Suena imposible pero científicos crean un cristal de cuarzo capaz de almacenar información durante 10.000 años

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Publicado el: 19 de abril de 2026 a las 20:42
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Cristal de cuarzo con datos almacenados durante 10000 años desarrollado por Microsoft Project Silica.

Cada vez que subimos una foto, guardamos un documento o pedimos una copia de seguridad, algo se queda encendido en algún sitio. Esa comodidad tiene un coste invisible, electricidad, refrigeración y soportes que se degradan y se sustituyen. Por eso ha llamado la atención un estudio publicado el 18 de febrero de 2026 en Nature por el equipo de Microsoft Research Project Silica, que describe cómo archivar datos dentro de una placa de vidrio con una vida útil estimada superior a los 10.000 años.

No es una promesa para el móvil ni para el portátil, al menos de momento. La idea es guardar información “para siempre” sin depender de un suministro eléctrico constante, algo relevante cuando los centros de datos ya representan alrededor del 1,5% de la electricidad mundial (unos 415 TWh al año) y las previsiones apuntan a que podrían más que duplicarse hacia 2030.

La huella oculta del almacenamiento digital

La Comisión Europea advierte de que el impacto de los centros de datos no es solo energético, también toca el agua de refrigeración, las materias primas y la basura electrónica. Cuando el tráfico de datos crece, lo hace todo lo demás.

Y el ritmo es el detalle que asusta. La IEA estima que el consumo eléctrico global de los centros de datos podría llegar a unos 945 TWh en 2030 en su escenario base, impulsado en parte por el “cómputo acelerado” ligado a la IA. Más demanda significa más presión sobre redes y renovables.

Qué han conseguido y por qué es diferente

El artículo de Nature describe un sistema completo, con escritura, almacenamiento y lectura. Reporta una densidad de 1,59 gigabits por milímetro cúbico y una capacidad de 4,8 terabytes en una pieza de vidrio de 120 milímetros de lado y 2 milímetros de grosor, organizada en 301 capas.

También aporta una cifra de rendimiento, 25,6 megabits por segundo y por haz, limitada por la repetición del láser. El equipo afirma que recupera los datos sin errores tras el proceso de lectura y decodificación.

Cómo se “graba” un archivo dentro del vidrio

La técnica se basa en láseres de femtosegundo, pulsos ultrabreves que modifican propiedades ópticas del vidrio en puntos internos. Esos puntos se llaman vóxeles, una especie de píxeles en 3D, y cada uno representa un símbolo de información.

Para leerlos se usa microscopía automatizada y, según el estudio, aprendizaje automático para distinguir símbolos y gestionar ruido óptico entre capas. El dato no es una carga eléctrica frágil, es una modificación física del material.

Del cuarzo “puro” al vidrio borosilicato

Hasta ahora, estas soluciones se asociaban a vidrio de sílice de alta pureza o cuarzo fundido, más caro y con menos margen para escalar. El trabajo amplía la escritura también a vidrio borosilicato, un material mucho más común (el que encontramos en menaje de cocina o puertas de horno).

Esto importa por una razón simple, el soporte deja de ser “raro”. La nota oficial de Microsoft Research subraya que el cambio ayuda a bajar costes y a simplificar lectores y sistemas de escritura, dos piezas clave para salir del laboratorio.

Dónde encaja el famoso “almacenamiento 5D”

El término “5D” se popularizó porque algunos sistemas no solo usan la posición en tres dimensiones, también codifican información en parámetros ópticos extra ligados a la birrefringencia. La Universidad de Southampton lo explica con dos variables adicionales, la orientación del eje lento y la retardancia, además de la posición.

Esa misma universidad ya hablaba en 2016 de 360 TB por disco, estabilidad térmica hasta 1.000 ºC y una vida prácticamente ilimitada a temperatura ambiente.

La novedad de 2026 es el salto a un sistema extremo a extremo y a ensayos de envejecimiento acelerado en borosilicato que apuntan a más de 10.000 años.

Lo que puede aportar a la sostenibilidad

El impacto potencial está en los “archivos fríos”, datos que se guardan durante décadas o siglos y casi nunca se consultan. Nature recuerda que, cuando el soporte envejece, hay que migrar información de un medio a otro, con coste en tiempo, equipos y energía.

Un soporte que aguante en escalas humanas cambia el guion. Richard Black lo resumió en IEEE Spectrum con una frase clara, “It’s designed for data you want to write once and preserve for a very long time”, y recalcó que no está pensado para sustituir al almacenamiento del día a día.

Las limitaciones que conviene no perder de vista

Primero, la tecnología sigue siendo de nicho. Aunque el rendimiento mejora, depende de láseres y lectores avanzados que son caros y complejos, por eso se orienta a archivado y no a consumo masivo.

Segundo, el escalado industrial no es automático. Pasar de placas demostrativas a una cadena capaz de producir, escribir y catalogar millones de unidades requiere tiempo y estándares, y Microsoft dice que publica el trabajo para que otros puedan construir sobre él.

El reto invisible es poder leerlo en 2126

Hay una pregunta que siempre aparece con la preservación digital. Guardar el soporte es una cosa y garantizar que dentro de un siglo existan lectores y conocimiento para interpretarlo es otra. Y eso se nota.

Aquí la respuesta no es solo técnica. Si estos archivos se usan para memoria cultural o ciencia climática, hará falta documentación abierta, copias redundantes y, en algunos casos, guardar también instrucciones de lectura junto a los datos para evitar la obsolescencia.

Para qué podría usarse antes de llegar al gran público

Los autores apuntan a bibliotecas, registros científicos y patrimonio cultural. En clave ambiental, encaja en conservar series históricas de clima, biodiversidad o contaminación, que valen precisamente por su continuidad.

Project Silica ya ha mostrado demostraciones con material cultural, como el almacenamiento de la película “Superman” en vidrio de cuarzo y colaboraciones de preservación a largo plazo citadas por Microsoft. No es una solución masiva todavía, pero marca dirección.

El estudio científico más reciente sobre este sistema de archivado en vidrio ha sido publicado en Nature.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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