China desafía la norma instalando paneles solares en el espacio: energía solar permanente a 36.000 km y 100.000 millones de kW por hora al año

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Por HoyECO
Publicado el: 21 de abril de 2026 a las 12:39
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Estructura de planta solar experimental china para transmitir energía por microondas desde el espacio.

China está apostando por una idea que suena a ciencia ficción, pero con un objetivo muy terrenal. Producir electricidad renovable sin depender de si es de noche, si hay nubes o si ese día el sol aprieta menos. Su plan pasa por colocar una gran planta solar en órbita geoestacionaria, a unos 36.000 kilómetros de altura, y enviar la energía a la superficie mediante transmisión inalámbrica.

La promesa es tentadora, pero conviene ponerla en su sitio. El calendario va a décadas vista y el salto tecnológico es enorme, tanto como el coste. Un análisis de la NASA sobre centrales solares espaciales de 2 gigavatios concluye que, con las hipótesis actuales, la electricidad sería mucho más cara que la renovable terrestre, aunque las emisiones asociadas podrían ser comparables.

Un «Tres Gargantas» orbital

El apodo no es casual. En China, este concepto se ha comparado con una “Tres Gargantas” en el espacio, por escala y ambición. La hoja de ruta divulgada habla de una instalación comercial capaz de entregar en torno a 2 gigavatios y con estructuras del orden de un kilómetro.

¿Y por qué a 36.000 kilómetros? Porque en órbita geoestacionaria el satélite “se queda” sobre una misma zona de la Tierra, lo que facilita apuntar siempre al mismo lugar del planeta. Es una órbita muy usada por satélites de comunicaciones y su distancia típica ronda los 35.786 kilómetros.

Energía por microondas o láser

El proceso, explicado en sencillo, tiene varias etapas. Los paneles captan luz solar, la convierten en electricidad y esa electricidad se transforma en un haz de microondas (o, en algunos diseños, un láser) que viaja hasta una estación receptora en tierra. Allí una “rectena” (una antena rectificadora) vuelve a convertir esa señal en electricidad útil para la red.

Cada paso introduce pérdidas y el receptor no es pequeño. En los modelos de referencia de la NASA, para entregar unos 2 gigavatios hacen falta rectenas de varios kilómetros de diámetro y la producción puede ser casi continua según el diseño (con factores de capacidad muy altos). Y la cadena completa (de la luz al enchufe) acaba aprovechando solo una parte de la energía solar incidente.

Lo que ya se ha probado

Aquí llega la parte que aterriza el debate. Un equipo de la Universidad de Xidian desarrolló una verificación en tierra del concepto “Zhuri” (o “Sun-Chasing”), con una estructura de unos 75 metros que simula la cadena completa. En esa prueba, la energía se transmitió por microondas a unos 55 metros, con más de 2 kilovatios enviados y con una captación del 87,3% por parte de la rectena.

El responsable del equipo, Duan Baoyan, lo contaba sin adornos. “Tienes que intentarlo una y otra vez sobre el terreno”, explicaba, y añadía que “la simulación por ordenador no funciona” cuando toca ajustar y medir en condiciones reales. Es un recordatorio útil, antes de imaginar gigavatios cayendo del cielo.

Los obstáculos reales

El mayor freno, hoy, no es solo la física. Es la economía y la logística espacial. En su estudio, la NASA estima que una central solar espacial de primera generación que entregue 2 gigavatios en 2050 tendría un coste nivelado de la electricidad muy por encima de la eólica o la solar terrestre, del orden de 12 a 80 veces más según el diseño. Y el gran motor de ese coste es lanzar y montar en órbita una estructura gigantesca.

Por eso la carrera por abaratar el acceso al espacio importa tanto. China está empujando tecnologías de reutilización y una mayor cadencia de lanzamientos, algo que Reuters ha seguido en sus coberturas sobre vehículos reutilizables y sobre empresas privadas que intentan recuperar etapas. Si los lanzamientos siguen siendo caros y lentos, esta energía seguirá siendo una promesa lejana.

Riesgos y preguntas incómodas

Una cosa es transmitir energía y otra es hacerlo de forma segura, regulada y aceptada socialmente. La propia NASA identifica retos ligados a la seguridad del “envío” de energía, además de preocupaciones por basura espacial, ciberseguridad y el impacto de una cantidad muy alta de lanzamientos en órbita. En la práctica, también habrá que decidir dónde se instalan las rectenas y cómo se integran en el territorio.

También existe el debate del “uso dual”. Un artículo reciente del South China Morning Post señalaba que una tecnología capaz de enviar haces de microondas con precisión podría, en teoría, servir para funciones como interferir o proteger comunicaciones, aunque su objetivo principal sea civil y energético. Ese matiz obliga a hablar de transparencia y reglas claras.

Por qué importa

La energía solar en tierra tiene un talón de Aquiles que todos conocemos. Cuando cae la tarde, cuando llueve o cuando llega una semana de nubes, la producción baja y el sistema depende más de almacenamiento o respaldo. Una fuente renovable casi continua podría ayudar a estabilizar la red y reducir parte de esa presión.

Pero “limpio” no significa “sin huella”. La NASA calcula que, en emisiones de ciclo de vida, estos sistemas podrían moverse en un rango similar al de otras renovables (hablamos de decenas de gramos de CO2 equivalente por kWh en sus escenarios), con gran parte del impacto concentrado en los lanzamientos. Además, el informe subraya que aún falta investigación sobre los efectos de esas emisiones en la alta atmósfera.

Qué viene ahora

En la hoja de ruta divulgada por China, el primer salto sería un experimento en órbita baja en 2028 con un satélite de unos 10 kilovatios para probar transmisión a tierra. Después se habla de aumentar potencia en la década de 2030, hasta llegar a objetivos de megavatios y, más adelante, a una instalación comercial hacia 2050.

La clave será mirar menos el titular y más los resultados de cada hito. Qué eficiencia real se consigue, cómo se controla el haz con precisión, cuánto cuesta cada kilo en órbita y qué reglas se imponen para minimizar riesgos. ¿Será una pieza importante de la transición energética o quedará para usos muy concretos? Ese es el examen.

El estudio que describe la verificación en tierra del proyecto “Sun-Chasing” se ha publicado en la revista Engineering.


HoyECO

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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