Mientras todo el mundo se fija en la energía solar, Japón acaba de encender una central eléctrica que funciona con energía de gradiente de salinidad para funcionar 24 horas al día

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Publicado el: 2 de junio de 2026 a las 20:36
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Vista aérea de la planta de desalinización Mamizupia en Fukuoka, Japón, donde opera una central de energía por gradiente de salinidad.

Japón acaba de poner en marcha una de esas tecnologías que parecen sacadas de una clase de física, pero que ya están funcionando. En Fukuoka, una planta ubicada en el centro de desalinización Uminonakamichi Nata, conocido como Mamizupia, genera electricidad aprovechando la diferencia de sal entre dos corrientes de agua. No es una megacentral, pero sí un ensayo real con una idea muy potente.

La clave no está en quemar combustible ni en colocar más placas solares. Está en usar algo que la instalación ya tenía, salmuera de la desalación y agua residual tratada de una depuradora cercana. Con esa mezcla, la central alcanza unos 110 kW de potencia neta y una producción máxima estimada de 880 000 kWh al año, con una disponibilidad cercana al 90 %. Y eso, en renovables, no es poca cosa.

La electricidad que sale de la sal

La tecnología se llama generación osmótica o energía por gradiente salino. Suena complicado, pero la idea es sencilla. Cuando dos aguas con distinta concentración de sal se separan por una membrana especial, el agua menos salada tiende a pasar hacia el lado más salado.

Esa membrana deja pasar el agua, pero no la sal. Al moverse el agua hacia la corriente más concentrada, aumenta la presión. Esa presión se puede usar para mover una turbina y producir electricidad, casi como ocurre en una central hidroeléctrica, pero a una escala mucho más pequeña.

En Fukuoka, el sistema no usa simplemente agua de mar normal. Usa «concentrated seawater», una salmuera más rica en sal que queda después de fabricar agua potable a partir del mar. Eso aumenta la diferencia de salinidad y ayuda a sacar más energía del proceso.

Por qué Fukuoka era el lugar perfecto

Fukuoka no eligió esta tecnología por capricho. La zona metropolitana no tiene grandes ríos cerca y lleva años buscando formas de reforzar su suministro de agua. Mamizupia funciona desde 2005 y puede producir unos 50 000 metros cúbicos diarios de agua dulce, suficiente para cubrir las necesidades de unas 250 000 personas.

El problema es conocido en muchas desaladoras. Para obtener agua potable, se separa la sal del agua marina y queda una corriente residual más salina. En vez de verla solo como un residuo, Japón ha decidido convertirla en una fuente de energía.

La otra pieza llega de la depuradora de Wajiro. Allí se obtiene agua tratada con menos sal, que al combinarse con la salmuera de Mamizupia crea el contraste necesario. En la práctica, se aprovechan dos flujos que ya existían.

No es una solución mágica

Conviene poner los números en su sitio. Una central de 110 kW no va a cambiar por sí sola el sistema eléctrico japonés, ni va a sustituir a la solar, la eólica o la hidráulica. Su papel, por ahora, es mucho más concreto.

La propia información oficial indica que la producción máxima anual rondará los 880 000 kWh. JapanGov lo traduce a una cifra fácil de entender, energía suficiente para unos 300 hogares japoneses medios. Pero la electricidad se plantea sobre todo para ayudar a alimentar la propia instalación de desalinización.

¿Entonces por qué importa tanto? Porque produce de forma continua. No depende de si hace sol, de si sopla el viento o de si llega una noche larga y húmeda. Para una infraestructura que consume energía todos los días, ese detalle pesa bastante.

El reto está en las membranas

La ósmosis energética lleva años prometiendo mucho, pero no siempre ha sido fácil llevarla a números rentables. Statkraft abrió en Noruega un prototipo de energía osmótica en 2009 y más tarde decidió frenar sus inversiones porque la tecnología no era competitiva en aquel momento. La propia compañía reconoció que el gran reto era mejorar la eficiencia hasta igualar los costes de otras renovables.

El corazón del sistema son las membranas. Tienen que dejar pasar agua, retener sales, soportar presión y hacerlo durante muchas horas sin perder rendimiento. Si la energía que se gasta en bombear el agua y mantener el sistema es demasiado alta, la cuenta deja de salir.

Por eso Fukuoka es interesante, pero también prudente. No parte de cero ni fabrica corrientes artificiales solo para generar electricidad. Usa residuos líquidos ya disponibles. Esa es la diferencia entre una buena idea de laboratorio y una tecnología con posibilidades reales.

Dinamarca abrió el camino

Japón no es el único país que está probando esta vía. En Dinamarca, SaltPower desarrolló una planta de unos 100 kW vinculada a una salina en Mariager, donde la disponibilidad de salmuera concentrada facilita mucho el proceso. Toyobo explicó en 2023 que sus membranas de ósmosis directa se estaban utilizando en esa instalación.

También hay proyectos europeos que han estudiado unidades modulares de energía osmótica para autoconsumo industrial o conexión a red. La Comisión Europea, a través de CORDIS, describe esta tecnología como una forma de producir energía usando la diferencia de concentración salina entre corrientes de agua.

El patrón se repite. Donde ya hay salmueras industriales, desaladoras, depuradoras o procesos con aguas muy distintas, la tecnología tiene más sentido. Donde habría que crear esas corrientes desde cero, la cosa se complica.

Lo que viene ahora

El siguiente paso no es llenar el mundo de centrales osmóticas mañana. El objetivo es comprobar cuánto puede producir la planta de forma estable, cómo se comportan las membranas y cuánto mantenimiento exige el sistema. Ahí se juega buena parte de su futuro.

Ueyama Tetsuro, de Kyowakiden Industry, defendió que un sistema de este tipo podría desplegarse en zonas densamente pobladas con una desaladora y una depuradora cerca. También señaló el interés en regiones como Oriente Medio, donde las plantas desaladoras son grandes y muy numerosas.

A largo plazo, el sueño es más ambicioso. Fukuoka quiere avanzar hacia una generación que use agua de mar normal, no solo salmuera concentrada. Si eso llega a funcionar con buenos costes, la tecnología podría tener muchas más puertas abiertas. De momento, la central japonesa no es la revolución total, pero sí una pista clara de por dónde puede ir una parte de la energía limpia del futuro.

El comunicado oficial sobre el inicio de operación de la planta de generación osmótica ha sido publicado por el Ayuntamiento de Fukuoka.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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