Cuba vive una de esas situaciones que se notan en casa, no en los discursos. Cuando falta combustible, la red se cae, la nevera sufre y la rutina se rompe. En ese contexto, la isla está empujando la energía solar como pocas veces se ha visto, con un apoyo clave de China y con datos que ya empiezan a llamar la atención fuera del Caribe.
La idea es sencilla de entender y difícil de ejecutar (a gran escala). Si dependes del petróleo que llega en barcos, cualquier bloqueo o presión externa se convierte en un «interruptor» que otros pueden tocar. Si una parte de tu electricidad sale del sol, esa palanca pierde fuerza. El problema es que el reloj corre y la infraestructura no siempre acompaña.
Apagones que cambian la vida diaria
Los cortes de luz llevan años formando parte del paisaje, pero en los últimos meses el golpe ha sido más duro por la escasez de combustible. Associated Press describe una «isla plagada de apagones crónicos» y una falta severa de gas, vinculada a un bloqueo energético de Estados Unidos, que ha empujado al Gobierno a acelerar instalaciones solares en hospitales, espacios públicos y nuevas plantas.
Un informe del Transition Security Project va más allá y enmarca la crisis como una emergencia energética y humanitaria, alimentada por la dependencia de combustibles fósiles importados. En su resumen, habla de apagones prolongados, hospitales sin energía y alimentos y medicinas que se estropean, justo lo que cualquier familia entiende cuando «se va la luz».
El salto solar en cifras que ya pesan
Hay un dato que resume la velocidad del cambio. Según The Washington Post, las exportaciones chinas de equipos solares hacia Cuba pasaron de «alrededor de 5 millones de dólares» en 2023 a 117 millones en 2025, con Ember como fuente del seguimiento. Cuando un país pequeño multiplica así sus entradas de paneles y baterías, algo se está moviendo de verdad.
En paralelo, el plan de despliegue también es grande para la escala cubana. Washington Post y The Guardian recogen el objetivo de instalar 92 parques solares para 2028 con una capacidad total de 2 gigavatios, además de que ya hay decenas completados en el camino. 2 GW es una cifra capaz de alimentar a más de un millón de hogares en muchos escenarios, aunque luego mandan la red, el almacenamiento y la gestión.
Una «solinera» en Santa Clara y la movilidad eléctrica de supervivencia
La transición energética suena abstracta hasta que la ves en una calle. En Santa Clara, una estación de carga solar gratuita (la «solinera«) se ha convertido en punto de encuentro para cargar desde triciclos eléctricos hasta móviles, ollas arroceras o pequeños electrodomésticos. Associated Press cuenta que la gente viaja kilómetros para llegar, porque ahora mismo hay poco gas para coches y moverse ya es un reto diario.
Ahí aparece la parte más humana. Yudelaimys Barrero Muñoz, que usa la estación para cargar el triciclo eléctrico familiar, lo resume con una frase corta y directa: «Han solucionado muchos problemas para mucha gente». No es una gran promesa de futuro, es presente. Y eso se nota.
El cuello de botella se llama red y baterías
Que el sol brille no significa que todo encaje automáticamente. La energía solar produce de día y, sin baterías, se queda corta cuando sube la demanda por la tarde y noche. The Guardian recoge que el gran reto es la falta de capacidad de almacenamiento y la necesidad de modernizar una red envejecida que pierde electricidad por el camino.
Incluso los expertos lo explican con imágenes fáciles. El investigador Jorge Piñon (Universidad de Texas) compara el sistema de transmisión con «espaguetis italianos» y apunta a pérdidas de alrededor del 16% en el transporte de la electricidad. Con esas fugas, da igual cuánto instales si no llega bien a los enchufes.
Renovables que crecen pero no llegan a todos
Otro matiz importante es que una cosa es aumentar el porcentaje «en la estadística» y otra que el ciudadano lo sienta. AP señala que las renovables ya aportan cerca del 10% de la electricidad en la isla, frente al 3,6% en 2024, pero también advierte de que la distribución sigue siendo limitada y que pocos cubanos pueden permitirse un sistema propio. ¿De qué sirve un panel si tu bolsillo no llega o si la instalación no está a tu alcance?
La propia «solinera» enseña una pista de por dónde van los tiros. Según AP, funciona con paneles que aportan 30 kilovatios y una batería de 60 kilovatios, con enchufes para cargar equipos, plazas para vehículos y zonas para cocinar. Es un ejemplo pequeño, pero deja claro lo que hace falta para que la solar sea útil cuando más aprieta.
La gran pregunta sigue siendo quién paga
Aquí es donde se rompen los titulares fáciles. El informe «Sunrise After the Blockade» calcula dos umbrales muy concretos, siempre hablando de electricidad. Con unos 8.000 millones de dólares, Cuba podría llegar a alrededor del 93% de generación eléctrica renovable y dejar de necesitar importaciones fósiles para producir electricidad. Con unos 19.000 millones, alcanzaría un sistema 100% renovable. Son cifras enormes para una economía en crisis, pero ponen el debate sobre la mesa con números, no con deseos.
The Guardian también recoge el mismo dilema con una frase que se repite en distintas bocas. Cuba no tiene ese dinero y China no lo va a pagar todo, por eso entran en juego la financiación internacional, los préstamos y el riesgo país. En el fondo, la revolución solar no es solo tecnología, también es crédito, confianza y capacidad de mantener una red moderna funcionando sin parches.
El informe «Sunrise After the Blockade» ha sido publicado en Transition Security Project.












