su historia al periodista Gibby Zobel, del servicio mundial de la BBC, en un reportaje publicado en agosto de 2013. Recordaba que en aquellos cortes de 2002 «los únicos sitios que tenían energía eran las fábricas, no las casas de la gente».
La chispa venía de una idea que le había dado un jefe, que le explicó que una botella con agua podía hacer de lupa y encender hierba seca para pedir auxilio. Moser se quedó con la idea, empezó a llenar botellas y a jugar con los círculos de luz que proyectaban, y al poco tenía su lámpara. «No hice ningún dibujo de diseño», le dijo a la BBC.
En otra entrevista, con la plataforma Believe.Earth, resumió así lo que buscaba: «Quiero que la gente tenga comodidad sin gastar dinero. Y la energía es cara».
La refracción del agua reparte la luz
El principio es la refracción, que es el cambio de dirección que sufre la luz al pasar del aire al agua. La parte de la botella que queda fuera recoge el sol y la que asoma bajo el techo lo reparte por la habitación, sin cables ni consumo eléctrico de una bombilla.
«Añade dos tapones de lejía para proteger el agua y que no se ponga verde [por las algas]. Cuanto más limpia esté la botella, mejor», explicaba Moser mientras llenaba una de dos litros. Después la encajaba de abajo arriba en una teja perforada y la fijaba con resina de poliéster, porque, según él, así «aunque llueva, el tejado nunca gotea, ni una gota».
El modelo que difundió Liter of Light usa una chapa metálica como anclaje, sellada con epoxi, y una botella con agua y 10 mililitros de lejía. Como otras construcciones con botellas de plástico reutilizadas, reutiliza la botella tal cual, sin triturarla ni fundirla, algo que la ficha del proyecto presenta como un ahorro de energía y de emisiones.
Entre 40 y 60 vatios según quién lo mida
La cifra de los 60 vatios sale de la ficha del proyecto filipino en la web de ONU Cambio Climático, escrita en primera persona por los responsables del proyecto. Según ese texto, la casa queda bañada en un día despejado por una luz equivalente a 60 vatios que llega a todos los rincones de una habitación de 40 metros cuadrados, por menos de un dólar en materiales más la mano de obra.
Moser era más prudente. «Vino un ingeniero y midió la luz», contó a la BBC. «Depende de lo fuerte que sea el sol, pero son más o menos de 40 a 60 vatios». Believe.Earth, por su parte, atribuye los 40 vatios a una botella de 600 mililitros y los 60 a una de dos litros.
La medición de laboratorio más detallada la hicieron Luis Issolio y Federico Buriek, del Instituto de Investigación en Luz, Ambiente y Visión (CONICET y Universidad Nacional de Tucumán), en Argentina. Colocaron una botella de dos litros en un goniofotómetro, un aparato que mide cuánta luz sale en cada dirección, y simularon cielos nublados y despejados con el sol a distintas alturas.
Según la posición y el tipo de cielo, la botella entregó en la mayoría de los ensayos entre el 50 y el 70 % de la luz que habría entrado por el mismo agujero sin ella (con el sol casi en vertical bajó al 41 %, por la sombra del tapón), y la repartió mucho mejor, porque el pico de intensidad se redujo hasta 32 veces. Trasladado a un mediodía de invierno en Tucumán, el flujo estimado fue de unos 480 lúmenes, que los autores equiparan al de «una lámpara incandescente de 40 W», y añaden que podría ser mayor sobre un tejado claro o metálico. «Este valor es coherente con los comentarios de los usuarios», escriben.
Conviene recordar que el vatio mide lo que consume una bombilla y no la luz que da. Hablar de «60 vatios» es una forma de decir que la botella alumbra como una incandescente de las de antes, y con un LED actual la comparación sería de muchos menos vatios.
El tamaño también influye. Un equipo de la Universidad de Malaya comparó tres prototipos en la revista Lighting Research & Technology y concluyó que una lámpara hecha con una sola botella de 1,5 litros «resultó mejor» que otra con tres botellas de medio litro, y que funcionaba mejor con la mitad de la botella dentro de la habitación.
De un barrio de Manila a más de 30 países
El salto internacional llegó desde Filipinas. Illac Diaz, director ejecutivo de la fundación MyShelter, contó a la BBC que tenían «enormes cantidades de botellas donadas» y que las llenaban de barro para levantar muros y de agua para hacer ventanas. «Cuando intentábamos añadir más, alguien dijo: oye, alguien ya ha hecho eso en Brasil. Alfredo Moser las está poniendo en los tejados».
MyShelter empezó a fabricar las lámparas en 2011 con el método de Moser y a formar a vecinos para que las instalaran y ganaran algo con ello. En 2013, según la BBC, ya había 140.000 casas con lámpara en Filipinas y la idea había llegado a unos 15 países más, de la India y Bangladés a Tanzania, Argentina y Fiyi.
Las cifras de alcance no coinciden entre fuentes, sobre todo porque cada una corresponde a un año distinto. La ficha de ONU Cambio Climático habla de más de 350.000 luces de botella en más de 15 países y Believe.Earth, de más de 20. Una página de la UNESCO actualizada en abril de 2023 situaba a Liter of Light en 32 países, y la web de Liter of Light afirma hoy que ilumina un millón de vidas al año en más de 30, con más de 650 cooperativas de mujeres.
Ese «más de 30 países» se refiere a toda la actividad de Liter of Light, que hoy incluye farolas, lámparas solares y cargadores para móviles, y no solo a botellas encajadas en tejados. Ninguna de las fuentes consultadas da un recuento independiente de cuántos países usan exactamente la lámpara original.
«Alfredo Moser ha cambiado la vida de un número tremendo de personas, creo que para siempre», dijo Diaz a la BBC.
De noche hacen falta un panel solar y un LED
La botella solo funciona mientras hay luz fuera. Para la noche, la ONG Litro de Luz, nombre del movimiento en Brasil, desarrolló una versión con electricidad, y su director de tecnología, Rodrigo Silveira, lo explicó así a Believe.Earth: «La única forma posible era almacenar energía solar para usarla de noche».
El sistema que describe tiene cuatro piezas: un pequeño panel solar que capta la energía del sol, una batería que la guarda, unas lámparas LED dentro de una botella de plástico y un circuito que lo enciende solo «cuando empieza a oscurecer». Ya no es la lámpara de Moser original, porque genera y almacena electricidad.
Lo que la botella no resuelve
La luz cambia con las nubes, la hora y la estación, y la equivalencia en vatios es siempre aproximada. Los 480 lúmenes del estudio argentino son una estimación a partir de un ensayo de laboratorio, y la cifra de 60 vatios procede de la organización que promueve el proyecto, no de una medición independiente publicada.
El ahorro tampoco es igual en todas las casas. Una incandescente de 60 vatios encendida ocho horas al día gasta unos 175 kWh al año y un LED de 9 vatios, unos 26 kWh, de modo que lo que se deja de pagar en la factura de la luz depende de qué bombilla se usaba antes. La ficha de ONU Cambio Climático calcula un ahorro medio de 6 dólares al mes en Filipinas, aunque advierte de que sus números son aproximados y se basan en la experiencia sobre el terreno.
Y está el tejado. Abrir un agujero en una cubierta exige un buen sellado y revisar la botella y el agua con el tiempo, porque una entrada de luz mal hecha acaba siendo una gotera.
Moser, que se ganaba unos dólares instalando lámparas en casas de vecinos y en el supermercado del barrio, no se hizo rico con la idea. Cuando la BBC le preguntó si imaginaba su alcance, respondió emocionado: «Nunca me lo habría imaginado, no». Y añadió: «Se te pone la piel de gallina al pensarlo».
La fuente principal es el reportaje de Gibby Zobel para BBC World Service publicado el 13 de agosto de 2013, y la medición fotométrica se ha publicado en el Journal of Light & Visual Environment.
Imagen: Edvaldo L. L. Souza / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)












