Mientras Cuba vive la peor crisis energética de la historia, un joven de 21 años acaba de cambiar la historia del país instalando paneles solares en triciclos para acabar con la escasez

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Publicado el: 14 de mayo de 2026 a las 09:49
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Triciclo eléctrico con panel solar instalado en una calle de La Habana durante la crisis energética en Cuba.

En La Habana, donde la falta de combustible y los cortes de luz han cambiado hasta la forma de moverse por la ciudad, un joven emprendedor de 21 años ha encontrado una salida muy concreta. Su idea no es un prototipo futurista ni un anuncio de laboratorio. Es poner paneles solares sobre triciclos eléctricos que ya circulan por las calles y que muchas personas usan para trabajar.

La solución busca algo sencillo. Que el vehículo gane autonomía, que la batería sufra menos y que el conductor no se quede tirado en mitad de la jornada. No arregla por sí sola la crisis energética de Cuba, pero sí muestra algo importante. La energía solar ya no se queda solo en los grandes parques fotovoltaicos. También baja al transporte diario, al reparto, al taxi pequeño y a esa vida de calle donde cada carga cuenta.

Un taller contra la falta de energía

El protagonista es Yadán Pablo Espinosa, un joven cubano que instala paneles solares en triciclos eléctricos. Según EFE, él y su equipo ofrecen el servicio completo, fabrican los soportes metálicos y convierten los paneles en una especie de techo útil para los vehículos.

Espinosa explicó que el sistema permite que el panel «suministre energía constante y directa» al motor mientras el triciclo se mueve, siempre con ayuda de la batería. Cuando el vehículo se detiene, la energía captada por el panel pasa a cargarla.

Aquí está la clave. No se trata de que el triciclo funcione gratis e indefinidamente, porque eso sería exagerar. El panel actúa como apoyo, reduce parte del esfuerzo de la batería y puede alargar el tiempo útil de trabajo. No es poca cosa.

Por qué los triciclos importan

En los últimos meses, los triciclos eléctricos se han hecho más visibles en La Habana. No son solo vehículos curiosos. En muchos casos llevan mercancías, pasajeros o pequeños encargos que antes dependían de motos, coches o camiones con gasolina.

EFE recoge el caso de Yoandis Castro, una habanera de 47 años que trabaja en el transporte de mercancías para mercados y espera instalar el sistema en su triciclo. Otro usuario, Orlando Muñoz, de 62 años, transporta pasajeros en una zona concurrida de La Habana y asegura que con la energía solar su vehículo tiene «mayor rendimiento».

¿Qué significa esto en la práctica? Menos miedo a que la batería muera antes de terminar el día. Menos paradas forzadas. Y, para quien vive de mover personas o productos, unas horas extra de trabajo pueden marcar la diferencia.

La crisis no se arregla con un panel

El contexto es duro. Cuba sufre una grave crisis energética desde mediados de 2024, y EFE informó el 3 de mayo de 2026 de una previsión de apagones simultáneos de hasta el 46 % del país en horario de máxima demanda. Ese día, la Unión Eléctrica preveía 1760 megavatios de generación frente a una demanda máxima de 3200 megavatios.

La propia Unión Eléctrica señaló el 7 de mayo que el servicio se había visto afectado por déficit de capacidad durante las 24 horas del día anterior. En esa misma nota, informó de que los 54 nuevos parques solares fotovoltaicos produjeron 4420 megavatios hora, con una potencia máxima de 604 megavatios en horario de mediodía.

Por eso conviene mirar esta historia con entusiasmo, pero también con calma. La solar ayuda mucho cuando hay sol, pero no borra de golpe los problemas nocturnos, las averías, la falta de combustible o la fragilidad de una red eléctrica envejecida. Un panel en un triciclo no puede cargar con todo el sistema. Pero sí puede salvar una jornada de trabajo.

La energía solar baja a la calle

La idea de cargar movilidad eléctrica con el sol también aparece en otros puntos de Cuba. Associated Press informó sobre una primera estación solar en Santa Clara, conocida popularmente como «solinera», con 32 tomas y paneles capaces de generar 30 kilovatios. Allí se cargan triciclos, motos, baterías y otros equipos de uso cotidiano.

Esa estación no solo sirve para moverse. También se ha convertido en un punto de apoyo para cocinar o cargar teléfonos durante los apagones. AP recoge además que las renovables representan alrededor del 10 % de la energía del país, principalmente fotovoltaica, frente al 3,6 % de finales de 2024.

Ese salto ayuda a entender por qué cada panel importa. En una casa, en una estación vecinal o sobre un triciclo, la energía solar deja de ser una promesa lejana. Se convierte en una herramienta concreta. Y eso se nota.

Un alivio con límites claros

Aun así, hay que evitar vender esta solución como si fuera una receta para todo el mundo. Para instalar un sistema así hacen falta paneles, soportes, cableado, conocimientos técnicos y una batería en condiciones razonables. También hace falta dinero, y ese punto no es menor.

Tampoco se ha publicado todavía un balance técnico independiente sobre cuántos kilómetros extra aporta cada panel, cuánto reduce el desgaste de la batería o cuánto tarda un conductor en recuperar la inversión. Esas son las preguntas que habría que responder si el modelo quiere crecer con seguridad.

Lo razonable es verlo como una mejora práctica, no como una revolución cerrada. Promete autonomía, sí. Pero su valor real dependerá de los costes, la calidad de las instalaciones y la capacidad de mantener los equipos con el paso de los meses.

Una señal para la movilidad eléctrica

La movilidad eléctrica suele presentarse como una transición ordenada, con cargadores, planes públicos y vehículos nuevos. En Cuba, en cambio, aparece muchas veces como una necesidad urgente. Hay menos combustible, los apagones aprietan y la gente busca soluciones donde puede.

Un triciclo con un panel solar en el techo no cambia el mundo. Pero puede reducir el consumo de gasolina, evitar humos en la calle y aliviar un poco la presión sobre la carga eléctrica convencional. Además, hace menos ruido que muchos motores viejos. En una avenida con calor, tráfico y humo, eso también cuenta.

Al final, lo más interesante no es solo el panel. Es la forma en que una crisis empuja a usar mejor una fuente de energía limpia que cae todos los días sobre la ciudad. No es un milagro. Pero en La Habana de hoy, mantener un triciclo trabajando con ayuda del sol ya es una noticia importante.

La noticia original sobre el proyecto de Yadán Pablo Espinosa ha sido recogida en SWI swissinfo.ch.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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