China ha puesto en marcha una obra hidroeléctrica gigantesca en el tramo bajo del río Yarlung Tsangpo, en Nyingchi (Región Autónoma de Xizang, Tíbet). El anuncio lo hizo el 19 de julio de 2025 el primer ministro Li Qiang en el acto de arranque.
El objetivo energético es enorme, pero el escenario también lo es, porque el Yarlung Tsangpo acaba convirtiéndose en el Brahmaputra cuando entra en India y después en Bangladesh, y el tramo elegido combina una biodiversidad valiosa con un relieve complicado. ¿Qué significa esto en la práctica? Que el proyecto no solo se medirá en electricidad, también en impactos y en confianza entre vecinos.
La obra que China acaba de activar
La información oficial indica que el plan incluye cinco centrales en cascada y una inversión total estimada de unos 1,2 billones de yuanes (alrededor de 167.800 millones de dólares). La electricidad se enviará sobre todo fuera de Xizang, aunque también cubrirá parte de la demanda local.
Pekín ha creado una empresa estatal específica, China Yajiang Group, para construir y operar el complejo. Y el proyecto venía precedido por la aprobación gubernamental anunciada el 25 de diciembre de 2024, donde se presentó como una pieza ligada a la estrategia climática de “doble carbono” y a una base de energía limpia que combine agua, viento y sol.
Un salto de escala frente a las Tres Gargantas
La comparación más repetida es con la presa de las Tres Gargantas, conocida por su potencia instalada de 22.500 MW. Es un gigante que durante años ha marcado el techo de la hidroelectricidad a gran escala.
También dejó una anécdota científica fácil de entender. En 2005, la NASA explicó que mover masas grandes, como el agua almacenada en un embalse enorme, puede alterar de forma minúscula la rotación de la Tierra, del orden de fracciones de microsegundo en la duración del día. Es un efecto casi simbólico, pero pone la escala sobre la mesa.
Sobre el Yarlung Tsangpo, Reuters recoge que China proyecta generar unos 300.000 millones de kWh al año y aprovechar un gran desnivel del río en una zona de fuerte pendiente. En el acto de arranque, el propio Li lo describió como un “proyecto del siglo” y pidió dar “especial importancia” a la conservación ecológica para evitar daños.
300.000 millones de kWh sin lío de siglas
Un kilovatio hora (kWh) es la unidad que aparece en la factura de la luz. Dicho sin tecnicismos, es la energía de usar un aparato de 1 kilovatio durante una hora, como un calefactor cuando está al máximo.
Si se cumplen las previsiones, 300.000 millones de kWh equivalen a 300 TWh al año. Para tener una referencia cercana, España demandó 248.811 GWh de electricidad en 2024, según el Informe del Sistema Eléctrico de Red Eléctrica. La comparación no es perfecta, pero ayuda a entender el tamaño, y no es poca cosa.
El Yarlung Tsangpo también es el Brahmaputra
Este río no se queda dentro de una frontera. Nace en el Tíbet, bordea el Himalaya y, tras un gran giro hacia el sur, entra en India y continúa hacia Bangladesh, ya como Brahmaputra.
Por eso hay inquietud aguas abajo. India ha mostrado preocupación por la gestión del agua y de los sedimentos, y parte del debate se mueve entre la desconfianza y la necesidad de planes claros para épocas de lluvias extremas o sequías.
La postura oficial china es que no habrá perjuicio para los países de aguas abajo. En una rueda de prensa del Ministerio de Asuntos Exteriores, Pekín dijo que el objetivo es acelerar energía limpia y responder al cambio climático y a “desastres hidrológicos extremos”, y aseguró que mantendrá la comunicación por canales existentes.
Biodiversidad, sedimentos y el precio ambiental
El gran cañón del Yarlung Tsangpo se menciona a menudo como una zona singular por su mezcla de alturas, bosques y especies. Análisis como el de Yale Environment 360 lo describen como un enclave ecológico especialmente valioso.
Las grandes presas suelen traer un paquete de cambios que conviene recordar. Alteran caudales, retienen sedimentos y pueden transformar hábitats río abajo, justo lo que más preocupa cuando hablamos de una cuenca con meteorología intensa y grandes cargas de materiales.
Falla geológica y deslizamientos, el otro gran examen
La región es sísmica y eso complica cualquier obra masiva. Reuters y The Diplomat recuerdan que el emplazamiento está cerca de fallas activas y que la seguridad no depende solo del hormigón, también del terreno que lo sostiene.
Además, el riesgo puede venir de arriba. Columbia Climate School señala que el deshielo y el calentamiento están aumentando grandes deslizamientos en esta zona del Himalaya, algo que puede generar oleadas de agua y escombros en valles estrechos. Parte de la discusión técnica pasa por el diseño, con sistemas en cascada y posibles túneles para aprovechar el desnivel y reducir exposición a tramos más inestables.
Qué habrá que vigilar desde ahora
Con la obra en marcha, la clave será la transparencia útil. Informes ambientales completos, datos hidrológicos y planes de gestión de sedimentos y emergencias, no solo mensajes generales.
La segunda clave es la cooperación. En ríos compartidos, las alertas tempranas y los protocolos claros pesan tanto como la energía producida, porque son los que reducen daños en episodios extremos.
Y queda la pregunta de fondo. La hidroelectricidad puede ayudar a recortar CO2 y a estabilizar una red con más eólica y solar, pero la sostenibilidad real se decide en el territorio y en cómo se reparten riesgos y beneficios.
El comunicado oficial sobre el inicio de la construcción se ha publicado en Xinhua.











