Los científicos no salen de su asombro: descubren que los neandertales comían marisco sólo en invierno y el hallazgo obliga a reescribir lo que sabíamos sobre su inteligencia

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Publicado el: 3 de junio de 2026 a las 22:05
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Conchas marinas halladas en la Cueva de los Aviones de Cartagena que revelan que los neandertales comían marisco en invierno hace 115.000 años

Unas conchas recuperadas en la cueva de los Aviones, en Cartagena, han abierto una ventana inesperada a la vida cotidiana de los neandertales. Un nuevo estudio internacional concluye que estos grupos ya consumían moluscos hace 115.000 años siguiendo un patrón muy claro, con especial preferencia por los meses fríos, de noviembre a abril.

La idea rompe un viejo prejuicio. Durante mucho tiempo se pensó que aprovechar el mar de forma organizada, planificando cuándo ir y qué recoger, era una habilidad propia de Homo sapiens. Pero las conchas cuentan otra historia. Y no es poca cosa.

El invierno era la clave

Los neandertales de la cueva de los Aviones no se acercaban a la costa solo por casualidad. Según la investigación, recolectaban marisco durante todo el año, pero lo hacían sobre todo en otoño e invierno, cuando las condiciones eran mejores.

¿Qué significa esto en la práctica? Que aquellos grupos conocían el ritmo del litoral. Sabían, de alguna manera, que ciertos moluscos ofrecían más carne, mejor textura y más calidad en los meses fríos, justo antes o durante momentos clave de su ciclo reproductivo.

También hay otro detalle importante. En verano, el marisco puede deteriorarse antes por el calor y existen más riesgos asociados a algas tóxicas, como las mareas rojas. Evitar esos momentos no parece un gesto improvisado, sino una decisión con sentido.

Las conchas guardaban la pista

La gran pregunta es sencilla. ¿Cómo se puede saber cuándo recogió un neandertal una lapa o un caracolillo hace más de 100.000 años? La respuesta estaba en la química de las propias conchas.

Los investigadores analizaron los isótopos de oxígeno conservados en el carbonato de esos restos marinos. La proporción de esos isótopos cambia según la temperatura del agua en la que vivió el molusco, así que funciona como una especie de «termómetro prehistórico».

A medida que el animal crece, la concha va dejando una señal química parecida a un calendario natural. Capa a capa, queda registrada la temperatura del mar. Con esa información, los científicos pudieron reconstruir la época del año en la que aquellos moluscos fueron recolectados.

No era un paseo casual

El estudio cambia la imagen simple del neandertal que solo cazaba grandes animales en tierra firme. En la cueva de los Aviones aparece algo más fino, más cotidiano y también más inteligente. Grupos humanos que miraban al mar como una despensa, pero no de cualquier manera.

El trabajo fue liderado por investigadores del ICTA-UAB, el IsoTOPIK Lab de la Universidad de Burgos y el Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria, de la Universidad de Cantabria. Analizaron con alta resolución conchas de caracolillos y lapas recuperadas en este yacimiento murciano.

Asier García Escárzaga, investigador principal del estudio, resume la clave al señalar que este patrón «no puede ser casual». La frase es corta, pero pesa mucho. Porque si no fue casual, entonces hablamos de planificación.

Un conocimiento del litoral

Mariscar no consiste solo en agacharse y recoger lo primero que aparece entre las rocas. Hace falta saber dónde buscar, cuándo baja el mar, qué especies interesan y qué momentos conviene evitar. Eso lo sabe cualquier persona que haya visto trabajar a mariscadores en una costa.

Lo sorprendente es encontrar un comportamiento parecido en neandertales de hace 115.000 años. En el fondo, lo que muestra el estudio es que estos grupos entendían los ciclos del ecosistema costero y adaptaban su alimentación a ellos.

Esto encaja con una dieta más variada de lo que se pensaba. Los moluscos aportaban proteínas marinas de calidad, además de nutrientes como omega 3 y zinc, relacionados con funciones importantes para el cerebro y la reproducción. No era un capricho gastronómico. Era supervivencia bien pensada.

Más parecidos de lo esperado

Durante décadas, una parte de la arqueología separó de forma bastante rígida a los neandertales y a los humanos modernos. Nosotros aparecíamos como los planificadores, los flexibles, los capaces de leer el paisaje. Ellos, en cambio, quedaban muchas veces en un papel más limitado.

Este hallazgo no borra todas las diferencias, pero sí obliga a matizar. Los autores sostienen que lo visto en la cueva de los Aviones se parece a estrategias documentadas mucho después en poblaciones de humanos modernos del sur de Europa.

Dicho de otra forma, los neandertales no solo podían vivir cerca del mar. También podían organizar su relación con ese entorno. Y eso cambia bastante la foto.

Cartagena entra en el mapa

La cueva de los Aviones, en Cartagena, vuelve a colocarse como un lugar clave para entender la historia humana en la península ibérica. Sus restos no hablan de grandes monumentos ni de escenas espectaculares, sino de algo más humilde y revelador. Conchas comidas hace miles de generaciones.

A veces, la prehistoria avanza por detalles pequeños. Una lapa, un caracolillo, una marca química invisible al ojo humano. Pero esos detalles permiten reconstruir decisiones muy concretas de grupos que vivieron en un mundo frío, cambiante y exigente.

La conclusión es clara, aunque conviene no exagerarla. Este estudio no dice que los neandertales fueran exactamente iguales a nosotros en todo. Lo que demuestra es que tenían una capacidad notable para leer la naturaleza, anticiparse a sus ciclos y aprovechar sus recursos con cabeza.

Lo que falta por saber

Todavía quedan preguntas abiertas. No sabemos si estos grupos ocupaban la cueva de forma permanente o si volvían a ella en momentos concretos del año. Tampoco sabemos hasta qué punto este patrón se repetía en otras zonas costeras del Mediterráneo.

Lo importante es que las conchas ya han dado una pista muy sólida. Los neandertales de Cartagena no solo comían marisco. Lo recogían en el momento más conveniente, con una lógica que miles de años después seguirían usando otros grupos humanos.

El estudio completo ha sido publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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