La batería sigue siendo el gran “¿y si…?” cuando alguien se plantea dar el salto a un coche eléctrico, sobre todo si está mirando uno de segunda mano. Ese miedo no es raro, porque sustituir una batería puede costar mucho dinero y nadie quiere llevarse una sorpresa cuando ya ha firmado.
Pero los datos reales empiezan a contar otra historia, incluso para coches con kilómetros. Un análisis de Arval, basado en 24.000 certificados de estado de salud de batería, apunta a una degradación lenta y bastante predecible, con medias que se mantienen por encima del 90% incluso a los 160.000 kilómetros o tras seis años de uso.
Qué ha medido Arval
Arval ha reunido 24.000 certificados de “State of Health” o SoH, que es el porcentaje de capacidad que conserva una batería respecto a cuando era nueva. La muestra mezcla coches eléctricos puros y también híbridos enchufables, vendidos en 11 países europeos y con 30 marcas distintas.
La gracia de este tipo de datos es que no salen de un laboratorio perfecto, sino de coches que han hecho vida real. Eso incluye recargas en casa, enchufes públicos, autopista, ciudad, frío, calor y ese uso cotidiano que al final es el que manda.
Según la información publicada, el 66% de los vehículos analizados eran eléctricos y el 33% híbridos enchufables. Además, los coches se vendieron entre marzo de 2023 y septiembre de 2025, lo que permite ver baterías con varios años y kilómetros a sus espaldas.
Los números que cambian la conversación
El primer dato que llama la atención es el de los 70.000 kilómetros. En ese punto, la batería muestra una capacidad restante media del 93%, una cifra que encaja con la idea de una caída inicial pequeña y luego una bajada más calmada.
El segundo dato es el que más interesa a quien busca un coche “con kilómetros”. A los 160.000 kilómetros, o tras seis años de uso, la salud media de la batería se mantiene por encima del 90% en el conjunto de la muestra.
Arval también señala que los modelos de nueva generación suelen presentar un SoH entre 2 y 3 puntos superior al de los más antiguos. Traducido al día a día, la tecnología de refrigeración, el diseño y la gestión de energía parecen estar haciendo su trabajo.
Qué significa ese 90% cuando conduces
Un 90% de capacidad no significa que el coche sea “nuevo”, pero tampoco que sea inservible. Si un modelo homologaba 400 km de autonomía cuando salió del concesionario, un 90% sería, en teoría, unos 360 km en condiciones comparables. Luego entra el mundo real, donde el frío, el calor, la velocidad y el estilo de conducción cambian la cifra cada semana.
Aquí conviene separar dos ideas que se suelen mezclar. Una cosa es la degradación gradual, que es el envejecimiento normal de la batería, y otra son los fallos, que son menos frecuentes y suelen estar cubiertos por garantía en los primeros años.
Por eso, el SoH se está volviendo un dato clave en el mercado de ocasión, casi como cuando miras el historial de mantenimiento o el estado de los neumáticos. No te dice todo, pero te da una base para comparar sin ir a ciegas. Y eso se nota.
Lo que acelera el desgaste
Que la media sea buena no significa que todas las baterías envejezcan igual. La forma de cargar y la temperatura importan, y bastante, sobre todo cuando se abusa de la carga rápida de alta potencia.
Geotab, que analiza datos de flotas a través de telemática, publicó en enero de 2026 una actualización que sitúa la degradación media anual en torno al 2,3%. En ese mismo análisis, advierte de que los vehículos que dependen de carga rápida en corriente continua por encima de 100 kW pueden llegar a degradarse hasta un 3% al año, aproximadamente el doble que los que cargan con potencias más suaves.
También hay un factor que cualquiera reconoce en verano, el calor pegajoso que se queda dentro del coche cuando lo aparcas al sol. Geotab estima que operar en climas cálidos acelera la degradación alrededor de 0,4 puntos porcentuales al año frente a climas templados, aunque el tipo de carga pesa incluso más.
Comprar un eléctrico usado con menos dudas
La lectura de fondo es clara, la batería ya no debería ser una “caja negra” cuando compras un eléctrico de segunda mano. Arval explica que ofrece certificados de estado de batería al vender vehículos eléctricos de ocasión, con pruebas realizadas por organizaciones independientes como Moba y Aviloo, y accesibles mediante un código QR.
Ese certificado suele indicar el porcentaje de capacidad respecto a nuevo y, en algunos casos, estimaciones de autonomía según tipo de trayecto y condiciones meteorológicas. Para alguien que se plantea usar el coche a diario, es una información mucho más útil que una promesa genérica.
Y aquí está la frase que muchos compradores querían oír. Pascal Seeger, director global de remarketing de Arval, lo resumió así “This is very good news for used car buyers”. Aun así, el SoH no siempre se calcula igual entre marcas.
Por qué esto también es una noticia climática
Si una batería mantiene un buen rendimiento durante más tiempo, el impacto ambiental de fabricarla se “reparte” en más años y más kilómetros. Y eso importa porque la demanda mundial de baterías está creciendo rápido y la Unión Europea espera que se multiplique por 14 de aquí a 2030.
La Comisión Europea recuerda que la normativa de baterías, en vigor desde el 17 de agosto de 2023, busca reducir el impacto ambiental y empujar una economía más circular, desde el origen de las materias primas hasta la recogida, el reciclaje y la reutilización. Si el mercado de ocasión funciona y las baterías llegan con buena salud al segundo propietario, esa circularidad deja de ser un eslogan y se convierte en práctica.
Además, el marco regulatorio también aprieta por el lado de la durabilidad. En el acuerdo político sobre Euro 7, el Parlamento Europeo incluyó requisitos mínimos de rendimiento de batería en eléctricos e híbridos, con umbrales del 80% a los cinco años o 100.000 km y del 72% hasta los ocho años o 160.000 km, lo que marca un suelo común para toda la industria.
El comunicado más reciente sobre este análisis de estado de salud de baterías ha sido publicado en Arval.













