Un tractorista que abre la finca al amanecer y encuentra las rodadas llenas de hozaderos ya sabe que el jabalí no llega al azar. Lo nota en la cosecha y en la cuenta del banco. Ahora la ciencia pone números a esa sensación de rutina que muchos agricultores llevan años contando en voz baja.
Un equipo de la Universidad de Ciencias de la Vida de Varsovia ha analizado 9.871 partes de daños causados por jabalíes durante algo más de 20 años, siempre en el mismo paisaje agrícola de unas 5.000 hectáreas en Polonia central. La estructura de cultivos casi no cambió en todo ese tiempo, lo que permitió seguir el comportamiento de los animales año tras año con una lupa muy fina.
Un calendario muy claro de daños
El resultado es un patrón estable y bastante fácil de entender. En primavera los daños son pocos, pero cuando un grupo entra en una pradera o un pasto puede levantar grandes superficies en una sola noche. Aun así, es la época con menos jabalíes en el territorio, por lo que los ataques son escasos.
Conforme avanza el verano la foto cambia. Los cereales en maduración se convierten en el principal objetivo y las incursiones se multiplican. Según el estudio, en esta fase la población de jabalíes es entre dos y tres veces mayor que en primavera. Eso se traduce en más avisos y más parcelas afectadas, aunque cada episodio individual suele ser menos devastador que los de inicio de temporada.
Al comienzo del otoño el interés se desplaza hacia las leguminosas y, más adelante, hacia los cultivos de raíz como patatas o remolacha. Es precisamente en esta parte final del año cuando se concentran más daños, coincidiendo con la máxima densidad de animales y con una oferta de alimento agrícola especialmente atractiva. Los investigadores describen un patrón con dos picos de actividad y una regularidad muy alta, casi como si los jabalíes siguieran la agenda del agricultor.
Un problema que ya es ambiental y sanitario
Lo que se ha medido en esa zona de Polonia encaja con lo que se está viendo en buena parte de Europa. En España, el propio plan nacional de gestión del jabalí estima que la población rondaba 1,2 millones de ejemplares en 2024 y advertía de que podría incluso duplicarse si no se corrigen las tendencias actuales.
Ese crecimiento tiene consecuencias en muchos frentes. Un informe reciente de Fundación Artemisan calcula que los daños agrícolas provocados por corzo, jabalí y ciervo alcanzaron en 2024 casi 1,8 millones de euros sobre 26.617 hectáreas, de los cuales algo más de 539.000 euros se atribuyen al jabalí. Otros trabajos alertan de que el hozado está alterando suelos de bosques protegidos en la República Checa, donde en 2019 los jabalíes dañaron cerca del 4,5 por ciento de las plántulas forestales plantadas y en algunas zonas arrasaron hasta el 80 por ciento de las plantas jóvenes.
A esto se suma el frente sanitario. El estudio de Varsovia se realizó en un área afectada por peste porcina africana y subraya que conocer cuándo y dónde se concentran los jabalíes ayuda a reducir no solo las pérdidas en cosechas, también el riesgo de transmisión de la enfermedad al ganado porcino.
Anticiparse en lugar de ir siempre detrás del problema
La principal lección práctica es sencilla. Si los daños siguen un patrón previsible, la gestión también puede hacerlo. Proteger praderas sensibles en primavera, reforzar la vigilancia y las barreras temporales en cereales de verano y blindar leguminosas y raíces al final del otoño resulta más eficaz que actuar a golpe de denuncia y expediente.
El propio trabajo insiste en que la estrategia no puede basarse solo en disparar más. Plantea combinar el control de poblaciones, la reducción de puntos de alimentación artificial, la mejora de cercados y el uso de información detallada sobre daños para dirigir los esfuerzos allí donde el jabalí sabe que la comida está servida.
La convivencia entre fauna salvaje yagricultura no va a ser perfecta, pero estos datos muestran que no estamos ante irrupciones caprichosas, sino ante un uso muy calculado del paisaje agrícola. Entender ese calendario es el primer paso para que el jabalí deje de decidir en solitario cuánto se pierde cada campaña.
El estudio científico original, titulado Symmetry of Wild Boar Damage to Agricultural Crops, se ha publicado en la revista Animals y puede consultarse en la web de MDPI.










