Los centros de datos están en peligro en 2026 : no hay energía suficiente para alimentarlos y se necesita una inversión urgente de 650.000 millones de dólares

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Publicado el: 19 de abril de 2026 a las 23:42
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Centro de datos con servidores y alto consumo eléctrico para inteligencia artificial en 2026.

La carrera por construir centros de datos para inteligencia artificial en Estados Unidos está chocando con un obstáculo muy terrenal, la electricidad. Un informe de Sightline Climate sitúa en riesgo de retraso a entre un 30% y un 50% de la capacidad prevista para 2026, y señala que solo hay unos 5 GW en obras de al menos 16 GW anunciados para ese año (un gigavatio equivale a 1.000 megavatios).

La paradoja es clara. Las grandes tecnológicas planean invertir alrededor de 650.000 millones de dólares en infraestructura de IA en 2026, pero la red eléctrica y sus piezas se mueven a otro ritmo. Y cuando la energía no llega, se disparan las dudas sobre CO2, precios y permisos.

La IA necesita electricidad constante

Un centro de datos funciona como una fábrica de cálculo que no descansa y que necesita refrigeración constante. Entrenar modelos de IA exige energía estable, casi 24 horas al día, algo que la red no siempre puede entregar sin refuerzos. En la práctica significa más potencia conectada en pocos sitios y en muy poco tiempo.

Conviene traducir unidades, un megavatio (MW) es potencia y un teravatio hora (TWh) es energía a lo largo del año. Ahí se ve la dimensión del salto. El Departamento de Energía de EE UU estima que los centros de datos consumieron 176 TWh en 2023 (un 4,4% de toda la electricidad del país) y que podrían subir a entre 325 y 580 TWh en 2028, hasta un 12% del total.

Ese cambio explica por qué 2026 se está convirtiendo en un año crítico. Sightline Climate calcula que la nueva potencia anunciada para ese ejercicio está muy por encima de lo que ahora mismo se ve en obras. Y sin obra, no hay conexión.

El enchufe se llama transformador

Un transformador no sale en las presentaciones de IA, pero decide si un centro de datos abre o se queda esperando. Es el equipo que adapta la tensión para que la electricidad viaje y llegue donde tiene que llegar. A su alrededor van otros componentes (interruptores, celdas y conmutadores) que también están escasos.

Reuters recogió que la demanda de transformadores de elevación se disparó un 274% entre 2019 y 2025 y que los plazos medios de entrega en Estados Unidos rondaban 143 semanas para algunos equipos. Son casi tres años, demasiado para proyectos que, sobre el papel, se levantan en 12 a 18 meses.

La escasez no es una anécdota. Wood Mackenzie advertía en 2025 de faltas de suministro del 30% en transformadores de potencia y del 10% en transformadores de distribución. Y como una parte importante llega por importación, cualquier fricción comercial o logística añade más incertidumbre.

Cuando la red se estresa llegan los recortes

Hasta hace nada, pedir a un centro de datos que “baje el consumo” era impensable. En marzo de 2026, Reuters contaba que operadores de red y reguladores están empujando a las tecnológicas a probar recortes puntuales en horas punta para evitar apagones y picos de precio. Es un cambio de guion.

La razón es simple, los días críticos se están acumulando. Un consultor citado por Reuters estimaba que un minuto de parada puede costar unos 9.000 dólares, así que el incentivo para estar siempre encendido es enorme. A cambio, la flexibilidad puede acelerar permisos y conexiones.

El mismo reportaje citaba un estudio de EPRI que estima que el uso eléctrico de los centros de datos podría más que cuadruplicarse hacia finales de la década y llegar a consumir tanto como el 17% del suministro eléctrico de EE UU. PJM, el mayor mercado de centros de datos del mundo, ya avisa de posibles déficits si la demanda sigue corriendo más que la oferta.

Más centros de datos, más debate en la calle

Cuando el impacto se nota, aparecen frenos políticos. El 14 de abril de 2026, los legisladores de Maine aprobaron una moratoria para nuevas instalaciones que pidan más de 20 MW al menos hasta octubre de 2027, mientras se estudian efectos sobre red, facturas, aire y agua. Reuters señalaba además que otros estados están debatiendo medidas similares.

En Virginia, uno de los grandes polos mundiales, también cambia el termómetro social. Un sondeo citado por The Washington Post mostraba que solo el 35% de los votantes ve con buenos ojos nuevas construcciones en su comunidad, frente al 69% en 2023, con preocupaciones sobre ruido, paisaje y consumo energético.

Y luego está la huella climática. Associated Press informó de que Google reconoció que sus emisiones crecieron un 13% en 2023 y que están un 48% por encima de su año base de 2019, en un contexto de mayor demanda eléctrica. Microsoft, en su informe de sostenibilidad, señala que sus emisiones totales (directas e indirectas) están un 29,1% por encima de su línea base de 2020, impulsadas sobre todo por emisiones indirectas de su cadena de valor.

La salida pasa por renovables, almacenamiento y eficiencia

La Agencia Internacional de la Energía prevé que el consumo eléctrico global de los centros de datos podría duplicarse y rondar los 945 TWh en 2030. También subraya que Estados Unidos y China concentran gran parte del crecimiento, con un aumento estimado de unos 240 TWh en Estados Unidos hasta 2030.

En la práctica, el paquete de soluciones es reconocible. Más renovables, sí, pero con almacenamiento para cubrir picos y noches, porque la IA no entiende de atardeceres. Y aquí la eficiencia importa, desde chips más frugales hasta refrigeración mejor diseñada.

La otra palanca es la flexibilidad, mover carga cuando la red está menos tensa y reducir consumo cuando hay alerta. El propio Departamento de Energía habla de generación y almacenamiento in situ y de medidas para que los centros de datos sean un activo para la red y no solo una carga. 

El informe “Energy and AI” ha sido publicado por la Agencia Internacional de la Energía en su web oficial.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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